Viernes 27 de febrero 2026

Mucha reforma formal, poco real. Necesitamos un auténtico cambio cultural



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Recientemente, a invitacin de la Academia Daniel, particip como panelista conjuntamente con el Dr. Ivn Tapia y la Dra. Carolina Ortuste como moderadora, en un interesante e importante conversatorio sobre Reforma de la justica, desde la cosmovisin bblica.

Entre los temas conversados se abord: la importancia de la justicia dentro del Estado Constitucional y Democrtico de Derecho; el resultado de informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) el 2021 sobre el estado de la justicia en Bolivia y de otros estudios similares; las propuestas de reformas judiciales que se han presentado hasta la fecha; la visita del relator de Naciones Unidas en el mes de febrero de este ao; el anuncio realizado por la CIDH sobre la instalacin de la Mesa de Seguimiento a las Recomendaciones del GIEI-Bolivia; la cosmovisin bblica en relacin a la administracin de justicia y forma en la que deben conducirse las autoridades judiciales y la aplicacin de dichos preceptos en la actualidad.

Durante el conversatorio se hizo nfasis a la corrupcin en la justicia como uno de los problemas ms serios de gobernabilidad en Amrica Latina, en especial en la interferencia en la independencia e imparcialidad judicial, tanto respecto de los poderes pblicos del Estado como en relacin a cualquier grupo o persona.

La corrupcin es una de las principales causas de prdida de independencia e imparcialidad judicial, pues al ser instrumentalizada la administracin de justicia para hacer el mal a los dems; y, no actuar en correccin y justicia, conlleva a perversidad, descomposicin y ruina de la institucionalidad.

La corrupcin est ntimamente ligada a esa angurria al dinero, a la codicia y a la avaricia, amor al dinero, al transformar el dinero en deidad y que todo gire alrededor de l, en bsqueda de satisfacciones plenas y que sea lo ms inmediato posible.

Cabe mencionar que el profesor de Derecho, Lawrence Lessing, de la Universidad de Harvard, seala que la independencia judicial es una dependencia debida, es decir, un sistema judicial que depende de la ley y no del presidente, de la poltica, o de cualquier otro factor, que pueda contaminar a la justicia.

Roberto Laver (ex abogado senior del Banco Mundial), por su parte, afirma: la independencia judicial ha sido obstaculizada en gran medida por la influencia penetrante e indebida que han ejercido actores provenientes del Poder Ejecutivo. Es habitual que los gobiernos interfieran en la gestin de nombramientos y procesos judiciales.

En ese sentido, cuando los pases llegan a esos altos y generalizados niveles de corrupcin, lastimosamente es en complicidad con el factor social, derivando a que lo jurdico sea tan solo apariencia o simple apantallamiento pues en realidad lo que ms pesa y es ms efectivo es la corrupcin, vulgarmente conocidos como los amarres o arreglos econmicos con los factores polticos judiciales sumado en algunos casos, a la propaganda meditica como distraccin, entretenimiento, tergiversacin o manipulacin al pueblo, convirtindose los procesos judiciales en reality show (nacionales e internacionales) para simular que se estara luchando efectivamente contra la corrupcin.

Desde tiempos inmemorables se vienen repitiendo la misma frmula de siempre: reformas; sin embargo, toda reforma es simple fachada, mucha reforma formal poco real.

Existe un exagerado nfasis en situar las reformas institucionales como la solucin al problema de la corrupcin. Si bien las cuestiones relacionadas con la distribucin del poder poltico y los pesos y contrapesos son de vital importancia, pero no debemos olvidar que las prcticas sociales o normas culturales constituyen un factor clave, aunque marginado en el discurso y anlisis sobre la independencia judicial. Lo institucional no es suficiente sin un cambio de cultura poltica.

Recordemos, el Informe 2010 de la Corporacin Latinobarmetro, donde ya advertan que el uso del poder y la influencia poltica para promover el favoritismo hacia los familiares, amigos y otros contactos se concibe con frecuencia en sociedades latinoamericanas, como una conducta aceptable y legtima. Encontrndose este problema presente en todos los estratos y sectores de la sociedad.

La corrupcin provoca una degeneracin cultural, es un tema cultural degenerativo. La contaminacin social con la corrupcin es enorme porque mucha gente las comete porque todo el mundo lo hace habiendo sido la CORRUPCION INTERNALIZADA en la sociedad, por ende, es menester cambiar aquel chip mental social.

Ahora bien, tampoco creamos que, por ser un pas religioso, ste ser menos corruptos. Los datos demuestran lo contrario (Ej.: en casi todos los pases de Amrica Latina, las personas que profesan alguna fe religiosa superan en algunos casos el 90 % de la poblacin respectiva; sin embargo, la situacin de corrupcin se encuentra generalizada); por lo tanto, no es cuestin de religin, sistema de gobierno o pas pobre o pas rico, es un tema de valores y principios enraizados y cultivado en las personas.

La investigadora Heather Marquette opina con bastante claridad de que: el creciente llamado a que se utilice la religin para combatir la corrupcin se basa en el MITO de que la religiosidad en una sociedad est asociada a menos corrupcin.

Es as que el desafo es enorme, pues para salir de la constante crisis judicial es principalmente con un cambio cultural, una verdadera revolucin cultural cimentada en principios y valores ticos morales.

Pepys Internacional, en su informe Justice System, establece que las reformas deben focalizarse en la tica personal y la actitud de la sociedad hacia la conducta tica. Tiene que haber una creencia compartida en la sociedad de que la tica importa.

En el mbito de las religiones, si bien es destacable sus contribuciones humanitarias, pero a ello, es necesario una mayor participacin rumbo a un cambio cultural, y all, los retos son considerables y amerita que las iglesias, a travs de sus lderes, instituciones y miembros, puedan ser parte ms fundamental de la solucin, donde los lderes y creyentes puedan demandar integridad (exigir justicia y buena gobernabilidad) pero a su vez, tambin puedan demostrar integridad, proyectando valores y conductas ejemplares en la tica y moralidad pblica de los creyentes, cada uno en su campo de accin donde se encuentre o le toque estar, sin caer en radicalismo religioso ni corporativismo fantico religioso.

Teniendo en cuenta que debajo del sol no hay nada nuevo, tan slo sofisticacin, desde una perspectiva bblica podramos decir, que a nivel mundial vamos rumbo a los tiempos de Miqueas, esto es, cada vez se profundiza ms el detestable autoritarismo y tirana, as como en aquella poca (de Miqueas), donde la corrupcin estaba arraigada en todos los sectores de la sociedad, a tal punto que nadie poda confiar en nadie, habindose destruido la confianza social (Miqueas 7: 5).
Sin embargo, el valiente Miqueas no fue aptico a todo ello pues se preocup por la decadencia moral generalizada y decidi ocuparse del problema, confrontando a los lderes corruptos tanto polticos como religiosos de la poca, por cuanto entendi que no haba posibilidades de prosperar como nacin a menos de que la sociedad cambiara sus prcticas corruptas y opresivas.

En el mbito de las religiones, as como Miqueas resulta propicio que las religiones deban despertar a la realidad, esto es: la existencia de una corrupcin endmica y con consecuencias devastadoras.
Finalizo, parafraseando a Roberto Laver, quien afirma: La fe y la iglesia tiene el potencial de poder contribuir a una transformacin de valores y normas personales y sociales. Lderes y creyentes en general, es hora de despertar y actuar!.