Un caro amigo me hizo llegar un correo electrnico que contena una descripcin extraordinaria acerca delMal de Hybris, una lacra quese atribua en la antigua Greciaal hroe que alcanzaba la gloria y, posedo por el xito, su desmedido ego le brindaba la sensacin de poseer dones especiales que lo hacan comportarse como un dios, capaz de realizar cualquier emprendimiento, hasta el de enfrentarse con los propios dioses. Un fenmeno que posteriormente el eminente neurlogo David Owen calific como: la locuraque provoca el poder, llegando a la conclusin de que: steintoxica tanto, que termina corrompiendo el juicio de los dirigentes.
Ante el advenimiento simultaneo de lderes latinoamericanos que en pocas recientes asumieron el poder por la va que sealaba Talleyrand: Los mediocres entran en la historia por el solo hecho de que estaban ah: como es el caso de Venezuela, la Argentina, Cuba y otros,pareciera que esa antigua sabidura griega cobra todo su valor. Personajes que por su ignorancia al asumir el mando supremo tenan un principio de duda sobre su capacidad para ejercer dichasfunciones, empiezan a pensar que son predestinados y estn en ese alto sitial por mrito propio, gracias a esa enorme legin de obsecuentes chupamediasque suelen integrar su entorno presidencial.
Una banda de zalameros que estn dispuestos a todo, con tal de no perder sus canonjas, lo primero que hacen es erigir una muralla impenetrable en torno al gobernante, donde su tarea consiste en enaltecer los mritos y valoresde los que ste carece; rer de sus chistes aunque stos carezcan de humor; llorar como plaideras por la ms mnima afliccin que leaqueje; justificar cualquier error o falla que ste cometa, desde un cuesco hasta un ataque de furia inmotivado y estar dotados de una espina dorsal de gomacapaz de doblarse hasta los 90, para permitir sus hbiles genuflexiones; todo ello,hasta que el monstruo afloray se siente llamado por el destino para librar grandes hazaas y empiezaa pensar que l es un ser divino e insubstituible, sin reparar en ese famoso proverbio antiguo que reza: Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.
Lo nico que este squito de alcauciles no quiere ni se atreve advertir al soberano,por el riesgo de perder ellos mismos la cabeza al instante mismo de formularle su advertencia, es la posibilidad de que cualquier da ese poder seacaba y la magiaconcluye.As como en el cuento de la cenicienta,cuandoel carruaje maravilloso se convierte en calabaza. Es pues importante estar preparadospara taleventualidad, ya que en nuestro modesto entender, la sabidura de un poltico se mide ms que en su habilidad para subir al poder, en su destreza para saber caer de l. En ese cruel momento cuando cesa en sus funciones o pierde las elecciones, viene el desastrey entonces los aduladores huyencomo de la peste y slo lo acompaa un cuadro depresivo que no puede comprendery que a su vezse convierte en el chaki que sobreviene a la borrachera de poder.