Sábado 17 de octubre 2026

Ajústese el cinturón que volamos



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Toda la artillería contra la medida gubernamental. Calificativos sobran y los insultos llegan. Marcha de la bronca, pedido de agruparse sin esperar convocatorias políticas, gritos y maldiciones, velitas prendidas para que esta medida sea el final de Evo. Eso es todo.
No me parece que sean las rutas por donde se debe caminar. Hay que repensar el proceso. Salir de la histeria al análisis sereno y la contrapropuesta.

Tenemos que refrescar la memoria: especialmente a los héroes de Octubre, aquellos que al grito de “guerra civil” “gas ni a Chile ni por Chile”, quebraron el proceso democrático y se hicieron del Poder. Hace cinco años que Evo Morales le da con el combo del socialismo chavista a todo lo construido desde 1985 y según su discurso el neoliberalismo ha muerto en Bolivia y el Socialismo – populista nos trajo el “vivir bien”. Es bueno recordar a muchos que Goni hace siete años que está viviendo bien en Washington: callaro nomás y sin acordarse de nadie, lo que quiere decir sin que le importe la suerte de nadie, en Bolivia o fuera de ella.

Resulta que ahora Evo es neoliberal. Y parece que ser neoliberal es asumir las cosas con criterio, aunque a muchos no les guste. Por ejemplo: que Bolivia se inserte al proceso global de la economía, la sociedad y la cultura, eso es neoliberal. Que se respete la propiedad privada, eso es neoliberal. Que se respete la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho, eso es neoliberal. Que se produzca con eficiencia, eso es neoliberal. Que se tenga tolerancia con el opositor político, eso es neoliberal y por último: que se aplique una política económica racional, eso es neoliberal. Pregunto: ¿qué de todo esto tiene Evo Morales?

Llevar las cosas al extremo no es bueno. Mirar las cosas como son es acercarse a la realidad con objetividad. Lo cierto es que la subvención de los hidrocarburos en Bolivia lleva muchos años, lo que no debió suceder, pues según la norma que se fijó en su momento, el precio de los mismos debía fluctuar con los precios internacionales. Esto fue lo que se dejó de hacer. ¿Por qué? ¨Pues porque esos neoliberales de entonces, se asustaron, prefirieron el aplauso al deber y dejaron pasar los años. El precio de la gasolina debía fijarse de acuerdo a una banda establecida que permitía el sostenimiento de un fondo que actuaba de contrapeso al incremento o disminución del precio internacional.

La aplicación de esta norma neoliberal, como aquella del Bolsín del Banco Central (flotación sucia) hubiera evitado el shock actual. Pero no se hizo. Se dejó pasar el tiempo y llegamos a subvencionar 1.900 millones de dólares. Esta subvención ha permitido, con breves intervalos, que el contrabando de la gasolina y gas licuado sea permanente. Ya durante el septenio banzerista se hacía contrabando de gasolina al Paraguay. Así que esto no es nada nuevo.

La subvención de la gasolina, como estamos viendo, no permite que el sistema de precios nacional sea real. Se vive un sueño. Es decir se tienen precios bajos en relación a los precios mundiales, porque los costes de producción están sostenidos por la subvención petrolera. Todos dejaron que esto se prolongue, por temor a la reacción social, que prefiere vivir anestesiada a mirar su realidad.

Por eso creo que la decisión de quitar la subvención es una buena medida. Ahora bien, esto exige que toda la economía tenga que ser manejada dentro un modelo coherente y eficiente. No se puede sostener el asistencialismo social, sin crear fuentes de ingreso que lo permitan,  no se deben efectuar gastos superfluos (aviones presidenciales), no se deben crear empresas estatales asumiendo el riesgo de la inversión que puede ser asumida en el ámbito privado, no se debe pensar que el Estado debe controlar el 100 por ciento de la economía, sino aquellos sectores realmente estratégicos y al final no se debe hacer del narcotráfico una fuente supletoria de ingresos para el campesino. En otras palabras: tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea posible.

Creo que si las cosas fueran por esta ruta, los procesos de inversión pública deberían acompañar a la inversión privada y esto es lo nos llevaría por el camino del valor agregado a nuestras exportaciones de materia prima. Para hacer esto no se requiere ser neoliberal ni socialista, simplemente se necesita mirar al mundo que nos rodea con objetividad. Un gobierno fuerte debe asumir políticas económicas serias, sin que le importe el aplauso.

Me temo que esto no es lo que pasará. Y creo que si el control político que de antemano trabajó el gobierno para llevar a cabo el gasolinazo, no se pierde. El próximo zarpazo gubernamental será a la propiedad empresarial agrícola y pecuaria. Es decir el presupuesto asignado a la empresa estatal EMAPA hablamos de 270 millones de bolivianos, “para producir y comercializar productos agropecuarios y sus derivados” es el objetivo de lo actuado.

El sector agropecuario será acusado de no producir, de no usar la tierra para ello y por tanto se provocará su reversión. Por eso la persecución política actual y la destrucción de toda fuerza opositora. El MAS se apresta a tomar el control de la tierra, la producción agrícola y pecuaria, la minería, el comercio exterior, la banca y la aeronavegación.

Es ante este cuadro político que hay que movilizarse, que como se puede apreciar va más allá de los precios y la canasta familiar.