Lunes 06 de abril 2026

Luis Enrique Dorado: Crónica, calle y academia



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La historia no se escribe sola; la escriben quienes tienen el valor de estar presentes cuando el mundo tiembla. Hoy, cuando la inmediatez de las redes sociales parece haber reemplazado la profundidad del análisis, la trayectoria de Luis Enrique Dorado Vásquez surge no solo como un referente nostálgico, sino como una hoja de ruta indispensable para las nuevas generaciones de comunicadores y ciudadanos.



Nacido en Cochabamba en 1934, Dorado Vásquez pertenece a una estirpe de profesionales que entendieron el periodismo como un servicio civil. Su currículum es, en esencia, un mapa de los momentos que definieron a la Bolivia moderna.



Para un joven periodista de hoy, imaginar la cobertura de la Revolución Nacional entre 1952 y 1964 puede parecer un ejercicio de ficción. Sin embargo, Luis Enrique estuvo allí, entre el estruendo de la dinamita y el fervor de las minas, traduciendo el caos en noticias para medios emblemáticos como La Patria o Radio Pío XII.



Su labor durante la guerrilla del "Che" Guevara en 1967 es otra lección de rigor. Desde Ñancahuazú hasta el hallazgo de los restos del guerrillero, Dorado demostró que el periodista no es un protagonista, sino un testigo ocular cuya máxima responsabilidad es la veracidad, incluso cuando las balas dictan el ritmo de la jornada.



Pero el legado de Luis Enrique no se limita a la adrenalina de la cobertura. Su faceta como docente en instituciones como el Nacional Florida y la UAGRM subraya una verdad fundamental: el buen periodista debe ser, ante todo, un eterno estudiante y un formador de criterios.



Su capacidad para transitar desde la dirección de medios como El Mundo hasta la especialización técnica en publicaciones como Mundo Filatélico —premiada internacionalmente— nos enseña que la curiosidad no tiene límites. No basta con saber de política; hay que entender la economía, la historia y la cultura para ofrecer una visión integral de la sociedad.



Este año 2026, en julio cumple años y aún está lúcido. Celebrar 92 años de una vida tan prolífica como la de Luis Enrique Dorado es, en realidad, celebrar la historia misma de Bolivia. A esa edad, el mejor homenaje es aquel que rescata su memoria del olvido y la pone en manos de quienes hoy están aprendiendo el oficio.

Periodista y docente universitario