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La madre de Jennifer Aniston le hizo creer que no era bonita ni inteligente




03/03/2024 - 12:48:03

Infobae.- Comunicar a un hijo que sus padres se divorcian no es fácil. Sin embargo, a pocos se les ocurriría esperar a que su hija de 12 años llegue feliz de una fiesta para informarle escuetamente “Tu papá no estará aquí por un tiempo”, sin advertirle además que sería un para siempre. Si el lector se horroriza imaginando esta escena, su espanto virará a compasión cuando sepa que eso vivió Jennifer Aniston. Así su madre, Nancy Dow le anunció que su papá, se había ido para no volver. El hecho es una pequeña o gigante muestra del complejo vínculo que la estrella de Friends mantuvo con su progenitora.

El papá de Jennifer, John, nació como Yannis Anastassakis en la isla griega de Creta en 1933 y a los dos años emigró con su familia a Estados Unidos. Al llegar, como en inglés su apellido resultaba casi impronunciable, decidieron transformarlo a Aniston. Los Anastassakis abrieron un restaurante donde ya de más grande John solía trabajar. Pero la cocina no era lo suyo y obtuvo una licenciatura universitaria en Artes Teatrales. Durante un tiempo estuvo en la Marina y se desempeñó como oficial de inteligencia en Panamá. Volvió a su país dispuesto a retomar su gran amor, la actuación. Sin saberlo, lo esperaba otro amor: Nancy Dow.

Nancy era una muchacha de Connecticut que por belleza sobresalía entre sus hermanas. De temperamento resuelto y hermosura apabullante, comenzó a trabajar como modelo publicitaria mientras intentaba alcanzar su gran sueño: convertirse en actriz. Consiguió pequeños roles en pequeños filmes y se enamoró de John Malick, un asistente de dirección y director de segunda unidad. Se casaron en 1956, tuvieron un hijo -John Malick III- y se divorciaron en 1961.

Un tiempo después, Dow conoció a Aniston y quedó encantada con ese hombre de porte elegante y modales amables que la invitaba a comer moussaka mientras le narraba historias de la mitología griega y la escuchaba atento cuando ella -con más vanidad que humildad- le contaba que era descendiente directa de la casa real de los Estuardo en Escocia. Enamorados, se casaron en 1965. Cuatro años después, el 11 de febrero de 1969, nació Jennifer. John eligió a uno de sus mejores amigos como padrino de la beba: Telly Savalas, actor y griego como él, pero más famoso gracias la serie Kojak.

En el hogar de los Aniston sobraba arte pero faltaba estabilidad económica. Ni John ni Nancy lograban trabajar con continuidad como actores y el hombre alternaba grabaciones con rebusques de vendedor. La gran oportunidad no llegaba y la familia decidió probar suerte en Grecia. Estuvieron un año, pero volvieron a Eddystone en Pennsylvania. Cuando a John le ofrecieron un papel en el drama televisivo Love of Life, se instalaron en Nueva York.
 

Jennifer aceptó resignada que, aunque sus padres trabajaban en la televisión, no le permitieran encender el aparato. A lo que no se podía adaptar -como la mayoría de los mortales- era a sus continuas peleas. Con personalidades muy fuertes y quizás por frustraciones personales, John y Dow discutían a diario. El problema no solo era la cantidad sino la calidad de esas discusiones, sin llegar a la violencia física, ambos se maltrataban verbalmente. “Solía odiar la confrontación. Lo odiaba. Entendía la ira, pero no sabía que debías expresarla. Lo cual ha sido algo en lo que realmente he intentado trabajar”, revelaría con el tiempo Jennifer sobre lo que aprendió de esa época tan compleja.

Además de las peleas, Jennifer debía soportar los comentarios de una madre a la que alguna vez definió como “implacable”. Para esa mujer de hermosura deslumbrante, esa hija que años después sería varias veces elegida una de las mujeres más bellas del planeta no era bella. “Era muy crítica conmigo”, contaría Aniston cuando el mundo ya estaba rendido a sus pies. “Ella había sido modelo de joven, era fantástica y deslumbrante. Yo no lo era, y de verdad creo que todavía hoy no tengo esa luz que buscaba en mí”.

Dow no ocultaba su frustración con esa hija que además de no cumplir sus requisitos de belleza, no brillaba en la escuela. En clase se confundía las letras al escribir y leer le resultaba un suplicio. Jennifer estaba segura que era “tonta” y su madre, en vez de consolarla le reforzaba esa idea. Recién a los 20 años, un certero diagnosticó le confirmó que esas dificultades de aprendizaje eran efecto de una causa: dislexia.

Las cosas no iban bien en su casa pero empeoraron cuando John consiguió trabajo en una nueva serie. Lo que parecía buena noticia se transformó en desastre. A los oídos de Dow llegaron rumores de que su marido le era infiel. Cierto o no, esa tarde que Jennifer volvió de un cumpleaños se enteró que su padre ya no estaba. “Creo que el divorcio de mis padres arruinó mi crianza. Mi casa no era un lugar divertido para vivir. En esa generación no se decía ‘Ve a terapia, habla con alguien. ¿Por qué no empiezas a microdosificarte?’ Vas por la vida, con tu hija con lágrimas en la cara y no tienes ayuda”, haría catarsis luego en la revista Allure.

Dow no supo, no pudo o no quiso afrontar bien ese divorcio. “Crecí viendo a alguien, mi madre, asentarse cómodamente en un estado de víctima, y no me gustó cómo se veía”. Su hija tomó una decisión. “Sabía que esa persona me estaba dando un ejemplo de lo que yo nunca quisiera ser y, de hecho, nunca lo seré”, contaría en una entrevista cuando cumplió 52 años. Alcanza a recordar cómo afrontó su divorcio con Brad Pitt para comprobar que cumplió su objetivo a rajatabla.
 

Con la adolescencia, esa edad donde la inseguridad marca más que el acné más furioso, las críticas de Dow a su hija se intensificaron. Vestida siempre impecable, criticaba todo lo que se ponía o como lo lucía. Ya consagrada, y como protagonista de la película Dumplin, Jennifer mostraría un poco cómo era esa relación. En el filme interpreta a una exreina de belleza, mamá de una hija que no se acerca al modelo hegemónico que se precisa en esos concursos y a la que critica ferozmente. “Una de las razones por las que realmente me encantó este proyecto fue porque la relación entre esta madre y esta hija me resultó muy similar a la que mantuvimos mi madre y yo”, afirmó en The Sunday Telegraph, en 2018.

Mientras la relación con su madre era tensa, Jennifer intentaba mantener el buen vínculo con su padre. En 1984 John se casó con Sherry Rooney, una actriz a la que conoció trabajando y tuvieron un hijo, Alexander. El hombre por fin había logrado el reconocimiento profesional como Victor Kiriakis en la serie Days of our lives. Pese al relativo éxito, cuando su hija le anunció que deseaba ser actriz trató de disuadirla. “Le dije: ‘No quieras estar en el mundo del espectáculo, ¡el negocio del espectáculo apesta!’” admitió en una entrevista para The Television Academy Foundation.

Pese al consejo de su padre y a las inseguridades que le transmitía su madre, Jennifer mostró su personalidad. Llamó al agente de su papá para pedirle que le consiguiera una audición para una película. “¡Ella llamó a mi agente! Entonces fue cuando supe que quería estar en el mundo del espectáculo”, reconocería Aniston padre.

Se sabe que los comienzos no fueron fáciles. Durante años participó de distintos proyectos televisivos que al poco tiempo se cancelaban como la serie Ferris Bueller. Hasta que en 1993 la convocaron para convertirse en Rachel en Friends y lo demás ya es historia narrada. La jovencita a la que su madre criticaba encabezaba la lista de “el mejor pelo”, “la mejor sonrisa” y “la mujer más hermosa”. Y como frutilla del postre, le llegó el amor nada menos que con el actor que encabezaba el ranking del “hombre más hermoso del mundo”: Brad Pitt

En la cresta de la ola aprendió a jugar el juego mediático pero “en su justa medida y armoniosamente”. Daba entrevistas, aparecía en alfombras rojas y eventos. Siempre espléndida, siempre simpática, siempre amable pero experta en cambiar de tema o intercalar una broma que desviara la atención si le preguntaban sobre su vida privada. Se graduó con honores en mostrar sin mostrarse.

Jennifer no hablaba, pero la que empezó a hablar fue su mamá. La mujer que la criticaba en la infancia se convirtió en lo que en criollo definimos como una “bocona”. Distanciadas y en pleno auge de su hija, a Dow no se le ocurrió mejor idea que publicar un libro. Lo tituló From Mother And Daughter to Friends: A Memoir (De madre e hija a “Friends”: Memorias) y la portada entera era una foto de Jennifer.

En el libro ventilaba situaciones de infancia y narraba que su hija de pequeña era “reservada y con mucha imaginación”. Admitía que su sueño era formar una familia ya que su madre y abuela de Jennifer, la abandonó cuando era chica. Confesaba sin mucho remordimiento que en su casa se gritaba mucho y contaba como al pasar que en la adolescencia llevó a su hija a un psicoterapeuta que le señaló que sus problemas residían en el excesivo control que ejercía sobre ella, llegando a dominarla.

Enojada y dolida por lo que consideró una deslealtad, Jennifer dejó de hablarle y no la invitó a su boda con Brad Pitt. “Esto ha sido tremendamente doloroso para mí. Pasas todo el tiempo criando una hija, con muy buenas intenciones, y sientes que has fracasado esto te hace sentirte muy apenada”, declaró una ¿compungida? Dow no ante su terapeuta sino en la revista Hola.

La fama de Aniston siguió creciendo. Si le preguntaban del vínculo con sus progenitores, respondía que “mi padre y yo somos amigos y mi madre y yo no nos hablamos. Es horrible, yo la echo de menos”. Aunque la extrañaba no podía evitar reflexionar que “no sé si me hubiera dado cuenta de lo bonita que era mi madre cuando yo era pequeña, cuando estaba todo el tiempo recalcándome lo fea que yo era”.

Si alguien le hablaba de esa infancia con una madre y un padre que parecían ejercer el “abandono de tareas”, no perdía el brillo de su mirada. “Perdoné a mi mamá. Perdoné a mi padre. He perdonado a mi familia. ¿Quién de nosotros no ha intentado, con o sin éxito, perdonar a nuestra familia? Es tóxico tener ese resentimiento, esa ira. Aprendí a tomar las cosas más oscuras que me sucedieron, los momentos no tan felices, y tratar de encontrarle sitios para honrarlos”.

Cuando John murió el 11 de noviembre de 2022, su hija le dedicó estas palabras “Dulce papá… John Anthony Aniston. Fuiste uno de los humanos más hermosos que he conocido. Estoy tan agradecida de que hayas subido a los cielos en paz y sin dolor. ¡Y el 11/11 nada menos! Siempre tuviste el momento perfecto. Ese número siempre tendrá un significado aún mayor para mí ahora. Te amaré hasta el final de los tiempos. No olvides visitarme”.

Seis años antes, un 25 de mayo, había partido Dow. La despedida de la actriz fue mucho más fría. “Con tristeza, mi hermano John y yo informamos del fallecimiento de nuestra madre Nancy Dow. Ha fallecido tranquila y rodeada de su familia y amigos tras una dura y larga enfermedad”, comunicó a la revista People.

Al cumplir 51 años, Jennifer fue entrevistada por su amiga Sandra Bullock que le preguntó la fórmula para mantenerse siempre alegre y evitar “desanimarse aunque las cosas no vayan por el camino que ella desea”.

Su respuesta no fue guionada pero resultó una lección digna del mejor gurú: “Creo que proviene de crecer en un hogar desestabilizado, viendo a los adultos ser desagradables entre sí. Presencié ciertas cosas sobre el comportamiento humano que me hicieron pensar: ‘No quiero hacer eso. No quiero ser así. No quiero experimentar este sentimiento que tengo en mi cuerpo en este momento ni que nadie con quien esté pueda sentirlo’. Así que supongo que tengo que agradecérselo a mis padres. Puedes estar enojado o ser un mártir, o puedes decir: ‘¿Tienes limones? Hagamos limonada’”.

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