Martes 15 de septiembre 2026

Estabilizar el dólar sin hundir la economía



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Bolivia enfrenta una de las decisiones económicas más difíciles de los últimos años: estabilizar el dólar y contener la inflación sin profundizar una recesión que ya golpea a los hogares y a las empresas.

 La pregunta ya no es si habrá un ajuste, el ajuste es inevitable; la verdadera pregunta es quién pagará su costo y cómo se ejecutará.

 Durante años Bolivia estuvo con un tipo de cambio prácticamente fijo respaldado por reservas internacionales que hoy ya no permiten mantener indefinidamente el esquema la transición hacia un tipo de cambio flexible fue en consecuencia una necesidad

Pero flexibilizar el tipo de cambio tiene un costo: cuando el boliviano pierde valor frente al dólar aumenta el precio de los productos importados, y de aquellos bienes nacionales que dependen de insumos del exterior, así la depreciación cambiaria termina traslándose a los precios y alimentando la inflación.  

Este problema no nació en los hogares, y sería un error atribuir la crisis exclusivamente a las familias que buscan dólares o a las empresas que necesitan divisas para importar.  El problema estructural durante años es que el estado gastó por encima de sus ingresos, y ese déficit fiscal terminó presionando sobre las reservas, la liquidez y la necesidad de financiamiento.  

Por tanto, aunque el Banco Central continue restringiendo la liquidez y elevando el costo del dinero, estará tratando principalmente los síntomas en lugar de la enfermedad.

El peligro de enfriar demasiado la economía nos muestra que una política monetaria excesivamente contractiva puede producir un efecto perverso: menos liquidez, menos crédito, menos inversión, menos producción y empleo, y cuando cae la actividad económica también disminuye la recaudación tributaria y podríamos terminar con una economía más pequeña, empresas debilitadas y un estado con menos ingresos mientras el problema fiscal permanece.   No se puede combatir la inflación construyendo o destruyendo la capacidad productiva del país

La estabilidad monetaria es indispensable pero también lo es preservar la producción y el empleo.   Bolivia necesita dólares y aquí está uno de los puntos centrales del debate: El país no resolverá su problema cambiando dólares o haciendo más escasos los bolivianos. necesita generar más dólares esto implica aumentar las exportaciones, recuperar la producción de hidrocarburos, facilitar la minería y, la agroindustria, atraer inversión extranjera, generar seguridad jurídica y, promover turismo y servicios exportables.  

También es necesario reducir las trabas burocráticas que encarecen y rezagan la actividad privada. En términos sencillos la estabilidad cambiaria sostenible no se construye solamente restringiendo la demanda de dólares, se construye aumentando la oferta de dólares Este cambio de enfoque es fundamental

Y si hablamos del ajuste ¿quién debe pagar el ajuste? Esta es una pregunta también política si el ajuste se traduce solamente en alimentos más caros, combustibles más caros, crédito más caro, menor inversión y pérdida de empleos, estaremos trasladando Prácticamente todo el costo de la crisis a los ciudadanos y a las empresas  El estado también debe asumir un importante costo, pero asumir este costo no significa mantener un gasto público insostenible, significa cambiar la calidad del gasto.  

La reducción debería comenzar por aquello que no genera productividad, ni empleo, ni bienestar esencial: Por ejemplo, la burocracia excesiva, empresas públicas deficitarias, los gastos improductivos, los subsidios mal focalizados y los proyectos de baja rentabilidad.  Al mismo tiempo, deben protegerse la salud, la educación, la inversión estratégica y los mecanismos de apoyo a los sectores más vulnerables.

Un ajuste inteligente es lo que necesita Bolivia. un programa de estabilización serio, creíble y gradual. No se trata de regresar artificialmente a un dólar de 6,96 ni de permitir una depreciación desordenada que termine alimentando una espiral inflacionaria.

El objetivo debe ser reducir la velocidad de la depreciación y recuperar progresivamente la confianza en el boliviano.   Para ello, se necesitan varias políticas que puedan actuar simultáneamente, entre ellas: la disciplina fiscal, la disciplina monetaria, el financiamiento externo, mayor producción, más exportaciones, más inversión privada y más protección social focalizada.

 Ninguna medida por sí sola va a resolver la crisis. El tiempo de las soluciones fáciles ha terminado.

Bolivia ya no puede resolver todos sus problemas utilizando reservas internacionales, manteniendo subsidios generalizados o sosteniendo artificialmente un tipo de cambio que las condiciones económicas ya no permiten financiar.  Pero tampoco debemos caer en el extremo contrario de pensar que la única forma de estabilizar la economía es provocar una recesión todavía más profunda.

El desafío consiste en que el ajuste recaiga principalmente sobre los desequilibrios que originaron la crisis y no sobre quienes producen y trabajan y consumen, porque Bolivia necesita gastar menos de lo que no puede pagar, pero también necesita producir más de lo que hoy produce.  Necesita menos déficit, pero más inversión, necesita más disciplina monetaria, pero también crédito productivo, necesita estabilizar el dólar, pero, sobre todo, necesita generar dólares.  Y aquí existe una diferencia fundamental entre ajustar una economía y hundir una economía.   

El ajuste debe corregir los desequilibrios, la recesión profunda en cambio destruye empleo, paraliza la inversión y debilita aún más la capacidad del país para generar ingresos.

Bolivia todavía puede evitar ese escenario, pero necesita actuar con rapidez y, sobre todo, con una estrategia integral. La fórmula es sencilla: menos déficit, más dólares y más producción equivalen a estabilidad.  Y si queremos que esta crisis sea el comienzo de una recuperación y no el inicio de una recesión prolongada, debemos mantener una verdad fundamental: Bolivia no necesita escoger entre estabilidad y crecimiento, necesita estabilizar la economía creando dólares producción y empleo y no solamente destruyendo la demanda.
*Economista