- #Especiales
- 2026-01-06
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La captura de Nicolás Maduro por la unidad Delta Force ha sumergido a Venezuela en una situación de acefalía de facto. Con la línea de mando institucional bajo máxima tensión, la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido la vocería oficial, centrando sus esfuerzos en exigir una "prueba de vida" a Washington. El régimen busca evitar la desbandada de los cuadros medios del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), mientras la cúpula militar de Vladimir Padrino López mantiene una cohesión frágil.
En el ámbito interno, la denominada "perfecta fusión" cívico-militar ha activado el despliegue de milicias bolivarianas en puntos estratégicos de Caracas. Se reporta un estado de sitio no oficial en Fuerte Tiuna, corazón del poder militar, mientras el chavismo intenta movilizar a sus bases bajo la consigna de defensa de la soberanía. No obstante, fuentes externas señalan que los bombardeos previos de EE. UU. inutilizaron nodos críticos de comunicación, mermando la capacidad de respuesta operativa del gobierno.
La oposición venezolana mantiene una cautela estratégica, consciente de que, aunque Maduro no está, el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional siguen bajo control chavista. El riesgo inminente es el estallido de una guerra civil de baja intensidad, tras el llamado de Rodríguez a la resistencia armada en todas las parroquias. La comunidad internacional observa con preocupación cómo el vacío de poder podría derivar en un conflicto prolongado sin un sucesor claro.
La batalla silenciosa por la sucesión se libra entre figuras como Diosdado Cabello y la propia Delcy Rodríguez. Sin embargo, el factor determinante será la lealtad de los mandos militares medios, quienes deben decidir si sostienen una estructura sin cabeza o negocian una transición. Mientras tanto, Donald Trump prepara una conferencia desde Mar-a-Lago que podría definir el reconocimiento de un nuevo gobierno provisional para el país caribeño.