Lunes 06 de abril 2026

La migración y la batalla cultural



88 vistas

Vivimos en una etapa de transición. Ese proceso es palpable en el escenario político cruceño: por un lado, queda el lastre de la vieja lógica de alianzas estratégicas heredadas del alto peruanismo que más buscaba mantenerse en el poder que servir a la gente, y por otro, la creciente demanda de liderazgos que sean auténticos y tengan una conexión genuina con la realidad local.

La "herencia alto peruana” tiene un enfoque en los acuerdos entre representantes políticos, la sucesión por linaje y la de priorizar los intereses de grupo sobre los del pueblo— realmente no encaja con la identidad cruceña, que siempre ha valorado la iniciativa propia y el desarrollo basado en los recursos para responder a las necesidades de la región. Con el tiempo, esta forma de hacer política terminó alejando a los ciudadanos cruceños de sus referentes políticos. 

Santa Cruz cambió, ha perdido en gran medida esa “mística”, que tenía como rasgo o distinción, debido a la migración física y cultural de los ciudadanos del occidente del país. Es una característica que mucha gente que vivió la Santa Cruz de antaño extraña con mucha nostalgia. Es exactamente el choque entre dos formas: el de “Ser” con el “Asumir” Territorio que deben compartir donde se instalan, compartiendo sus necesidades y su visión de futuro; de modo que, conceptualmente queda establecido que, el “ser” y el “asumir”, son procesos mentales y existenciales opuestos en su naturaleza y origen.

Esa mística a la que me refiero era el alma de la ciudad cruceña: la calidez, el espacio, la tranquilidad, el sano orgullo, la peculiar forma de hablar, el respeto por la cosa ajena y el sentido de comunidad.

Si bien, antes, la ciudad crecía, Santa Cruz se sentía como un pueblo grande donde todos se conocían o se trataban como conocidos; existía una identidad muy definida, una cultura de puertas abiertas y de propósitos conjunto.

Ahora, podemos afirmar que la sociedad cruceña se volvió masiva, acelerada y anónima. Se perdió esa sensación de "familia grande" porque llegaron miles de personas que no comparten esos códigos culturales, y al no asumir la esencia del lugar, simplemente impusieron la suya o trajeron costumbres y dinámicas de su origen.

Lo cierto es que más allá de la política, existe una diferencia de culturas y ello nos obliga a librar la Batalla Cultural, porque es el camino que se debe recorrer para recuperar nuestro “sentido de pertenencia” y nuestra capacidad de imaginar, visualizar y definir un escenario operacional a largo plazo, estableciendo objetivos claros, que nos posibiliten orientar esfuerzos y acciones.

la “batalla cultural” es el camino y la esperanza de sostener nuestra forma de ser. Si bien es cierto que el Santa Cruz de antes en su totalidad no volverá, porque el tiempo avanza y las ciudades crecen y se transforman, lo que sí se puede y se debe hacer es recuperar, revalorizar y fortalecer los pilares culturales que definieron esa "mística" que se ha perdido. En este aspecto hay que considerar de lleno el concepto de "Ser" y el de “asumir”, por sus consecuencias. Aquí entro a la aclaración del concepto "Ser" vs. "Asumir”, 

Ya que, desde una perspectiva estratégica el “Ser”, implica la esencia, la identidad real y la naturaleza intrínseca de algo o alguien.  Es aquello que constituye la realidad, independientemente de lo que pensemos o digamos. Es un estado de existencia verdadera. Ejemplo: "Ser humano" significa tener una naturaleza biológica y consciente específica. 

Por su parte, el “asumir”: consiste en dar por sentado, aceptar o suponer algo como verdadero sin tener pruebas definitivas, o bien, adoptar una postura o rol. Es decir; es una construcción mental, una interpretación o un legado que se "adquiere" desde afuera.

Recuperar nuestros valores constituye un activo poderoso y esencial; porque lo que se ha erosionado no es solo el ladrillo o el cemento, sino el alma, los valores propios, las costumbres y la forma de convivir solidariamente. Y eso no se arregla con más policías o más reglamentos, sino con un cambio en la mentalidad en el corazón de los cruceños y los migrantes. 

¿Por qué la Batalla Cultural?: porque al recuperar nuestra identidad estamos recuperando nuestro Sentido de Pertenencia. La cultura es lo que nos une y nos define un propósito. Si no se defiende, se diluye. Asumir la cultura es respetar el Hogar: Hay que enseñar o re-enseñar a todos, nativos y migrantes, a "asumir" la cultura local con valoración. No se trata de eliminar otras culturas, sino que la cultura anfitriona sea debidamente asumida, respetada y cuidada en su propio espacio.

¿Cómo se Gana esta Batalla Cultural? Es un esfuerzo multifacético, constante y de largo aliento; pero es fundamental. Como primera línea de acción se debe reafirmar” Ser Cruceño.” Desde las escuelas se debe enseñar la historia cruceña, sus costumbres, sus valores, su música, su gastronomía. No solo como algo folklórico, sino como parte de la identidad viva. ◦ 

Los Medios de Comunicación deben “Promover” el habla, la música, las tradiciones. No solo lo nacional o lo foráneo. No copiar locución idiomática ajena.

Y en el interior familiar, los mayores deben transmitir el legado cultural a los más jóvenes. 

Es indispensable para contagiar nuestra forma de ser el propiciar la Integración y la Concientización del "Asumir": hay que desarrollar Programas de bienvenida para los nuevos habitantes, no solo trámites, sino información sobre la cultura local, los modales, las expectativas de convivencia. 

Los cambios demográficos y la migración son realidades que no se pueden revertir. No se puede "echar" a la gente, ni se puede impedir que vengan nuevas personas. Lo que sí se puede es influir en cómo esas personas se integran y coexisten. 

El librar esta batalla, no atenta contra la diversidad, es por la identidad:” La batalla cultural” no busca rechazar al migrante, sino invitarlo a "asumir" la identidad del lugar. La riqueza de Santa Cruz siempre ha sido su capacidad de acoger y transformar a quienes llegan, pero para eso, el "que llega" debe estar dispuesto a sumarse y no solo a consumir o imponer.

De modo que este desafío busque que el "asumir" el Santa Cruz sea un acto consciente y valorado, no solo por los nuevos residentes, sino por los propios cruceños. Que no se dé por sentado el "Ser Cruceño" y se lo deje diluir, sino que se lo defienda y se lo adapte de manera inteligente. No se trata de cerrar las puertas, sino de abrir las puertas a quienes deseen ser parte de la construcción de una Santa Cruz mejor, respetando y valorando sus cimientos. Es una lucha por el alma de la región, para que, incluso con la modernidad y la diversidad, conserve ese espíritu que la hizo especial y excepcional. Es un trabajo arduo, pero es la única manera de evitar que Santa Cruz pierda su esencia por completo.