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"Cuando advierta que para producir necesita obtener autorizacin de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias ms que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que estn protegidos contra usted; cuando repare que la corrupcin es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podr, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad est condenada." Ao 1950.
Nada ms oportuno que este demoledor prrafo de AYN RAND, escritora estadounidense de origen ruso, para hablar de la economa poltica de la cocana, del poder del narco-capital global que corrompe globalmente, sin fronteras, hoy en Bolivia.
La produccin de drogas, tanto o ms que un problema de carcter tico y social -que lo es en efecto- es mucho ms un problema de economa poltica, cuyos ndices de productividad, competitividad y millonarias ganancias dan envidia a muchos otros sectores de la economa legal. Ser que los del autodenominado gobierno de cambio, desconocen el carcter ferozmente capitalista de la produccin de cocana, o se hacen los giles?
Slo cuando dejen de lado su ya insoportable cinismo frente al sistema capitalista y reconozcan la economa poltica de la droga y el narco-capital que la mueve, Bolivia podr sincerarse frente al cultivo de la hoja de coca, cuyo crecimiento exponencial y excedentario tiene un solo destino: materia prima para la produccin de cocana. Lo dems, son pamplinas y eso que estamos de acuerdo en que la hoja de coca, no es cocana, pero nadie puede negar que con esa hoja se hace cocana. Es su materia prima.
En todo caso, giles no somos y por eso exigimos un mnimo de honestidad poltica, econmica, social y tambin intelectual para tratar el tema del cultivo de la hoja de coca para la fabricacin de cocana, su comercializacin, distribucin y consumo, amn del narcotrfico y las secuelas de toda ndole que deja a su paso.
La cocana, ya lo hemos dicho, pero lo reitero, es una mercanca como cualquier otra y tiene valor de uso en tanto satisface determinado tipo de necesidad humana. Como toda mercanca, la cocana se realiza en el mercado, y es ah donde adquiere valor de cambio dado por el precio sujeto a la oferta y la demanda. Ese precio contiene el plusvalor, o plusvala o trabajo no remunerado del que se apropia el narco-capital, en la larga cadena de trabajo humano contenido en la produccin de la droga. Para que esa mercanca llegue al mercado donde es intercambiada por dinero, ha pasado por un proceso de relaciones sociales de produccin, en las que el narco-capital es determinante. Es decir, la compra de materia prima: la hoja de coca; la adquisicin de bienes de capital: equipos y maquinaria; el aprovisionamiento de energticos e insumos qumicos para la produccin de la cocana; la cadena de transporte, comercializacin y distribucin se realiza con dineros provenientes del narco-capital global, aunque parezcan locales. El lavado de dinero que entra en el circuito de la circulacin como capital blanqueado y legalizado, es parte del mismo narco-capital reciclado.
El circuito de la cocana empieza en el cultivo de la hoja de coca, que nada tiene de sagrada a la hora analizar la economa poltica implcita en su largo proceso de produccin. El productor campesino que cultiva la hoja ese cocalero fiel a Evo Morales, cocalero como lo fue l en su tiempo, y como Felipe Cceres segundo de Morales entonces, y hoy Viceministro de Defensa Social- no es capitalista, pues no contrata obreros asalariados. En ese orden, los cocaleros, como el eslabn ms bajo de la cadena productiva, son explotados, pues solo reciben el pago equivalente a la reproduccin de su fuerza de trabajo y nada de las millonarias ganancias generadas en el mercado mundial de la cocana. Sin embargo, como productor mercantil simple, proveedor de la materia prima la hoja de coca para la produccin de la cocana- ese campesino est insertado en los mercados mundiales del narco-capital, sin patria ni nacionalidad, porque es global.
El narco-capital y la poltica Siendo un sucio e ilegal negocio que produce millonarias ganancias -tanto como el trfico de armas y de personas, sobre todo mujeres- la economa poltica de las drogas suele tener implicaciones polticas pues el poder del narco-capital se filtra, infiltra y corrompe las cabezas de instituciones encargadas de la represin y control al ilcito negocio, en todas partes del mundo y Bolivia no tendra porqu ser una excepcin. El acceso a personas en capacidad de mando en niveles estatales, permite que la economa poltica de la cocana se desenvuelva con relativa soltura. En los hechos, existe una base material la capacidad de comprar conciencias, corrupcin al fin- para explicar casos como el del general Ren Sanabria y otros implicados de ayer y de hoy, responsables, nada menos, que del control y represin al narcotrfico. Sin embargo, piensan los del gobierno del cambio en el poder poltico del narco-capital con el que se mueve la industria de la cocana?
A falta de argumentos vlidos para explicar el terremoto Sanabria, los del cambio achacan a la DEA, a la CIA, al imperialismo, al neoliberalismo, a la derecha, a los medios de comunicacin, a periodistas, al gonismo, y si mucho apura, podemos llegar a Mandrake el Mago. Pero no mencionan a las mafias del narco-capital que se campean como Pedro por su casa en Bolivia; que corrompen y compran conciencias a moros y cristianos, que ejercen feroz violencia, ajustando cuentas a matar, que ganan miles de millones de dinero que ingresa y engrosa al narco-capital, a costa de cientos de miles de hombres y mujeres que sucumben al letal consumo de cocana.
Tampoco explican que con 30.500 hectreas de sembrados, se tiene un potencial de produccin de 54.000 toneladas de coca y 113 toneladas de cocana, segn informes de Estados Unidos de Amrica sobre las drogas: marzo y junio de 2010. Hoy, con cerca de 35.000 Ha., el potencial de produccin puede llegar de 180 a 195 toneladas de pasta base, de acuerdo a datos publicados en Internet y otras agencias. Tambin hay publicaciones que hablan de que con 150 toneladas de pasta base, la produccin per cpita de cocana en Bolivia es de 15 gramos; en el Per, con 290 toneladas, es de 12 gramos y Colombia, con muchas miles de toneladas ms, tiene un per cpita 8 gramos. Somos los primeros de acuerdo a nuestros 10 millones de habitantes! Mientras tanto, los del gobierno de cambio se hacen los giles y creen que los 10 millones de bolivianas y bolivianos, tambin somos giles.
Tan giles nos creen que cambian cabezas en la institucin policial y el mismo Morales da 100 das de plazo para erradicar la corrupcin, como si esa fuera la solucin para combatir al narco- capital. Es una parte, pero no toda. Con tanto asesor que tiene dizque de izquierda y marxista ninguno puede explicarle por qu se debe hablar de la economa poltica de la cocana, o es que son marxistas-izquierdistas de pacotilla, o no hay inters alguno en aclarrselo? Puede ser, porque ese cocalero campesino, el eslabn inferior de la economa poltica de la cocana, es explotado como campesino productor mercantil simple de la hoja de coca, materia prima para la cocana. Pero, qu contradiccin: al mismo tiempo, esos miles de cocaleros son la base de sustentacin poltica ms importante del presidente de Bolivia, tambin presidente de las 6 Federaciones de productores de la hoja de coca del Chapare. Qu contradiccin!
En tanto, el devastador terremoto y posterior tsunami en Japn, le dan un alivio meditico al gobierno del cambio y tambin al strapa de Libia, que sigue matando a sus habitantes, y aqu el presidente Morales defiende el principio de soberana. Ser que la soberana tiene licencia para matar, para hablar despropsitos y herir la conciencia democrtica del mundo a favor de los Derechos Humanos del pueblo libio?
De verdad, no somos giles.