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El primer requisito que debes tener es el de presentarte con la credencial de revolucionario, luego: desgranar un discurso radical que desconozca todo lo que es empresa, libre mercado y libertad de elegir, acto seguido, debes mostrarte indígena aunque tengas canas y seas blancoide, cuando más indio trates de parecer mejor podrá irte, no hay que olvidar que tienes que declarar cualquier cosa contra el imperialismo norteamericano, eso te eleva a la categoría de “macho”, no tener miedo a los gringos es requisito para lo que viene, que no es otra cosa, que jugar a ser Castro, con uniforme verde olivo y fusil al hombro, a falta de enemigos de talla, puedes matar a un perro con cuchillo, eso suple a los tiros que no das porque no sabes cómo disparar el fusil.
En funciones revolucionarias, es decir, designado como parte del gobierno, debes tomar decisiones audaces, por ejemplo: declarar enemigos del proceso a los empresarios y tienes que perseguirlos, esa es una obligación que un revolucionario no puede dejar de hacer. Acto seguido tienes que comenzar a dictar precios de todos los bienes de la canasta familiar, con el fin de que los empresarios especuladores no ganen ni tengan utilidades, eso tienes que declarar como justicia social.
Con el fin de demostrar tu alto nivel antiimperialista tienes que nacionalizar. Eso es inevitable, sin esta credencial no puedes seguir adelante. Así que resuelves que el gas retorne al Estado, y te obligas a devolverles a los imperialistas transnacionales, el valor de sus acciones, a reconocer sus gastos contables y a darles utilidades, además te obligas a invertir solito, porque los nacionalizados ya no necesitan más.
Y luego, todo revolucionario de verdad, no suelta el gobierno, el ejemplo está en Cuba, en Venezuela y para menos dudas en Libia y en Irán, así que en Bolivia las cosas no pueden ser distintas. Por tanto la tarea más importante es descalificar a la oposición y mostrarla como delincuentes, que vendieron la Patria, se enriquecieron a su costa y fueron amigos del imperialismo. Con estos argumentos se busca en sus gestiones todo lo que sirva para llevarlos a la justicia. Ah! me olvidé, disculpen, la Justicia, en manos de un revolucionario tiene que ser sometida por el golpe de la prebenda o por el miedo, pero esta institución no puede ir caminando con aires de autonomía ni ir dictando sentencias contrarias a lo que manda y dicta la revolución.
Todo este conjunto de estampas revolucionarias, deben ir envueltas en un discurso democrático, deben ser consagradas con elecciones, donde el que vota distinto recibe chicote al canto, así que la uniformidad del voto (mejor en un cien por ciento en ánfora) representa la uniformidad ideológica y ante ella no hay nada más que inclinarse.
Estos son los “nuevos principios” de los cambios profundos.