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Es improbable que los sabios de la cancillería chilena hayan podido decodificar hasta el día de hoy, el modelo de diplomacia que S.E. se ha propuesto imprimir en nuestras relaciones con ese “país hermano”. Antes de profundizar en el tema, es necesario aclarar al lector que el término “Chenko”, en aimara, significa una mezcla caprichosa de varios ingredientes o argumentos en la realización de una obra.
Esta novedosa fórmula diplomática, con una tecnología que debió ser aplicada cuando los aimaras derrotaron a los imperios: romano y británico, consiste en aturdir al oponente hasta cojudizarlo. El ataque personal es infalible y radica en dañar su prestigio o resaltar sus defectos tales como la obesidad, la estatura, el sexo etc., siempre tratando de mirar la paja en su ojo, sin escudriñar la presencia de una viga en el propio.
Para desconcierto de nuestros marólogos, el tema central de la nueva política marítima con Chile se ha caracterizado por la introducción de variables muy difíciles de descifrar y que trascienden la agenda de los 13 puntos previamente pactada. El inicio de las negociaciones fue marcado por el insólito connubio entre nuestros mandatarios; luego con la práctica del fútbol con el presidente actual, para culminar repentinamente con la inconsulta detención en Arica de nuestro Zar antidroga, por tráfico de estupefacientes y el apresamiento de nuestros militares en la localidad de Colchani, por auteros.
Luego vino la técnica del confucionismo (muy ajena a la doctrina de Confucio), que consiste en mezclar caprichosamente los argumentos hasta embrollar al contrincante con todo tipo de sinlogismos, como aquello de que Chile es un país hermano, pero poblado por unos “hijos de papa” que no nos quieren. Esto nos hace sospechar que la madre del cordero estuvo nomás escondida en el caso Sanabria, antes que en la salida al mar o en la revisión del tratado de 1904.
El hecho de que antes de detenerlo no hubiesen comunicado al gobierno, obedece a que ellos fungen de chivatos de la DEA y del imperio. Asimismo, que la policía del Mapocho se haya dado al trabajo de filmar con detalles todo el proceso de robo de un vehículo chileno, hasta su trueque por droga en suelo boliviano y presentar este video justo el día en que nuestro canciller iba a explayarse en la OEA, fue un acto artero y de traición intolerables; finalmente, que tiras chilenos se hayan dado a la tarea de detener a nuestros bravos militares en plena tarea de combate al contrabando de vehículos, fue la cereza que adornó el helado.
Como para demostrar a Piñera nuestros artilugios en el arte de la guerra, los cuales harían palidecer de envidia al clásico chino Sun Tzu, acabamos de denunciar la convención de Viena sobre drogas y a las pocas horas hemos pedido nuestro reingreso a dicho tratado. Solicitamos a los europeos que nos ayuden a restablecer nuestras relaciones con los EE.UU. y demoramos la firma del acuerdo con ellos y con el Brasil, para la lucha conjunta contra el narcotráfico. Todo ello define la historia política contemporánea de Bolivia como un antes de Sanabria y un después de Sanabria, donde las relaciones exteriores están sujetas a la diplomacia del chenko.