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La suerte de Bolivia parece girar en un círculo que nos da la sensación de que avanzamos, pero al final, volvemos al punto de partida. En las mejores coyunturas históricas internacionales hemos tenido los peores Presidentes y en la peores, a los mejores.
Para dar algunos ejemplos de esto, de 1971 a 1978, cuando los precios de las materias primas se dispararon, el general Banzer gobernó al país dilapidando los recursos de ese momento, pero cuando esta situación cambió y estuvimos acorralados por esos mismos precios internacionales el Dr. Paz Estenssoro tuvo que girar el eje de la revolución nacional y dar pasos dolorosos pero necesarios con el fin de recuperar una economía debilitada, ahora que los precios internacionales vuelven a escalar por efecto del crecimiento de la demanda global, tenemos un gobierno que no atina, que no sabe y que con su política económica equivocada, para decir lo menos, está dejando que nuevamente Bolivia pierda el tren del desarrollo.
¿Será esto una maldición de los dioses? ¿Cómo es posible que ante una situación como la presente tengamos una administración que nos jala para retroceder lo poco que avanzamos y que recibe por ello el voto mayoritario con complacencia y anuencia de los que hasta ayer protestaban por ello?
¿Es que en Bolivia se ha perdido el sentido de la realidad? No cabe duda que en ciertos momentos los pueblos se equivocan de una forma parecida al suicida que ve solo en la muerte la solución a su angustia. Para que eso no suceda tiene que haber hombres y mujeres que eviten esa insensata acción de buscar el retroceso y acrecentar la miseria en un futuro cercano.
El mundo vecino al nuestro está desplegando sus esfuerzos para convertir la crisis financiera y económica de los países grandes en palancas de salto hacía niveles de vida mejores. Perú afianza la inversión, abre sus puertas al comercio, se coloca metas ambiciosas y despliega esfuerzos para reconvertir su economía de exportaciones primarias en exportaciones diversificadas. Chile camina al mundo del desarrollo y Brasil ha tomado esa misma ruta con una contundencia que no tiene sino un camino por recorrer, y es el de lograr abatir a la pobreza, con la creación de la riqueza, que nace de una economía que desarrolla todas sus potencialidades.
En Bolivia, se despilfarra, lo mismo que en la década de los setenta. Se hace demostraciones ostentosas de lujo para los círculos palaciegos, se habla en nombre de los pobres mientras se los mantiene igual, se coloca a la economía en una ruta crítica que sostiene y ahonda la dependencia externa y fomenta la desigualdad social.
Necesitamos una verdadera revolución, aquella que no tenga contemplaciones con los aventureros y mentirosos que ayer como hoy nos dejaron relamiendo la miseria como dulce pegajoso.