Jueves 05 de noviembre 2026

¿Basta subir los salarios?



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El anuncio gubernamental de un incremento obligatorio del 8% al salario básico y del 20% al mínimo nacional dejó atónito al empresariado boliviano, quien se declaró en emergencia calificando la medida como un duro golpe al sector. Por su parte, la Central Obrera Boliviana aceptó el aumento a regañadientes.

El empresariado critica que el aumento sea superior a la inflación que en el 2012 no llegó al 5%, y los obreros insisten con la pretensión de unos 1.200 dólares americanos para una canasta básica digna, algo inatendible según el gobierno pues acabaría con la inversión pública.

Que los trabajadores merecen un salario digno, nadie lo niega, y que todos los bolivianos ganen más para vivir mejor, tampoco. Sin embargo, pretender resolver la pobreza por Decreto podría tornar cada vez menos atractivo el producir en Bolivia.

Primero, porque es obligante solo para las empresas formales en un país donde se estima que más del 60% del empleo está en la economía informal, una competencia desleal para los productores y comerciantes legalmente establecidos.

Segundo: un incremento salarial sin aumento de la productividad, es un costo adicional. Por ejemplo, siendo que ahora las trabajadoras del hogar ganarán Bs1.200.- ¿podrán todas las familias pagar más por igual servicio? Lo mismo pasa en las empresas que ven subir sus costos sin que sus obreros rindan más.

Tercero: al margen del pago retroactivo a enero, el incremento implicará una subida “en cascada” de las obligaciones patronales, mayor costo de los bonos, dominicales, feriados, horas extras, etc.

Finalmente, este recurrente incremento causa distorsiones en la curva salarial, acercando los niveles operativos a los de los profesionales, ocasionando fuertes presiones internas.

¿Guarda relación con la realidad esta medida, siendo que pocas empresas ganan mucho, la mayoría gana poco, otras no ganan e incluso muchas pierden, pero todas deben pagar más? ¿No podría esto provocar una subida de precios; desalentar la inversión y la creación de empleo; e, inducir a la informalidad, allí donde no se paga sueldos mínimos, beneficios sociales ni tributos, a diferencia del sector legal, afectado además por la inseguridad jurídica, restricciones a la exportación y el contrabando?

Abatir la pobreza no es fácil, lo sé. Pero sé también que la educación es la clave para mejorar la vida de la personas, y ¡es aquí donde debemos trabajar! A mayor destreza, el obrero percibirá un mejor salario, sin necesidad de un Decreto obligatorio para ello.

(*) Economista, Magíster en Comercio Internacional
(*) Facebook.com/GaryAntonioRodriguez

Santa Cruz, 10 de abril de 2013
Fuente: El Deber