Mientras los diablos retozaban en medio de las carnestolendas y Lucifer sembraba a su paso por la tierra toda suerte de caos y devastacin, la noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI a su pontificado, sacudi al mundo y a ese acervo de catlicos que supera los mil doscientos millones, dejando una estela de duda y desconcierto.
Al margen de las razones expuestas por Su Santidad a tiempo de asumir dicha determinacin, han menudeado las infaltables especulaciones que atribuyen esa decisin a innmeras causas, menos a la anunciada por el Santo Padre que es la ms prxima a la realidad. Conociendo el carcter y la personalidad de uno de los hombres ms inteligentes del Vaticano, como es Joseph Ratzinger, quien acompa,como asesora su antecesor, el hoy beato Papa Juan Pablo II, por cerca a 25 aos, es muy fcil entender esa sublime determinacin.
Si hay algo que caracteriza al pueblo alemn es su enorme sentido de la seriedad, la responsabilidad y el denuedo con el que acomete las labores que le son encomendadas. As como fueron fervientes nacionalistas, a un paso de dominar el planeta, tambin respondieron como disciplinados comunistas, cuando despus de la guerra quedaron a merced de la Unin Sovitica. Hoy, una dama de hierro, otrora militante de la Juventud Libre Alemana (las juventudes comunistas de la Repblica Democrtica de Alemania), conduce la poltica econmica neoliberal que subyuga a la mayora de los pases europeos.
Entonces, resulta ocioso dudar siquiera de la pragmtica, como responsable resolucin papal, menos an cuando hace tres aos, en una entrevista de prensa concedida al periodista alemn Peter Seewald, el Santo Padre le asegur: Cuando un Papa alcanza la clara conciencia de que ya no es fsica, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo su encargo, entonces tiene en algunas circunstancias el derecho, y hasta el deber, de dimitir. Al parecer, dichas circunstancias ya llegaron.
Empero, lo rescatable de esta histrica decisin pontificia y perfectamente aplicable a nuestra realidad poltica es la magnfica muestra de humildad y responsabilidad que ella conlleva. Muchos de nuestros pases sufren bajo la tirana de lderes despticos y autoritarios que han dispuesto por s y para s eternizarse en el poder, manipulando nforas desde sus hospicios de edad provecta y an otros, desde las salas de terapia intensiva, sin que se les pase por la cabeza dimitir o dejar que sus pueblos elijan una u otra alternativa.
A fin de demeritar la bizarra decisin de Benedicto XVI, desde las trincheras de esos regmenes totalitarios y de muchas sectas cristianas que amenazan la institucionalidad orgnica de la Iglesia Catlica, se pretende atribuir la dimisin del Santo Padre a los escndalos que la asolaron. Nada ms falso y provocador! Simplemente se trata de la eterna lucha entre el bien y el mal, entre los ngeles y los demonios.