Lunes 24 de agosto 2026

Ética y distancia profesional en el periodismo



61 vistas

El episodio en el que periodistas posaron en una fotografía junto a Tatiana Marset —hermana del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, capturado el 13 de marzo de 2026— reabrió un debate insoslayable sobre la distancia profesional y la ética en la cobertura de casos vinculados al crimen organizado.



Lejos de prejuzgar la intencionalidad o el criterio individual de los colegas involucrados, este hecho debe analizarse como un reflejo de inmadurez profesional y falta de experiencia en el manejo de coberturas de alta complejidad. Sin embargo, más allá del error de apreciación, la situación nos ofrece una oportunidad idónea para reflexionar sobre los límites y protocolos del oficio.



Desde la dimensión profesional, operativa y estrictamente metodológica, la cobertura de temas de alto impacto implica interactuar con actores controversiales. Buscar testimonios o entrevistar a familiares de una figura judicialmente requerida es una labor legítima e indispensable del periodismo de investigación. El problema no surge del acto de tomar contacto con la fuente, sino de romper el protocolo de distancia al capturar o difundir imágenes en un ambiente de evidente festividad o camaradería.



En coberturas complejas, la inexperiencia puede llevar a olvidar que la cercanía social con fuentes de este perfil vulnera la objetividad necesaria y dificulta sostener una postura crítica ante las versiones recabadas.



Desde la dimensión ética y como aprendizaje gremial, los códigos deontológicos señalan que la independencia y la credibilidad son los activos más valiosos del comunicador. Esta reflexión nos recuerda cuatro riesgos fundamentales que debemos prever en el ejercicio diario:



Primero, pérdida de imparcialidad: transmite simbólicamente un vínculo de cercanía y compromete la percepción de neutralidad ante la audiencia.



Segundo, normalización del delito: proyectar convivencia social con allegados a procesos por delitos graves corre el peligro de humanizar o "normalizar" entornos ligados al narcotráfico.



Tercero, conflicto de interés: la familiaridad con una fuente dificulta realizar repreguntas punzantes o cuestionar con rigor sus declaraciones.



Cuarto, erosión de la credibilidad: el impacto de una imprudencia individual deteriora la confianza pública en el periodismo como institución.



En definitiva, los gestos de informalidad borran la frontera entre el escrutinio público y la validación social de los investigados. Este hecho nos recuerda que la ética periodística no solo aplica al contenido que se publica, sino a la forma en que el profesional se conduce en el campo, sirviendo como una lección oportuna para fortalecer la formación y el rigor en las nuevas generaciones de periodistas.



Como bien sostenía el célebre escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez, “el periodismo es el mejor oficio del mundo”, pero esa premisa solo se mantiene vigente cuando se ejerce con la distancia, la responsabilidad y el rigor que exige la sociedad.

*Periodista y docente universitario