Que recordemos, nunca antes un simple apretn de manos entre dos mandatarios produjo tanta polmica, como el recientemente protagonizado por el presidente Barak Obama y Ral Castro, en oportunidad de celebrase el homenaje pstumo a Nelson Mandela, en el Estadio de Soweto en Surfrica.
Los comentarios ms cidos contra este acto protocolar provienen lgicamente de los ncleos cubanos y latinos en general, adversos al octogenario dictador y por que no, tambin de parte de los crculos del republicanismo norteamericano no muy adictos a su presidente. Empero, Hubo acaso otra salida para Obama, al acceder al proscenio donde dijo uno de los discursos ms extraordinarios de su gestin, al encontrase de frente con su colega cubano? Por supuesto que no.
Lo corts no quita lo valiente dice el viejo adagio y an ms, el haber procedido de otra manera, como habra sido el deseo de muchos hormonales anticastristas, con seguridad habra opacado la feliz intervencin del mandatario gringo, desdibujando su propio discurso que fue de erigirse como un sucesor del finado y fijar un cierto paralelismo con l, especialmente en lo que hace a la filosofa del homenajeado que an despus de su muerte, pareca seguir uniendo a la gente.
Ahora bien, apartndonos un poco de la ortodoxia que suele guiar estos actos protocolares, donde nada se deja librado al azar, es lgico conjeturar que dicho encuentro tuvo que ser previsto, al menos, por el enorme contingente de asesores polticos y de seguridad. Por tanto, en nuestro modesto parecer este encuentro casual, muy distinto al que protagoniz aos atrs el presidente Clinton con Fidel Castro, o el propio Obama con el finado micomandante, donde hasta fue obsequiado con un lacrimoso librito de Galeano, pudo tener una connotacin premonitoria de lo que se est negociando bajo cuerda, entre los EE.UU. y la isla, para concluir de una vez por todas con la tragedia que se cierne sobre Venezuela;la erradicacin del creciente narcotrfico en la regin; la paz en Colombia etc. A cambio del levantamiento del famoso embargo y la transicin de la gerontocrtica monarqua comunista a un sistema ms moderno de gobierno, que les permita a los hermanos proclives a este rgimen, comer tres veces caliente al da y gozar de las bondades que ofrece la libertad y la democracia.
Estas y muchas otras razones deben estar previstas en el controversial apretn de manos.