Martes 31 de marzo 2026

Santos y el drama de Fausto



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Cuando Wolfgang von Goethe present su poema dramtico Fausto, una de las obras cumbres de la literatura universal, estaba recreando la leyenda clsica alemana de un Dr. Johann Fausten, que desde el siglo XV cautiv la atencin de los lectores con untpico que trataba sobre temas delicados para la moral de la poca y que invitaba al morbo del pblico a deleitarse, al narrar cmo este telogo y practicante de magia negra invoca al Diablo para tratar de someterlo a sus rdenes, entonces se le aparece Mefistfeles, demonio sbdito, quien le ofrece los placeres de la vida mediante un pacto en el que accede vender al Diablo su alma, a cambio de juventud hasta que muera. El Demonio no le permite nunca llegar al arrepentimiento, amenazndolo y atemorizndolo, por lo que, despus del tiempo pactado, Fausto muere de una manera violenta y es llevado al infierno.

Este breve introito es para ilustrar lo que sucedi este pasado fin de semana en Colombia, nada ms ni menos que con un Santos que, obcecado por la tentacin de perennizarse en el poder, no tuvo el menor reparo en pactar con la izquierda enemiga que tanto combati, dejando en la estacada a su mentor y a sus ms estrechos colaboradores de las fuerzas armadas que lo secundaron en sus lances contra la guerrilla de las FARC, cuando funga como ministro de defensa de lvaro Uribe, desde donde les infligi la baja de sus ms connotados dirigentes.

An recordamos el mensaje directo que el presidente Juan Manuel Santos envi a la guerrilla durante su visita a los soldados y policas que participaron en la operacin Odiseo, con la cual se dio muerte al comandante "Alfonso Cano", cuando expres: "Ningn cabecilla de las FARC estar seguro en ningn rincn del territorio", y acto seguido invit a la desmovilizacin a los guerrilleros a quienes les dijo que ese era el camino o de lo contrario les esperaba una tumba o la crcel. A dos aos y medio de ese luctuoso acontecimiento, vimos atnitos al mandatario abrazarse con el hermano del malogrado comandante guerrillero y confesar que fue l quien orden la muerte de Cano, como si de una tarea administrativa  regular se tratara.

Si esa actitud maquiavlica fue suficiente para conseguir la paz que tanto proclama, suponemos que es un argumento muy frgil, ya que l llega a este segundo periodo con unas limitaciones muy grandes en cuanto a legitimidad poltica se trata y no cuenta con un cheque en blanco para negociar con sus antiguos enemigos y hoy aliados electorales. Baste preguntarse cmo estos seores se van a reinsertar en la sociedad colombiana, toda vez que existen delitos de lesa humanidad muy difciles de conmutar. A no ser que al igual que en Espaa, despus de la dictadura franquista,  hagan funcionar en Colombia la justicia de trnsito que opt por la amnesia. Mientras tanto, seguir pendiendo sobre Santos el drama de Fausto.