Martes 14 de abril 2026

Balotaje: la silla de Gobernador se ocupa con o sin vos



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No es novedad escuchar en todas partes: “¿Para qué voy a votar si son todos iguales?”. En Santa Cruz, pocos jóvenes fueron a votar en la última elección. ¿Fue por comodidad, hartazgo o protesta?

Este 26 de octubre vamos a segunda vuelta para elegir Gobernador de Santa Cruz. Votar es decidir quién maneja el destino del departamento y las reglas del día a día por los próximos cinco años.

El voto importa precisamente porque no usarlo también es asumir una responsabilidad política. El asunto es simple: si decidimos no votar, dejamos que otros decidan por nosotros. Por eso el voto es un derecho que adquiere su mayor valor cuando no lo usás.

En esta segunda vuelta, tu voto decide:

Tu bolsillo: La Gobernación maneja parte de impuestos, regalías y el presupuesto para obras en tu provincia. Define si se apoya el desarrollo productivo o no.

Tu barrio, tu calle: Coordina seguridad ciudadana, caminos interprovinciales, el arreglo de rutas y el control a loteadores y avasalladores.

Tu futuro y el de tu familia: Administra los hospitales de tercer nivel, políticas de empleo, medio ambiente y proyectos de vivienda departamental.

Si gran parte del padrón electoral son jóvenes que no votan, los planes después priorizan a la gente mayor. Por eso, al votar hay que tener algo claro: por lo general no se elige a la “autoridad perfecta”. Se elige a la menos mala para administrar lo que sí o sí va a pasar.

Quejarse después sin haber ido a votar es como pedir VAR cuando no viste el partido. Tenés derecho, pero perdés autoridad moral.

Es cierto que un voto solo vale poco. Pero los balotajes se ganan por cientos, a veces por algunos votos. Y esos pocos votos pueden decidirlo todo. Aunque muchos jóvenes repiten que el voto “no cambia nada”, la realidad es otra: votar no garantiza que ganen los buenos. No votar sí garantiza que decidan sin vos.

El voto joven es el gigante dormido. En muchos casos son mayoría, pero también son los que menos votan.

El voto nulo y el blanco son una posición política válida. Dicen “ninguno me representa”, pero cada uno tiene su peso:

Voto blanco: Manda el mensaje “no me convence nadie”. No suma a ningún candidato, pero sí eleva la base sobre la que se calculan los porcentajes.

Voto nulo: Es un “rechazo al sistema”. No cuenta para nada, es solo estadística. Grita fuerte el día del conteo, pero al día siguiente la silla la ocupa igual quien sacó más votos válidos. El voto nulo es un micrófono sin parlante. A veces funciona como imagen, a veces solo hace ruido.

En nuestro país el voto es obligatorio. Es un deber legal. El Estado usa la multa como castigo por no ejercer ese derecho.

El voto no te hace dueño del departamento. Te hace socio. Y los socios que no van a la reunión, igual les toca pagar la cuenta después