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La docena de presidentes, o más, de la región que asisten a la cumbre anti-cárteles de Miami convocada por Donald Trump tenían tareas específicas que cumplir para merecer ese honor.
El que mejor cumplió sus tareas fue el ecuatoriano Daniel Noboa, que dos días antes de la cita rompió relaciones con Cuba, expulsó a los cubanos, y comenzó los operativos militares, junto con tropas de EEUU, para combatir a los narcos.
Hace un año, Noboa había pedido públicamente alguna ayuda que le permitiera enfrentar, dijo, a una poderosa transnacional que amenaza a Ecuador y provoca, en la lucha de las mafias, un muerto cada hora, unos 700 por mes.
El presidente paraguayo firmó el acuerdo por el cual EEUU puede instalar todas las bases militares que desee, sobre todo en la Triple Frontera, donde operan incluso terroristas de Hezbollah.
Javier Milei es el predilecto de Trump, su mejor aliado, su cumpa, y no necesita decir nada, aunque quizá se lance a criticar a gobiernos de países vecinos que siguen hospedando a terroristas iraníes, como Bolivia.
Rodrigo Paz tenía que haber llevado a Miami un informe preciso sobre la expulsión de los terroristas de Hezbollah que habían ingresado a Bolivia como diplomáticos para atacar a la Argentina, según denunció varias veces la ministra Patricia Bullrich.
La ministra argentina llegó a decir que eran 800 esos terroristas iraníes que estaban en Bolivia y en abril del año pasado pidió al ejército de su país movilizar 10.000 soldados a la frontera boliviana para frenar el ingreso de Hezbollah en su país.
El gobierno del MAS había negado la presencia de los terroristas iraníes en Bolivia y el presidente Rodrigo Paz tenía la tarea de informar ahora cómo es que su gobierno resolvió ese problema.
El ministro de gobierno, Marco Antonio Oviedo, hizo el ademán de cumplir otra tarea para la cita de Miami, ocupando el Chapare, pero no se atrevió.
Las brigadas de defensa del pedófilo Morales hicieron algunas amenazas y eso fue suficiente para que el gobierno decida retroceder en su intención de lanzar una severa erradicación de cocales, pero sobre todo de detener al pedófilo, que tiene tres órdenes de aprehensión.
El Chapare había golpeado la mesa y el gobierno de Bolivia retrocedió. El pedófilo mostró que ese territorio le pertenece, así como le pertenecen los jueces que no quieren liberar a los mil presos políticos.
El pedófilo es presidente de un territorio sudamericano llamado Chapare, pero no estaba invitado a Miami por razones obvias.
Siglo21bolivia.com