Domingo 30 de agosto 2026

¿Se perdió el cambio?


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La respuesta es otra pegunta: alguna vez lo hubo en el ideario autoritario y antidemocrtico del dirigente sindicalista Evo Morales, presidente de la Federacin de cocaleros que cultivan coca, materia prima de la cocana,  y tambin de un Estado Plurinacional, antes Repblica?
Si algn cambio hubo, no fue para consolidar la democracia como condicin social, sino para convertirla en una democracia electorera de un Estado Plurificciones.

Rodeado de jacobinos e intelectuales de izquierda estalinista, han decretado la defuncin de la independencia de poderes y, de suyo,  las bases de la Repblica y el Estado de Derecho. Aplican guillotina judiciales a los opositores polticos, los persiguen, los meten presos a pesar de haber ganado elecciones democrticamente, o los obligan a exilio.  Y pone trabas a empresarios privados agroexportadores, burguesa a la que quieren sustituir, como a otras,  a la sombra del Estado. Pretenden ser propietarios de medios de produccin, sin importar la tesis marxista.

A pesar de su cacareado indigenismo, excluyen y reprimen a los indgenas del Oriente porque se oponen al indefendible proyecto de construccin de una carretera  que destruir una reserva Natural (TIPNIS). Tampoco rinden cuentas sobre sus dispendiosos gastos y pretenden imponer el pensamiento nico para evitar la necesaria fiscalizacin social. Atacan la libertad de prensa, penaliza a medios y periodistas que cumplen su labor informativa y crtica.

Luego de casi 7 aos de gobierno, no cabe dudas de que el cambio fue un slogan de mercadeo electoral, frente al desengao del sistema poltico anterior, con ms sombras que luces, a pesar de haber recuperado la democracia de las dictaduras militares.

La figura de el cambio un pretexto para llegar al poder y desde ah convertirse en dictadura revestida de democracia, para imponer la visin autoritaria, populista y prorroguista de un caudillo sindical devenido en jefazo poltico de un proyecto de poder por el poder absoluto.
En ese marco, la boda del `Vice lvaro Garca Linera -idelogo de los desatinos totalitarios - no mereca el ms mnimo cometario: era un hecho privado y austero, sin que signifique gastos para el Estado, como l mismo haba anunciado.

Los detalles

La boda fue todo lo contrario y nada tuvo que ver con el cambio anunciado de lucha al mundo capitalista, imperialista y colonizador: boato, derroche, multitudes, recia seguridad del Estado  y muy poca privacidad. A la postre, dejaron al desnudo que  el cambio y la descolonizacin,  son leyendas para ingenuos.

Cmo callar ante un novio-esposo que pretende ser el ltimo jacobino de esta falsaria revolucin socialista del siglo XXI, y manosea creencias, fe y conciencias de manera utilitaria y antitica? O el Vice es jacobino solo para aplicar guillotinas judiciales a sus adversarios polticos, amn de otras tropelas, como pasar a formar parte de directorios y propietarios de empresas privadas va el chantaje poltico? El Vice quiere ser un respetable burgus, dicen exaliados suyos. 

Cmo no rebelarse ante la imagen de un prncipe azul, nada menos que en la figura del Vice ya  cincuentn? Algo le habr calzado a la joven conquistada, no Cenicienta precisamente, sino periodista, telegnica y bonita, enamorada?

Cmo no decir esta boca es ma, ante la fiebre meditica que gener la boda, como si se tratase de una farndula de Hollywood, o un espectculo de ricos y famosos, con dos das de movida consumista, lujos incluidos.

Cmo quedar silente ante la parafernalia oficialista,  amn del pueblo obnubilado ante el ceremonial con rito ancestral en las imponentes ruinas de Tiwanaku, el primer da? Y uno ms  para seducir a la mayora catlica de Bolivia: el matrimonio religioso en la histrica Iglesia San Francisco de La Paz. Qu cinismo! La  mayora del gobierno se declara atea, nada afecta a la Iglesia Catlica que  es, ms bien,  blanco de ataques cuando critica, con sobradas razones, los desaciertos del Gobierno.

Para el Mallku Felipe Quispe, aymara de pura cepa, excompaero de aventuras  nada santas del Vice asaltos, apropiacin de remesas para pagar sueldos y terrorismo en los 80- La boda de lvaro Garca bajo ritos ancestrales, no le corresponde a ese lugar, ese lugar es sagrado, capital de los aimaras, un lugar arqueolgico, lugar que respetamos mucho, ningn originario se casa ah, entonces este seor va a ensuciar el lugar y va a traer mala vida, va a traer k`encheria (mala suerte) para nosotros.

Sin embargo, dos no originarios se casaron ah. Nveos vestidos diseados por europeos para la novia, en las dos ceremonias,  amn de abalorios aymaras e incaicos, azahares, bouquet y misa nupcial.Hubo amor, hubo creencia ancestral, hubo fe catlica,  o todo fue parte de las plurificciones?

Qu dej la boda del ao?

As la ha llamado la prensa rosa... En realidad, fue un ejemplo de abuso de poder y ostentacin de privilegios polticos para cautivar a la poblacin vida de circo. Qu cambi? A falta de pan, hubo un popular aj de fideos -muy mejorado en ingredientes crnicos y otros condimentos- para engaar el rigor de  la pobreza y el hambre del pueblo expectante, que encontr momentos de jolgorio bien comido. En la selecta privacidad del poder hubo exquiziteses varias. 

Un grupo crtico, ni burgus ni afn a la izquierda estalinista del  bloque poltico hoy en el poder, sentimos enojo por el despilfarro y la impostura oficialista. Desde la sociedad civil, ese grupo s desea terminar con tipo de privilegios, ninguno por encima del respeto a la libre condicin ciudadana. Tambin rechaza la copia fiel de los estilos nacionalsocialista comn a todos los totalitarismos conocidos: la gran explanada,  la multitud, el espectculo, la pompa, la histeria colectiva para seducir y adormecer a las masas, aqu con  el anzuelo cultural indigenista y, de yapa, fe cristiana.

El gnero, como construccin de la cultura patriarcal que explica las asimetras socioculturales entre hombres y mujeres, tuvo una  puesta de lujo. La joven radiante y sumisa, llevada a la cumbre poltica y social, de la mano del poder poltico del que hoy goza su marido, ejemplar  manipulador de conciencias.

Mientras se preparaba la ficcin indgeno-cristiana, otra joven, la diputada opositora Jessica Echeverra, era vctima del hachazo de intolerancia poltica y de gnero. Estuvo seis horas en una reunin reservada donde mujeres y hombres del partido oficialista (MAS) mellaron su condicin de mujer y poltica, por una falsa cuestin tica: sustituir una whipala (inventada bandera de indgenas andinos) por la bandera crucea. Le prohibieron hablar el abuso del que fue vctima, pero no lograron las disculpas exigidas!

Como corresponde a una mujer consciente de su libertad y sus derechos, no call y denunci el atropello la prensa.  Ese es el cambio que queremos: la dignidad de conciencia, entre otros, frente al cambio y abuso de las plurificciones.