Domingo 15 de marzo 2026

Marset en EE.UU. y su familia en prisiones del continente

El clan Marset paga con cárcel su herencia ilícita



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La justicia boliviana puso fin a la libertad de Tatiana Marset Alba, hermanastra del hombre más buscado de la región, enviándola por 180 días al penal de Palmasola. Tras una audiencia de medidas cautelares en Santa Cruz, la mujer y otros tres cómplices fueron imputados por organización criminal y tráfico de armas, luego de ser hallados con un arsenal que protegía el círculo íntimo del uruguayo.

Bajo la lupa de La Mesa de Análisis, la caída de Tatiana no es un hecho aislado, sino el desmembramiento final de una estructura que creía que el dinero de las sustancias controladas compraba impunidad eterna. Mientras el líder del clan, Sebastián Marset, ya se encuentra bajo custodia en Estados Unidos, el resto de su familia ha quedado a la deriva, pagando la factura de una ambición que no tuvo límites geográficos ni morales.

En la audiencia, la Fiscalía presentó pruebas contundentes: metralletas, fusiles y pistolas que formaban el escudo de hierro del clan en Bolivia. La detención de la hermanastra de Marset expone la vulnerabilidad de una organización que, a pesar de sus nexos transnacionales, no pudo evitar que el brazo de la ley alcanzara a su núcleo más cercano en suelo cruceño.

Es imperativo detenerse en la sonrisa cínica que Tatiana Marset exhibió ante las cámaras; un gesto que desmiente cualquier intento de victimización. No estamos ante una joven arrastrada por las circunstancias, sino ante una pieza clave que vivía como reina gracias a los beneficios del negocio ilícito, demostrando una soberbia que solo tienen aquellos que se sienten por encima de la ley.

Desde la otra acera, la defensa intenta desmarcar a los aprehendidos de la estructura matriz, alegando que se trata de seguridad privada sin conocimiento de los nexos delictivos. Sin embargo, el armamento de guerra incautado y la relación de parentesco directa con el prófugo destruyen cualquier narrativa de inocencia o desconocimiento de las actividades del clan.

La desintegración del clan es total: mientras la esposa de Marset, Gianina García Troche, permanece recluida en una cárcel de máxima seguridad en Paraguay, la hermana inicia su ciclo en la peligrosa Palmasola. El imperio que construyeron sobre el tráfico de carburantes espirituales y sustancias ilícitas se ha reducido a celdas frías en distintos puntos del continente.

La captura de estos cuatro implicados, incluidos dos ciudadanos venezolanos, confirma que Bolivia ya no era solo un refugio, sino un centro de operaciones armado. La "vida de lujos" ha terminado, dejando claro que en el mundo del crimen, la familia no es un refugio, sino el primer rehén que el destino cobra cuando el negocio se desploma.

El clan Marset es hoy una familia dispersa en cárceles de tres países distintos: EE. UU., Paraguay y Bolivia.


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