Viernes 06 de noviembre 2026

San-abria: el santo desestabilizador



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Todo se puede criticar y/o denostar sobre el imperio norteamericano, menos su sistema judicial en el cual descansa el verdadero fundamento de su democracia y aquella seguridad jurídica que lo consagra como una potencia, desde hace más de doscientos treinta años.

Afirmar que Sanabria está negociando su reducción de condena, a cambio de afectar la imagen de S.E. y la de sus ministros es una simpleza. Bajo esa óptica, todos los criminales en la Unión utilizarían ese fácil expediente de calumniar y acusar a quien le venga en gana, desde Obama, hasta al Presidente de la Corte Suprema de Justicia y así salirse con la suya.

¡No, no es así! El mecanismo de la fiscalía norteamericana opera de manera distinta y se basa en lo siguiente: “cuanta más información veraz tengas, tanto más vales” Las informaciones que el supuesto delincuente ofrezca deben ser consistentes y debidamente corroboradas, de forma que tengan un carácter irrefutable  y no pongan en riesgo la credibilidad del Estado, cuyo abogado, el Fiscal, no se haga pasible a una querella penal por Injurias y calumnias, que a su vez derive en una reparación de responsabilidad civil que demande millones de dólares al contribuyente, por concepto de resarcimiento.

Las permanentes suspensiones de las audiencias judiciales de Sanabria, que S.E. califica como “sospechosas”, han sido a requerimiento de la defensa del propio General. Primero, por el cambio de su abogado y segundo, por el cambio de estrategia de la defensa.

Aquello de que el Gral. Sanabria sea un agente de la DEA, como lo han venido afirmando varios altos funcionarios de gobierno, lejos de mitigar la paranoia oficialista contribuye a  exacerbar un pánico infundado, toda vez que el gobierno sostiene que en la lucha de interdicción y combate al narcotráfico es él, el que más méritos ha obtenido en la región.
 
Por su parte, no dice muy bien de la solvencia de los organismos de inteligencia del Estado que han debido evaluar la hoja de vida del general, antes de recomendarlo a S.E. para su posesión en los altos cargos de Zar antidroga del país y Director del Centro de Inteligencia y Generación de Información del Ministerio de Gobierno (CIGEIN).

No es recomendable evaluar la justicia norteamericana con la lente de la nuestra. Casos como el de Leopoldo Fernández, Guillermo Fortún, Juan Antonio Morales y muchos otros que pueblan nuestras cárceles sin condena, sería imposible que se susciten en los EE.UU.
Resulta pues una falacia pensar que los norteamericanos estén preparando para este próximo 23 de septiembre, fecha marcada para la audiencia de Sanabria, una tramoya dirigida a encarcelar “sin motivo” a inocentes bolivianos. 

Lo factible y muy probable es que la justicia norteamericana, y en especial la jueza Ursula Ungaro que llevó sin contemplaciones a Noriega a  la cárcel,  actuarán esta vez no solo contra los bolivianos que conspiraron para llevar droga a los EE.UU., sino a venezolanos, ecuatorianos, nicaragüenses y otros que posiblemente lo hicieron. Lo hará emitiendo una orden de captura internacional a través de Interpol y las respectivas solicitudes de extradición. Todo ello con o sin el concurso de San-abria: el santo desestabilizador.