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Dice el ministro de gobierno que la banda mafiosa carioca llamada Comando Vermelho se ha propuesto adueñarse de la provincia de Santa Rosa, en el departamento de Pando.
Y añadió que está enviando policías y militares al lugar para evitar que eso ocurra, olvidando que las fuerzas que envió con ese mismo propósito a San Ignacio, en Santa Cruz, admiten que no tienen los medios para enfrentar a los narcos.
La motivación de estos intentos de invasión quizá no sea de conocimiento de Itamaraty ni de las fuerzas armadas brasileñas, pues es una guerra muy diferente a la del Acre, que se dio cuando la droga no reinaba en Bolivia, como lo hace ahora.
Y quizá digan estos mafiosos que tienen derecho a controlar territorios bolivianos del mismo modo que lo hacen otros muy conocidos, que han sentado soberanía en diferentes regiones de Bolivia.
Dirán, probablemente, ¿por qué, si el Chapare es de un cártel internacional, si el Amboró es de propiedad de narcos colombianos o el Isosog de los narcos paraguayos, nosotros no podemos tomar control de Santa Rosa?
El Comando Vermelho vive enfrentado al paulista Primer Comando da Capital y quizá sabe, mejor que el gobierno boliviano, que éste último controla el parque Noel Kempff Mercado, además de la región comprendida entre San Ignacio y San Matías, todo en el departamento de Santa Cruz.
En suma, que los narcos brasileños saben muy bien que están apuntando a territorios de un Estado fallido, que en este momento es ya ocupado, en grandes regiones, por otras mafias.
También saben que este país tiene ahora un gobierno que ha decidido no resolver los problemas de los combustibles porque así hace que perduren las importaciones, que generan ingentes recursos a los corruptos propios y ajenos, aunque, a cambio, el país esté paralizado y más fallido que nunca.
Es decir que la Bolivia del futuro, si no se corrige todo esto, será dispersa, con amplios territorios controlados por una talvez armoniosa mancomunidad de mafias.
Estaría surgiendo una realidad política diferente en la región, pero que podría ser eliminada por los países vecinos, que optarían por llenar el vacío, como más de uno de ellos quisiera hacerlo desde hace años.
Los gobiernos de izquierda producen esos resultados, como hicieron los soviéticos en la URSS, que manejaron un gigantesco país desde 1917 hasta 1991 y provocaron que se independicen siete repúblicas, aunque la mafia mayor se quedó con el corazón de lo que fue una superpotencia: Rusia.
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