Martes 31 de marzo 2026

Paz denuncia que en Chile cometieron el delito

YPFB certificó 150 millones de litros de combustible basura que arruinaron tu motor



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El Gobierno de Rodrigo Paz ha intentado vender una narrativa de conspiración internacional, pero los hechos técnicos desnudan una realidad devastadora: YPFB es el único responsable del colapso mecánico que hoy sufren miles de bolivianos. Al certificar como aptos 150 millones de litros de combustible adulterado, la estatal petrolera ha cometido el mayor atentado contra la propiedad privada en la historia energética del país.

El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz y el de Gobierno, Marco Oviedo, denunciaron que se identificó que “una red internacional” operaba comenzando en Chile para afectar al combustible que llega al país 

Bajo la lupa de La Mesa de Análisis, la denuncia sobre una red criminal en Chile que operó durante cinco meses no exime de culpa al guardián local. El delincuente extranjero hizo su negocio, pero fue el sello de aprobación de los laboratorios bolivianos el que permitió que ese veneno llegara directamente al tanque de más de 10,000 motorizados públicos y privados.

Hablamos de un convoy infinito de negligencia: 5,000 cisternas cargadas con "combustible basura" que cruzaron la frontera con el visto bueno de funcionarios estatales. No existe justificación técnica para que, durante 180 días, ningún filtro de control de calidad de YPFB haya detectado que el producto estaba fuera de norma y era altamente corrosivo.

Fue Marco Oviedo, quien indicó que una red internacional en total alteró combustible de 5.000 cisternas entre octubre de 2025 y marzo de 2026; es decir en cinco meses, con lo que se afectó 150 millones de litros.

Oviedo añadió que se identificó que esta red operaba en dos sitios claves de Chile, en la ciudad de Arica e Iquique, desde donde se desviaba las cisternas a garajes particulares, donde se mezclaba la gasolina con agua.

El daño causado es incalculable y afecta transversalmente a la sociedad. Desde el transportista pesado que hoy tiene su camión parado en el taller, hasta el ciudadano particular que ha visto cómo su vehículo de uso diario se detiene por inyectores tapados y motores fundidos, todos son víctimas de la certificación fraudulenta de YPFB.

Esta crisis de los carburantes ya no se trata solo de la escasez en los surtidores; ahora se trata de una estafa masiva avalada por el Estado. Al entregar un producto inservible bajo la etiqueta de gasolina premium o diésel certificado, la estatal petrolera ha roto el contrato de confianza más básico con el consumidor boliviano.

Resulta inverosímil que una red internacional pueda "estirar" 150 millones de litros sin que los laboratorios fronterizos de Bolivia lo noten. La pregunta visceral es simple: ¿Quién en YPFB recibió el beneficio de mirar a otro lado mientras el país se convertía en el vertedero de basura de los operadores de logística en Chile?

Desde la otra acera, el sector del transporte federado y libre ya no acepta la tesis del sabotaje externo como excusa. El delincuente está afuera, pero el cómplice necesario es el inspector de YPFB que firmó los certificados de importación asegurando que el combustible cumplía con los estándares de octanaje y pureza.

Los carburantes alterados han provocado una huella de destrucción mecánica que el Estado aún no sabe cómo compensar. Reparar el sistema de inyección de un solo motorizado afectado puede costar miles de dólares, una factura que YPFB debería asumir legalmente por su incapacidad manifiesta de controlar lo que importa.

La magnitud de la negligencia sugiere una zona liberada para la corrupción. Durante medio año, el país importó veneno certificado, lo que demuestra que los protocolos de seguridad energética son una ficción burocrática diseñada para cobrar tasas, pero no para proteger la maquinaria productiva de la nación.

El Presidente Paz, que hizo la denuncia, apela al sentimiento nacionalista contra los saboteadores extranjeros, pero guarda silencio sobre la depuración interna necesaria en la estatal petrolera. Si el Estado no puede garantizar que el combustible que vende no va a destruir un motor, ha perdido su razón de ser como administrador de recursos estratégicos.

La indignación ciudadana crece en los talleres mecánicos, donde se amontonan los testimonios de bombas de gasolina quemadas y depósitos llenos de sedimentos. Esta es la realidad que el fútbol no podrá tapar: el patrimonio de miles de familias bolivianas ha sido arruinado por el sello de "aprobado" de un funcionario de YPFB.

La justicia boliviana tiene la obligación de ir más allá de la denuncia diplomática. Se requiere una investigación forense sobre los registros de cada una de las 5,000 cisternas y la aprehensión inmediata de quienes certificaron la entrada de 150 millones de litros de basura energética al territorio nacional.

El Dato de Cierre: Expertos en logística internacional señalan que es imposible alterar tal volumen de combustible sin la coordinación directa de los receptores finales, lo que sitúa a la cúpula técnica de YPFB en el centro de la sospecha criminal por omisión.


 


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