Sábado 07 de noviembre 2026

Una Defensoría entre Villenas, Villas y villanos



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Y ahora, ¿Quién podrá defendernos? Especialmente hoy, cuando un video digno de los mejores “Reality Shows de TV” ha puesto en evidencia que el secretario general de la Defensoría del Pueblo era el encargado de sobornar a Ignacio Villa Vargas, alias “El Viejo”, mendaz protagonista de uno de los actos de calumnia más  infames del que se tenga memoria, cuyo resultado fue el asesinato de tres súbditos extranjeros en el cuarto piso del céntrico hotel Las Américas de Santa Cruz; otros dos en prisión y varios connacionales que corrieron la misma suerte de la cárcel y el exilio.

Entretanto, la institucionalidad de ese organismo, creado bajo la imagen del ombudsman sueco como la autoridad encargada de garantizar los derechos de los ciudadanos ante abusos que puedan cometer los otros poderes del Estado, corre inminente peligro, dado que los acontecimientos derivados de la historia que dimana del video, dan cuenta de una extraña trama dirigida al dominio absoluto de la Defensoría del Pueblo por parte del partido de gobierno. 

De hecho, ya nos pareció muy sospechoso el nombramiento de Rolando Villena como Defensor del Pueblo, al clasificar tercero en la convocatoria realizada por el Congreso para ese fin, muy por debajo de otros candidatos que habían obtenido una mayor puntuación, empero, nunca nos habríamos imaginado que tal designación estaba ligada a la familia de un influyente Senador que, a su vez, detentaba el ministerio de gobierno a través de su yerno y la seguridad ciudadana a través de su hijastro, el mismo que  aparece en el video como sobornador de Ignacio Villa Vargas, alias “El Viejo”.

La imagen de Villena fue potabilizándose sin embargo, tras los luctuosos sucesos de Caranavi, donde asume su verdadero rol al alinearse con las víctimas que eran afines a su familia y enfrentarse a las familias de Alto Beni que encarnaban a los violentos. Sin ingresar en los detalles que pudieron motivar ese extraño cambio, resulta que hoy, gracias a una hábil manipulación de los trascendidos sobre el controvertido video, él es transformado de héroe a malhechor.

La majestad de la Defensoría del Pueblo ha sido mancillada, al trastocarse burdamente los papeles. Un fiscal de materia cita al Defensor del Pueblo como a un vulgar bandido y, lo peor, este asiste sin chistar. Es decir, aquel sobre cuya persona ha recaído la noble encomienda de defender al pueblo es investigado y sujeto a sospecha de crimen.

Existe un fuego cruzado entre “familias” y la población azorada e inerme contempla su desgracia, cómo su único aparato de defensa se debate entre Villenas, Villas y villanos.