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- 2026-03-16
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El gobierno de Chile ha movilizado maquinaria pesada a la zona norte para iniciar la construcción de zanjas y barreras físicas. Esta acción busca establecer un control rígido en la región de Pisiga para frenar actividades ilícitas.
Esta medida, analizada bajo la lupa de La Mesa de Análisis, representa un mensaje de fuerza del presidente José Antonio Kast hacia la región. El despliegue de este "escudo fronterizo" marca una distancia física y política con Bolivia.
El objetivo central es asfixiar las rutas del contrabando y detener el flujo de vehículos robados, conocidos como chuteros. Las autoridades chilenas identifican estos puntos como zonas de alta operatividad para bandas delictivas.
La estructura de las fosas no es superficial, ya que alcanzarán profundidades de dos a tres metros en sectores estratégicos. Estos obstáculos se complementarán con tecnología de punta, incluyendo sensores y monitoreo constante.
Desde la otra acera, el diputado Sebastián Videla aseguró que se respetarán los pasos utilizados por las comunidades locales y ancestrales. Sin embargo, la prioridad absoluta es sellar los accesos no habilitados que conectan con territorio boliviano.
Los trabajos comenzarán formalmente en Arica y Parinacota, extendiéndose luego por todo el cordón fronterizo del norte chileno. La presencia militar y logística en la zona asegura que las obras no se detengan en los próximos días.
Este blindaje busca reducir la inseguridad en las poblaciones chilenas que denuncian un flujo incontrolado de crimen transfronterizo. La zanja se convierte así en la primera línea de defensa de una política de seguridad nacional más agresiva.
Chile proyecta que el "escudo fronterizo" cubra los puntos más críticos de los 800 kilómetros de frontera compartida.