Sábado 11 de abril 2026

Acullico y mamada



134 vistas

En ese denodado esfuerzo de distraccin al que nos tienen acostumbrados los regmenes que gobiernan los pases del ALBA, para colocar en la congeladora los asuntos que se vienen quemando en su administracin,  como la liberacin de la fragata Libertad en la Argentina, el solsticio de verano en la Isla del Sol, la extremauncin y los santos petrleos del coma-andante en Venezuela y otros por el estilo, ha surgido en nuestro pas uno que, al igual que los mencionados, merece el mismo trato y convocatoria a los movimientos sociales para dar rienda suelta a una interminable cadena de fanfarrias y festejos, cual es la readmisin de Bolivia al seno de la Convencin de  las Naciones Unidas sobre estupefacientes, de la cual nos habamos salido inmotivadamente en junio de 2011, aduciendo que la coca no es cocana.

Sin demeritar el esfuerzo realizado, la o­nU ha determinado readmitir a Bolivia en la citada Convencin, con la expresa e indulgente autorizacin de que los bolivianos podamos acullicar, siempre y cuando esta ancestral prctica sea realizada dentro de nuestras fronteras.

Que sepamos, quienes heredaron esta costumbre, dizque hace seis mil aos, jams dejaron de practicarla y menos tuvieron que ir presos por ello, lo que indica que los burcratas de la o­nU, obedeciendo la teora de la clebre Dra. Lewinsky, han establecido que los bolivianos podemos llevarnos a la boca lo que se nos venga en gana, con la salvedad de no  intoxicar a nuestros vecinos; cumplir con nuestras responsabilidades inmediatas, como la presentacin de un informe integral sobre el nmero real de hectreas que se requieren para satisfacer las necesidades de los acullicadores; y que el estudio financiado por la Union Europea, que est listo desde hace un ao, no sufra ms dilaciones ni alteraciones, so pena de ir a parar nuevamente a la lista de los proscritos y tener que salir de la Convencin ms rpido que lo que nos tom reingresar.

No cabe la menor duda que el uso de la hoja sagrada fue un eficaz instrumento utilizado por los incas y luego por los espaoles para esclavizar a nuestros antepasados, neutralizando su cansancio y mitigndoles el hambre hasta que su vida til quede sepultada en esos socavones de angustia. Empero, ello  no constituye un tema de estudio para la o­nU, como tampoco lo es que este psicotrpico, unido al alcohol, al tabaco y a la llujta o lega, entontezca al consumidor; le malogre los genes; le deforme la cara hasta convertirlo en un batracio; y le deje una fetidez bucal capaz de ahuyentar una mofeta.

Pero no debemos perder la esperanza, el canciller acaba de sealar que no se descarta la elaboracin de una nueva estrategia que permita la exportacin de productos industrializados de la hoja, como el mate y otros. Sin embargo, el requisito que la o­nU nos pone en el fallo que estamos celebrando es que la coca que exportemos en bruto o en productos- carezca de todo vestigio de alcaloide, lo que significa que slo podremos utilizar el bagazo de las hojas que salen de las pozas de maceracin, lo que no sirve ni para abono, por su calidad venenosa.

Ojal logremos algn da convencer a esos  15 oscuros pases (Rusia, EE.UU., Reino Unido, Canad, Suecia etc.) que se opusieron a nuestro  genuino anhelo de inundar al mundo con nuestra hoja sagrada; de que la coca no es cocana;   que las celebraciones por nuestro triunfo en la batalla librada para poder mascar la hoja dentro de nuestras propias paredes cont con el apoyo de 168 potencias y es una legtima defensa del acullicu y no una mamada.