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Se demor mucho, pero ha llegado el momento en que el imperio identific al narcotrfico como un aliado del eje de las autocracias y ha decidido combatirlo en todo el mundo.
Para Bolivia esto significa el fin de una era, marcada por el predominio poltico de personajes y organizaciones ligadas al narcotrfico, que haban logrado controlar todas las instituciones del Estado democrtico.
El pas ha sido demolido por esta fuerza. El narcotrfico tiene como sus siervos a las FFAA, la polica, la justicia, todas las instituciones estatales y casi ha logrado el control total de los medios de comunicacin.
Pero ahora la guerra de Estados Unidos ha comenzado con alcances mundiales. El detonante fue el anuncio de la DEA de que el venezolano Alex Saab, ahora preso en Miami, fue su informante desde 2017. Una pieza clave del Crtel de los Soles, creado por Hugo Chvez y su proveedor boliviano para llevar droga a Estados Unidos, pasando por Cuba.
Europol est deteniendo a cientos de narcotraficantes en seis pases de Europa, incluida Espaa, ha sido extraditado el expresidente hondureo Juan Orlando Hernndez, son perseguidos los miembros del Crtel de Jalisco y de todos los crteles mexicanos, el gobierno brasileo se moviliza contra los comandos de la droga y Estados Unidos pide la extradicin del coronel boliviano Maximiliano Dvila, para comenzar.
Esta guerra del siglo XXI apenas ha comenzado. Estados Unidos ha decidido acabar con el poder econmico y poltico del narcotrfico por una razn elemental de toda guerra: el narcotrfico est aliado con los enemigos.
En nuestra regin, ese poder econmico lleg a crear una organizacin que rivaliza con la OEA: la alianza de los Narco-Estados, de la que Bolivia es pieza clave. Al fin y al cabo, es el nico pas del planeta que tuvo como presidente al jefe de los mayores proveedores de materia prima para la fabricacin de una droga proscrita por la ONU.
Ni siquiera en Afganistn haban llegado a tanto los narcotraficantes. En ese pobre pas, primer productor de opio del mundo, los narcos se propusieron crear un partido poltico, pero fue rechazado por el parlamento en los aos 80.
En Bolivia, ese partido no solo fue creado, sino que ha logrado gobernar el pas por quince aos.
Pero les ha llegado su hora. Los culpables han callado y el principal de ellos prepara su fuga.
Una prueba del grado de dominio sobre la justicia que tiene ese partido es que el fiscal Juan Lanchipa sigue defendiendo al coronel Dvila, quien es acusado de haber conspirado para llevar una tonelada de cocana a Estados Unidos.
Se supone que cuando todo el andamiaje haya sido desmontado, y sus caudillos estn presos en Miami o Guantnamo, todas las instituciones que haban sido controladas recuperen su independencia y el pas pueda renacer desde las cenizas.
Siglo21bolivia.com