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Son muy pocos los gobiernos en el mundo -sino el único- que al igual que el boliviano se lance sin red hacia el vacío, con la única esperanza de que el público, léase el pueblo, lo salve de una inminente caída mortal. Dicho prodigio acaba de suceder con el decreto masista, que dispone un incremento del 80% en el costo de los hidrocarburos, ante una población estupefacta y narcotizada por las fiestas navideñas y del año nuevo.
Este es el fracaso de una política demencial de hidrocarburos que, bajo el marbete de una supuesta nacionalización, cayó primero en manos de delincuentes y hoy, en poder de ineptos.
Cuando Evo Morales inició su gestión, Bolivia producía un 40% de los hidrocarburos que consume. Dicho porcentaje bajó al 16% en estos cinco años, lo que forzó a importar de Venezuela, Chile y Perú, casi el 80% del Diesel, gasolina y gas licuado, obligando a un subsidio aproximado de 400 millones de dólares y la amenaza de que dicha subvención dispare un proceso inflacionario incontrolable.
La construcción de una planta separadora de líquidos, que son exportados gratuitamente junto al gas, vuelve a ser aquel proyecto prioritario que la corrupción frustró con el asesinato de un empresario; con el presidente de YPFB en la cárcel; y con la pérdida de una millonada de dólares destinada a la construcción de dicho emprendimiento. Entretanto, a dos años de esos luctuosos sucesos, los bolivianos vemos azorados que no se adelantó nada en dicha planta y en su lugar se prefirió comprar un satélite y un avión de lujo para S.E.
La exagerada ideologización de la política petrolera conlleva la fuga de las inversiones y el consiguiente estancamiento en las labores de exploración y explotación de nuevos yacimientos. Por ejemplo: YPFB alquiló en Venezuela, a un elevado costo, un trepano chino que apenas llegó a la aduana le fue sustraído el cerebro y hoy yace en algún punto de la amazonia paceña en espera de taladrar un pozo. Bajo ese accionar errático se pone nuevamente en evidencia que aquellos modelos populistas basados en una economía de estado sólo sirven para perpetuar gobiernos totalitarios de corte demagógico y un discurso populista que aniquila el aparato productivo del país.
Hoy sabemos que el bajo precio de la divisa norteamericana es artificial y que, con las medidas económicas recientemente adoptadas, estamos frente a una devaluación inminente. Si el gobierno vino apreciando la moneda nacional con respecto al dólar, motivando un índice de inflación espurio del orden del 5%, fue para que éste sirva de base en la negociación de los salarios, tras la dictación del gasolinazo. Una vez pasada la conmoción actual, dicha política de revalorización del peso boliviano habrá llegado a su fin y la udepización de la economía será ineludible. El dólar, hoy barato por influjo del lavado, tenderá a subir hasta niveles estratosféricos y entonces, sí será difícil distinguir entre “Una nivelación y un ajuste con sabor a Garsolinerazo”.