Con el ms profundo respeto y gratitud hacia el departamento de Oruro, en cuyo seno pas inolvidables das de mi vida, siento la ineludible obligacin de levantar mi voz, ante una de las ms grandes y absurdas injusticias que se pretende inferirle.
La desatinada determinacin de la Asamblea Departamental de Oruro de intentar cambiar el nombre de su aeropuerto, por la razn que se exponga, ha causado una reaccin previsible, en especial en los medios amantes de la tradicin y la historia, al extremo de llevar el conflicto hasta el borde de una crisis casi irresoluble.
Son varios los elementos que intervienen en la denominacin honorfica de un aeropuerto, plaza, calle u otro bien de propiedad estatal, con el nombre de un personaje, sea ste pblico o privado. Entre estos factores priman los de orden poltico, histrico y hasta de simple lisonja, sin embargo, lo importante en su aplicacin radica en el asentimiento y beneplcito del pueblo o el soberano, como gustan llamarlo los polticos de nuevo cuo, ya que a la postre es ste quien deber asimilar dicho nombre y mentalizarlo como innato en l. A todas luces, dicha aceptacin no existe en Oruro y mal puede esa Asamblea obligar a que los orureos accedan a cambiar el nombre de Juan Mendoza por el de Juan Evo Morales Ayma.
Son innmeros los ejemplos de apelativos que nunca pudieron ser sustituidos por las autoridades de una determinada regin, as sean estos de prceres o notables ciudadanos. Como acaba de expresar un diputado oficialista, con una simpleza lindante con el cinismo, stos se quedaron en el letrerito. As sucedi con la designacin de la Av. Kantutani, bautizada con el nombre del Gral. Bernardino Bilbao Rioja; la de la Costanera con el de Germn Monroy; y el aeropuerto del Alto, con el nunca utilizado ttulo de John Kennedy. Todos conservaron el nombre que el pueblo decidi utilizar, para identificarlos.
Lo reprobable en el caso de Oruro es que nos quieran tomar el pelo con aquello de que: Evo no saba que queran poner su nombre Que tierno! Seor Presidente, puede ser que Ud. no lo haya pedido, pero su obligacin como primer mandatario es declinar ese honor y ordenar a sus zalameros asamblestas que no levanten su santo nombre en vano y que retiren su propuesta. Con sobrada razn si existe la amenaza de un enfrentamiento entre orureos, con imprevisibles consecuencias. De lo contrario, esta afrenta o provocacin gratuita a nuestra capital folklrica nos dara a pensar que detrs de esta imposicin de poner su nombre al aerdromo, existe una cortina de humo que trata de tapar todos los escndalos de extorsin, terrorismo, Clavijos, Sosas, etc., que ensombrecen la reeleccin, y que los bolivianos vemos azorados pasar por nuestras narices.
Un pueblo apacible y hospitalario como Oruro no merece este desaguisado. En siete aos de gobierno no se le pudo entregar an la segunda va que une ese departamento con La Paz. Por suerte se pudo erigir la imagen de nuestra Seora del Socavn, que gracias a Dios ya tena nombre propio. Asimismo, se permiti un desarrollo pacfico de los carnavales, ya que de lo contrario, estaramos frente a la rebelin de los diablos.