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Recientemente fui entrevistado por El Deber Radio, donde conversamos sobre la situacin de la justicia boliviana bajo la pregunta: Qu debe hacer el prximo gobierno para mejorar la justicia?.
En Latinoamrica, lamentablemente la administracin pblica est cimentada en la absoluta desconfianza (vivir a la defensiva) procreadora de la prdida del sentido comn, de un Estado agigantado con mayor burocracia, de infinidad de trmites con la obligatoriedad de que para cualquier cosa que haga requiera demostrar su autenticidad y validez. Mientras ms enrevesado sea el trmite es mayor el caldo de cultivo de corrupcin porque se vende la solucin de la agilizacin llegando incluso a ser vista como algo normal, comn y corriente.
En ese sentido, lo que existe es una crisis de confianza institucional. Es importante que los administradores de justicia vean la realidad de la gente. Los ciudadanos deseamos principalmente que se garanticen y protejan eficientemente la vida, las libertades y la propiedad privada.
El desarrollo humano y el progreso es posible en un ambiente donde se vean garantizadas la vida, las libertades y la propiedad privada, por cuanto viabilizan la libertad de desarrollar todo el potencial de cada vida humana.
Nosotros, los administrados ya no debemos vernos maltratados ni andar a la defensiva ante los servidores pblicos, cualquiera sea la institucin estatal. Es hora que realmente se entienda que la soberana radica en el pueblo (entendindose pueblo como la "suma de los individuos" que sale en defensa de sus libertades individuales, tal como lo hizo en los 21 das de fe y de resistencia civil pacfica contra el tirano, hasta lograr que fugue del pas).
Al respecto, hagamos un ejemplo alegrico: Imaginemos que el Estado sea un bus, y digamos que el dueo del bus sea el pueblo, y ste ltimo elige y contrata a un chofer para que maneje el vehculo.
Al chofer, llammoslo el poltico, el presidente de un pas, el gobernador, un alcalde de la regin, etc., pero que al poco tiempo que aquel chofer conduce el vehculo, no solo le hall el gusto sino que ste ya se cree el dueo absoluto del mismo y empieza a maltratar al verdadero dueo, lo desconoce, no lo deja visitar ni subirse al bus; y, para el colmo de males, manda a reprimirlo con los mecanismos represivos y coercitivos estatales, pone en peligro la vida de ste, le quita sus bienes, confisca sus bienes mediante una serie de cargas impositivas abusivas, les priva de la propiedad privada, viven investigados, observados, espiados, dirigidos, jurdicamente conducidos, adoctrinados, controlados, vigilados, ponderados, evaluados, censurados, se es despojado, explotado, oprimido, puesto entre rejas, sentenciado, condenado, y dems atropellos descarados, y todo eso, mayormente lo hace, bajo el rtulo de principio de legalidad.
Ya es momento que el pueblo boliviano realmente entienda todo esto y que exija a la autoridad, al servidor pblico, que trabajen en pro del verdadero progreso y desarrollo del pas, que dejemos de hacer doble culto tanto a la inflacin de leyes (el costo de la legalidad no tiene que ser demasiado alto para las personas para evitar acrecentamiento de la informalidad delincuencial y la ley en realidad debe servir para limitar al poder, no para reflejarla) como al extractivismo como si fuese nuestra nica suerte como pas para crecer. La prosperidad no consiste nicamente en crecimiento econmico y menos an se debe confundir crecimiento con desarrollo.
No basta con cambiar la ley, llevar a cabo reformas constitucionales o vivir rogando a los polticos que tengan voluntad para cambiar la realidad, eso es una ingenuidad. Para que un cambio poltico funcione tiene que existir legitimidad.
Es ms provechoso que exista reforma institucional en lugar de crear disposiciones normativas y llenarnos de leyes, es menester simplificar los sistemas polticos e instituciones, permitiendo que la sociedad civil se involucre con entes serios de representatividad civil que ejerzan un adecuado control social.
Aquel asunto trillado de que la crisis judicial se debe a la falta de independencia judicial, ya para nadie resulta una novedad y no basta un artculo constitucional o una variedad de postulados escritos en leyes, para que eso cambie, pues al final, el papel todo aguanta y en los hechos resultar siempre ineficaz, si es que antes nosotros mismos (los que conformamos el pueblo) no tomemos en serio esa frase (independencia de poderes) y nos convenzamos a nosotros mismos que as debe y tiene que ser.
Es consabido que la independencia judicial es un elemento indispensable del Estado Constitucional de Derecho, palabras ms, palabras menos, con o sin elegancia, ya mucha gente hasta por lgica simple, entiende que sta constituye en uno de los pilares que asegura la libertad, la seguridad jurdica, as como la justiciabilidad de los derechos de todas las personas.
Sin embargo, es bueno hacer recuerdo que la falta de independencia judicial, en realidad es un problema poltico, por ende, debemos recordar aquel viejo adagio que dice: "locura es hacer lo mismo, esperando resultados diferentes.
Con ello, est claro que ya no se debe dejar en manos de los polticos la preseleccin y seleccin de magistrados, por lo tanto, amerita la intervencin de la sociedad civil a travs de representaciones serias de asociaciones civiles, fundaciones, Universidades, etc., en el proceso de preseleccin y seleccin de magistrados de altos cargos en el rgano Judicial y que adems se cumpla el art. 178-II de la Constitucin: "carrera judicial y autonoma presupuestaria".
Si el administrado es maltratado, ste en algn momento reaccionar y debe ser parte responsable de todo esto pues las libertades implican responsabilidades, no sucumbamos en la estupidez del libertinaje, la pereza, dejando las cosas a otros actores otorgndoles poder para que decidan de forma absoluta sobre nuestras vidas, al extremo de que lleguemos a ser echados de nuestros aposentos.
Tiene que llegar el momento en que la sociedad civil se involucre activamente mediante organizaciones adecuadas de representacin de la sociedad civil en la seleccin de magistrados y no dejarlo todo en manos de los polticos. Que no sean los polticos quienes condicionen al pueblo a elegir a determinados magistrados de altas jerarquas del rgano Judicial bajo su padrinazgo poltico.
Otra forma de empoderamiento a favor la sociedad civil, es a travs de la democratizacin de la justicia, esto es, el retorno de los jueces ciudadanos en materia penal, por ejemplo, que en lneas generales demostr que era ms difcil ser manipulado y no tener la necesidad de padrinos polticos.
Habr quienes, muchas veces basados en absurdos prejuicios, dirn eso del juez ciudadano corresponde a tal o cual gobierno, nunca funcion; sin embargo, recordemos lo siguiente: no es que no funcion sino que no lo dejaron funcionar que es diferente pues esa nueva visin obviamente implicaba debilitar el factor poltico, disminuir en sobremanera la influencia del Ejecutivo de turno en funcin de gobierno. No volvamos a pecar nuevamente de ingenuos en eso.
Una muestra de aquello, es el funesto caso de terrorismo, el cual era toda una falacia armada y confabulada siniestramente que, si no hubiera sido por la presencia de los jueces ciudadanos, ese caso hubiera acabado de forma rpida con personas injustamente condenadas.
Fueron los jueces ciudadanos quienes al final renunciaron ante tanta arbitrariedad, quedando dicho tribunal de sentencia totalmente deslegitimado, sin quorum y sumado a ello el retiro de la acusacin, por cuanto ya todo result ser insostenible ante la salida de un rgano Ejecutivo tirnico.
Advirtase esta situacin antes descrita. Existen ya muchas evidencias y experiencias concretas, que no son cuentos ni elucubraciones demenciales. Dejemos ya de lado aquel fanatismo hacia lo poltico ni caigamos embobados en el canto de sirenas de muchos de ellos.
El pueblo boliviano, si pese al alto costo de la legalidad y al maltrato judicial, logra vivir como puede, queda claro que no es obviamente gracias a ellas (no es gracias a las leyes ni a la justicia boliviana mxime ante tanta penumbra judicial), sino por su fuerte mpetu por vivir bajo su inquebrantable capacidad individual de supervivencia, de creatividad, de resiliencia, de trabajo duro, inteligente y creativo, basados en el esfuerzo y la dedicacin por los suyos y porque desde sus entraas cada persona desea una mejor sociedad.
Los jueces deben entender esa realidad, es decir, deben interesarse en lo que piensa el pueblo. Es menester que los administradores de justicia se conecten con la realidad, no slo interesarse en lo que el Estado hace y tampoco creer en la fantasa de algunos postulados pregonado por el gobierno de turno ni caer en el fanatismo por algunas doctrinas exentas de sentido comn pero que debido a que se puso de moda en muchos pases, se lo sigue al pie de la letra sin incentivar previamente el pensamiento analtico, crtico, reflexivo y creativo.
La labor jurisdiccional no es cuestin de seguir determinadas corrientes sin base objetiva, por cuanto muchas de esas corrientes mayormente persiguen fines comerciales o nacen a raz de un preocupante extravo en la retrica o un fanatismo por lo abstracto y extravagante donde prefieren vivir de crisis en crisis y no con sentido comn, por cuanto eso les posibilita la permanencia de privilegios, prerrogativas y negocio.
Cabe recordar que la simplicidad objetiva siempre resulta mucho mejor que aquellas largas y confusas elucubraciones que llevan casi siempre hacia la tirana de los gobiernos, la inflacin de leyes, reformas y contra reformas de simple fachada.
En definitiva, se requiere menos Estado y ms libertades individuales, esto debe entender el prximo gobierno si realmente se desea avanzar por un mejor sendero en la administracin de justicia y no seguir haciendo lo mismo buscando con ello resultados diferentes.
En todo esto, tampoco debemos olvidar que se debe apostar por recursos humanos judiciales idneos, tanto en los altos cargos del Poder Judicial (que dichos magistrados ostenten autentica idoneidad profesional, inteligencia emocional, cientfica, humana y social, carcter basados en principios y valores, vocacin de servicio, capacidades y habilidades prcticas y de administracin, etc.) sino tambin en tribunales y jueces, secretarios, auxiliares y diligencieros en todo el pas, as como en la Fiscala General, Fiscalas Departamentales y fiscales de materia, donde prime la igualdad de gnero, mejoramiento de remuneracin y se cuente con personal de experiencia, no es posible que personal experimentado sea reemplazado constantemente, abunden personal sin experiencia, es un verdadero problema la carencia prologada o constante de personal, es necesario establecer un adecuado programa de induccin, que la capacitacin no slo sea acadmica sino tambin prctica que potencie las habilidades y destrezas de los auxiliares judiciales, que tengan capacitacin en atencin al pblico, entre otras competencias.