Miércoles 08 de abril 2026

¿Estamos en puertas de una nueva Cruzada?



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Bartolom I, Patriarca de Constantinopla y mximo lder dela Iglesia Catlica Apostlica Ortodoxa que comprende a ms de 300 millones de cristianos en todo el mundo, estuvo en Roma por primera vez en casi diez siglos, para asistir a la asuncin del Papa Francisco, en una visita sin precedentes. Para su feligresa, l es considerado sucesor de Andrs el Apstol, hermano de Simn Pedro, del cual, a su vez, el Papa de Roma es considerado su sucesor.

Dicho encuentro se produjo en el marco de una reunin con todas las delegaciones de iglesias cristianas que participaron de tal evento, donde tambin participaron representantes de las comunidades judas, con quienes se comprometi a proseguir el dilogo ecumnico en aras de la unidad, iniciado con el Concilio Vaticano II.

En tal oportunidad el Sumo Pontfice afirm: "Deseo asegurar mi firme voluntad de proseguir con el dilogo ecumnico y, siguiendo la misma lnea que en los anteriores, es urgente que todos los cristianos seamos una sola cosa, para testimoniar el Evangelio de manera libre, alegre y valiente. Ese Ser nuestro mejor servicio (la unidad) en un mundo de divisiones y rivalidades".

A su vez, el Patriarca Bartolom I manifest que la primera preocupacin de los cristianos tiene que ser la unidad, para poder dar un testimonio creble, e invit al Santo Padre a un viaje a Tierra Santa, para celebrar juntos el 2014, un oficio en honor de los pioneros del dilogo entre catlicos y ortodoxos, rindiendo as un justo homenaje al histrico encuentro de enero de 1964 en Jerusaln, entre Pablo VI y el patriarca Atengoras, que marc un hito en la reconciliacin entre la Iglesia catlica y las Iglesias ortodoxas.

Dicha cumbre cristiana no tendra mayor relevancia si no se considera su gnesis histrica iniciada en el ao 1054, cuando se produjo el gran cisma de las iglesias de Occidente y Oriente, originado en gran parte por la fidelidad de los primeros al papado de Roma, donde la autoridad eclesistica suprema corresponda al Obispo de Roma, quien es legitimado como sucesor del apstol Pedro por boca del mismo Cristo, mientras que la autoridad de los de Oriente, resida en un episcopado integrado por todos los obispos, cuyo Patriarca es considerado sucesor de Andrs el Apstol, hermano de Simn Pedro. Adems, el hecho de que la comunidad bizantina del sur de Italia se negara a rendir homenaje al Papa Len IX, ocasion una fuerte discusin entre ambas Iglesias, generando un conflicto que finaliz con la excomunin de la Iglesia Oriental que, a su vez, respondi de la misma forma, decretando el cisma definitivo. Pese a que ha habido varios intentos de reunin, lo cierto es que sta nunca se produjo, hasta el encuentro mencionado.

Estos acontecimientos suscitados a lo interno de la iglesia catlica, desde hace dos mil aos, y que encierran mucho de anecdtico, como fue el cisma de la iglesia anglicana con Roma, por el matrimonio de Enrique VIII con Ana Bolena, no solo marcaron y marcan la gnesis y el devenir de los principales sucesos polticos que derivaron de stos. De ah que, sin mayor abundamiento en estos hechos,  procurar analizar el significado que tuvo el ltimo encuentro de Roma.
Razones valederas para una renuncia.-

Se han vertido innmeras especulaciones sobre las causas que llevaron al Papa Benedicto XVI a abdicar a su cargo, y que lo llevaron a afirmar: Dios pareci dormir estos ltimos aos. Sin embargo, las razones, por ms graves que estas fueran, no solo pasan por la pedofilia, los matrimonios gay, o las finanzas mal llevadas del Banco del Vaticano, y tampoco por ese informe de 300 pginas, que tres cardenales octogenarios elevaron a conocimiento de Benedicto, sobre las peores prcticas que ocurren en la curia vaticana; que son de perfecto conocimiento del actual Pontfice y que la iglesia supo absolver sin inmutarse y muy hbilmente desde hace dos mil aos. En nuestro modesto entender, una de las razones ms fehacientes e irrefutables radica en la actual situacin de las iglesias cristianas en el mundo, frente a la excesiva proliferacin del islamismo y, en especial, del fundamentalismo musulmn, representado por el Hishbola, Hamas, Al Qaeda etc.

Al margen de la amenaza que este crecimiento tnico representa para los pases europeos, en su gran mayora cristianos, sabemos que el objetivo central de los fundamentalistas musulmanes radica en la eliminacin del Estado de Israel como tal y por ende, el fin del judasmo y tambin del cristianismo.

El estado judo, amalgamado con los ms importantes sectores de poder de los EE.UU., ha manejado tras bambalinas, con admirable habilidad, su propia guerra santa. Sin disparar un solo tiro ha logrado derrotar y desquiciar a cinco de sus ms poderosos enemigos: Egipto, Siria, Iraq, Libia y Lbano que en cruentas guerras intestinas se han destruido y ha perdido todo su potencial blico, quedando tan solo Irn, como su nico contendor y en torno al cual, por obvias razones geopolticas, se han unido casi todos los musulmanes, especialmente los fundamentalistas, con el apoyo de China y Rusia. De ah se explica la pertinaz actitud de ambas potencias, de usar su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para evitar una intervencin en el conflicto sirio, como se hizo en Libia, y as permitir la catstrofe que est desangrando ese pas. De ello podemos inferir que, en ese ajedrez poltico tan inhumanamente frio, el actual problema de Corea del Norte obedece a un ardid chino-ruso dirigido a abrirle un frente a los EE.UU. que distraiga su atencin hacia la defensa de sus aliados del Asia y debilite sus fuerzas en el Medio Oriente.

Francisco y el Papa negro.-

Pese a las mltiples suposiciones formuladas sobre el acaecimiento del Obispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio al trono de San Pedro, consideramos til formular una, que a nuestro entender est muy cerca de la verdad y que caracteriz a dicho advenimiento.

Pese al hermetismo que caracteriza al cnclave cardenalicio que elige al Santo Padre, se ha filtrado que en el Conclave que eligi a Benedicto XVI Joseph Ratzinger,  uno de los cardenales que tuvo una nutrida votacin, antes que salga la fumata bianca, fue precisamente Bergoglio. Empero, al tercer escrutinio, ste habra decidido ceder sus votos a Ratzinger, actitud que le fue reconocida por ste cuando Bergoglio, de retorno a Buenos Aires,  renunci al arzobispado por haber cumplido 75 aos de edad, dicha dimisin fue desestimada por el Papa y, por el contrario, ascendi a Bergoglio a Provincial de la Orden Jesuita en Buenos Aires, presintiendo quizs su futuro alejamiento y considerando a este hombre, como a su legtimo sucesor.

Los recientes acontecimientos se han encargado de darnos la razn ya que, desde su llegada al Vaticano, el Santo Padre ha visitado en ms de dos oportunidades a Ratzinger y todos los actos simblicos y atrayentes de humildad y justicia que ha venido realizando parecieran ser inspirados en ese su brillante antecesor que, por su edad y salud, se vio muy inhibido a hacerlos l mismo.   

Igualmente, dichas caractersticas dieron pbulo a conjeturas que generalmente menudean cuando existe un cambio de Papa. Por ejemplo, en las profecas del obispo benedictino irlands Malaquas, quien viviera hacia mediados del Siglo XII, se cita un listado de 111 nombres, calificativos o lemas que designan a un nmero igual de papas que reinaron desde el ao 1143 hasta el que sera el ltimo Papa de la Iglesia  Catlica, sealando con bastante precisin, los apodos y las propiedades personales de cada uno de ellos, o de elementos relacionados con su origen o funcin, al igual que circunstancias polticas, sociales o militares que aparecen durante su pontificado. Es as que, para el Papa que vendra despus de Benedicto XVI, si bien l le atribuye el nombre de Pedro II, del que afirma: que conducir su grey por muchas tribulaciones y su reinado coincidir con el acabose de la ciudad de las siete colinas (Roma) que ser destruida y el terrible juez juzgara a su pueblo, coincide con las profecas de Nostradamus cuando predice la llegada de un Papa negro, despus de Benedicto XVI. Pues aunque Francisco no sea un Pontfice de color, pertenece a la orden de los jesuitas, que suele usar el trmino Papa negro para identificar a su superior. No en vano l mismo Francisco, en una alocucin criptica y serfica, en su presentacin expres: Vengo del fin del mundo Casualidad?

Los Jesuitas y el Papado.-

Desde la fundacin de la Compaa de Jess hasta el ao 2013, ningn jesuita se convirti en Papa, considerados grandes consejeros e influyentes miembros de la curia romana desde los siglos XVI y XVII hasta el pontificado de Juan Pablo II donde se ciment y aument la influencia de la orden de los Legionarios de Cristo y el Opus Dei.

San Ignacio de Loyola, el fundador, quiso que sus miembros estuviesen siempre preparados para ser enviados con la mayor celeridad, all donde fueran requeridos por la misin de la Iglesia, como una suerte de fuerzas especiales que, en el mbito militar se conocen como comandos. Ceidos siempre, y dentro de la ms estricta observancia a sus tres votos normativos de su vida religiosa: Obediencia, pobreza y castidad, a ms de un cuarto voto, que es la obediencia al Santo Padre, bajo el sugerente lema: Militar para Dios bajo la bandera de la Cruz y servir slo al Seor y a la iglesia, su esposa, bajo el Romano Pontfice, Vicario de Cristo en la Tierra A estos votos,  un grupo de siete jesuitas liderados por Ignacio, sumaron otro solemne, que fue el de  peregrinar a Jerusaln. Ello ocurri en la capilla de los Mrtires en Pars, situada  en la colina de Montmartre, un 15 de agosto de 1534. Siempre rescatando el objetivo especfico de las antiguas cruzadas, que fue el de restablecer el control cristiano sobre Tierra Santa. El mismsimo Napolen, en sus memorias, escribira: Los jesuitas son una organizacin Militar, no una orden religiosa.

En puertas del Armagedn.-
De no primar la actitud y el aspecto grotesco y bufo del lder norcoreano y de toda la escenografa blica de sus eventuales combatientes, el mundo estara hoy, quizs mas alarmado que en la crisis de los misiles de 1962. Sin embargo, en un luntico de esa naturaleza es muy fcil que se replique la famosa metfora del peligro que conlleva un mono con navaja. Tal actitud nos recuerda los desplantes del finado micomandante venezolano, cuando se daba a la tarea de maldecir, desde sus vsceras, al estado judo, eptetos que curiosamente se le revirtieron de forma trgicamente dolorosa.

Los judos no necesitan la Cristiandad para definir sus orgenes. Pero los cristianos necesitamos a los judos para definir el nuestro, y los musulmanes necesitan de la eliminacin de ambos para ampliar su hegemona, al menos as lo entienden  los fanticos impulsores de la Yihad (Guerra santa) o el decreto religioso de guerra basado  en el llamado del Corn para extender la ley de Dios. No lo consideran de la misma forma los musulmanes menos radicales y occidentalizados, como los de Arabia Saudita y los emiratos rabes.

Al margen de nuestras diferencias, por un simple instinto de conservacin, todas estas fuerzas (del bien) se enfrentarn tarde o temprano a aquellas (del mal) en un escenario que podra ser el Valle de Mejido y en el marco de una nueva y original Cruzada.