Domingo 07 de junio 2026

¿Quién nos trajo hasta aquí?



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Mientras los políticos se acusan unos a otros, mientras los dirigentes lanzan discursos desde una tarima o desde una conferencia de prensa, mientras el gobierno habla de conspiraciones y la oposición habla de resistencia, hay una pregunta que millones de bolivianos se hacen todos los días cuando hacen fila para comprar combustible, cuando pagan más caro por los alimentos o cuando ven paralizada su fuente de trabajo: ¿quién nos llevó hasta aquí?



Porque la verdadera tragedia de esta crisis no se encuentra en los salones de gobierno ni en las reuniones de dirigentes. Está en la vida diaria de la gente común, está en el transportista que pierde días enteros bloqueado o buscando diésel, está en el productor que no puede sacar su cosecha, está en la madre de familia que cada día descubre que el dinero no le alcanza. Y frente a esta realidad, todos parecen tener respuestas, pero pocos parecen tener responsabilidad.



El gobierno asegura que los bloqueos son los culpables del desastre, pero corresponde preguntarse: ¿por qué un conflicto que comenzó con reclamos concretos terminó convirtiéndose en una crisis nacional? ¿Por qué la situación llegó a tal punto que hoy se habla de renuncias presidenciales y estado de excepción? ¿Por qué las autoridades no lograron resolver el problema cuando todavía era manejable? Gobernar no consiste únicamente en administrar los momentos de calma; gobernar es evitar que los conflictos se conviertan en incendios políticos.



Cuando las protestas crecían, cuando los bloqueos se multiplicaban y cuando la tensión aumentaba, el país esperaba liderazgo, capacidad de diálogo y solución. No discursos para convencidos ni explicaciones para justificar lo que ya estaba ocurriendo. Pero tampoco la oposición puede escapar de las preguntas incómodas. Quienes hoy exigen la renuncia del presidente tienen la obligación de explicar qué ocurrirá después. Porque es fácil pedir una renuncia cuando la indignación crece; lo difícil es ofrecer una salida viable, democrática y responsable para una nación que ya atraviesa una situación extremadamente delicada.



¿Existe un proyecto alternativo o solamente existe el deseo de que el oficialismo caiga? Los bolivianos merecemos respuesta. Porque mientras unos y otros libran su batalla política, el daño se acumula. Cada bloqueo prolongado genera pérdidas económicas y, recientemente, pérdidas humanas. Cada día de incertidumbre se ahuyentan inversiones; cada señal de inestabilidad golpea la confianza de quienes producen, trabajan o generan empleo.



Lo más preocupante es que el conflicto ha dejado de tratarse sobre soluciones y hoy parece tratarse sobre quién derrota a quién. Y cuando la política se convierte en una lucha por destruir al adversario, el gran derrotado termina siendo el ciudadano. Por eso la pregunta central ya no es si el gobierno tiene razón o si la oposición tiene razón. La pregunta es si alguien está pensando seriamente en Bolivia.



Porque si el gobierno no escucha, fracasa, pero si la oposición solamente apuesta al colapso, también fracasa. y mientras unos buscan mantenerse en el poder y otros buscan conquistarlo, el ciudadano común sigue pagando la factura.   ¿Quién está dispuesto a dar el primer paso para evitar que Bolivia fracase? Hasta ahora, lamentablemente, nadie parece estar levantando la mano.