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Un nuevo aniversario del grito de independencia de Santa Cruz. 202 aos, y como dijera alguna vez Carlos Fuentes, en una poca en los que el tiempo urge y la historia ruge pues nos acosan los autoritarios de aqu y desde las alturas andinas.
202 aos y los festejamos, a pesar de que vivimos en tiempos de oscuridad, dira Hanna Arendt. Esa oscuridad impide a hacer algo desde la poltica, como crear un nuevo proyecto poltico regional colectivo. Como lo hubo a fines de la pasada dcada del 50, ejemplo paradigmtico de cohesin social y poltica hasta entrado los inicios de este siglo XXI.
La sociedad crucea construy, entonces, un poder poltico social, que se convirti en poder regional mediante la cohesin y unidad de acciones. El objetivo era transformar el territorio y la regin sumidos en el abandono del poder central, encarar el desarrollo y el progreso, mezquinos tanto en la Colonia como en la Repblica.
Hoy, no hay proyecto de cohesin poltico-social frente al centralismo antidemocrtico y autoritario, ni tampoco alguno que le haga frente al local municipal. Se constata entonces que la luz de lo pblico lo oscurece todo, dira Heidegger en boca de Arendt, mientras la historia ruge, aunque los autoritarios se hagan los sordos. Por eso excluyen a los indgenas de los pueblos del Oriente, que le dieron al pas y al departamento una leccin de dignidad frente al gobierno central que los humilla, desprecia y reprime con actos genocidas.
Es el precio que pagan por oponerse a una carretera que destruir su hbitat y el ubrrimo Territorio Indgena del Parque Nacional Isiboro Scure (TIPNIS). En Santa Cruz nadie los condecor -y hubo muchas condecoraciones, unas bien merecidas y otras no tanto- por temor a molestar a Evo Morales y a su gente. Qu sumisin para la vergenza!
En estos 202 aos recurrimos al deber de la memoria para echar en falta a quienes encararon las luchas independentistas, a las elites y aquel capital humano instruido y tambin popular, que construy la amable Santa Cruz de antao y la moderna-posmoderna, al galope de la globalizacin y sus contradicciones.
Sin pedir permiso, el sueo se hizo a mano y con ahnco.
Recurrimos a la memoria para extraar a quienes lograron que en el arco de solo 30 aos, el departamento modificaran su insercin en la estructura de dominacin/dependencia frente al poder centralista de toda poca.
El sueo de ser libres del dominio espaol se hizo con entrega, sacrificio y coraje. El sueo de salir por el Atlntico, sin lograrlo an, para no ser rehenes de Chile en el Pacfico, como exigan los lcidos hombres del Memorndum de 1904. El sueo de poder manejar el 11% de nuestras regalas, de beber agua potable, tener luz y telefona; de dejar atrs las calles de tierra por unas asfaltadas; de alcanzar pujanza agroexportadora mundial gracias a una tierra generosa y al trabajo de hombres y mujeres. El sueo de dar seguridad alimentaria al pas, y seguir soando con las autonomas, como los precursores del XVIII y el XIX, esos sueos se construyeron a mano y sin pedir permiso a nadie. Por eso nos tildaron y tildan de regionalistas, separatistas y por ltimo de terroristas, sin que seamos ninguno de ellos, pero el poder poltico no tiene lmites para agraviar cuando carece de argumentos y razones.
Hoy somos una ventana al mundo con la imponente Exposicin Internacional de la Feria de Santa Cruz y sus 50 aos de tesn empedernido; somos el departamento que ms contribuye al PIB y al sistema de impuestos nacionales; somos el departamento donde se cuece la nueva nacionalidad porque acoge a quienes buscan un lugar en el mundo. Y lo somos a pesar del centralismo gubernamental de todos los tiempos y de las asimetras econmicas, socioculturales e indgenas, propias de un capitalismo perifrico.
Las heridas polticas y urbanas
Hoy el tiempo urge y la historia ruge, pues nos abruman, a pesar de los logros tan arduamente conquistados, las heridas infringidas al ethos cruceo, a la convivencia democrtica y a la autonoma, por la desunin poltica y los apetitos personales. Tambin hay heridas jacobinas desde el centralismo y ambas pretenden robarnos la identidad y el alma, crucea construidas durante siglos.
Hay heridas polticas como la guerra sin lmites polticos ni ticos a la institucionalidad municipal y a la potestad de fiscalizacin de concejales electos, que podran -an pueden- significar una renovacin de elites polticas, a pesar de las chicanas jurdico-polticas que les han impuesto. Hay heridas que humillan por el autoritarismo local al que no le importa la ciudadana, porque el cemento a raudales aunque sea siempre indicador de desarrollo- no suple la cultura y la cohesin social.
Hay heridas urbanas por la violencia verbal y de hecho contra la prensa, sus operadores y el pensamiento crtico, ms bien se les endilga el mote de enemigos. Hay heridas porque no faltan quienes hagan del culto a la personalidad del mandams local, su pan de cada da. Fue un constructor de Santa Cruz, que se perdi en los laberintos del poder omnmodo.
Hay otras heridas por infraestructura hurfana para soportar las catstrofes naturales, como la lluvia pasada, con asesinas aguas. Hay heridas por la violencia delictiva, las prdidas y el dolor de la gente, porque al no existir cohesin ciudadana, quien ms, quien menos, es vctima de la anomia social y de la anomia gubernamental municipal y central.
Hay heridas cvicas porque se le da la espalda, al Comit Cvico al masculino y al femenino- creyendo que ya lo tenemos todo, cuando el porvenir es siempre una hazaa a alcanzar por el bien de la colectividad, en el transcurso del tiempo.
Como hizo el Comit desde su fundacin, a falta de partidos polticos que hicieran suyas las demandas cruceas. Si fue excluyente y sectario hace 60 aos, no lo fue ms que el sistema poltico nacional de siempre, y hoy ms bien, empieza a enmendar l as exclusiones.
Pese a la pujanza econmica, siempre vapuleada por el gobierno central, aunque se le rindan pleitesa y venias, y tambin desde lo local, la oscuridad toma carta de ciudadana con un discurso que envilece porque no revela lo que es, sino lo esconde debajo del tapete por medio de exhortaciones... que degradan toda verdad en una trivialidad sin sentido, afirma Arendt, cuando habla de los totalitarismos.
La oscuridad tambin cunde en Pando, que este 24 de septiembre cumple 74 aos de fundacin, con sus lderes presos y perseguidos. Por eso el tiempo urge, y la historia ruge en Bolivia.