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- 2026-03-06
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El Concejo Municipal de Santa Cruz de la Sierra cerró este jueves una sesión bochornosa sin lograr un acuerdo para designar a un alcalde interino. Mientras la ciudad exige orden, Jhonny Fernández continúa ejerciendo el mando desde el penal de Palmasola, donde cumple detención preventiva por el caso Pavimento, sumando ahora un cuadro de influenza A como nuevo elemento de distracción en este laberinto judicial y político.
Esta parálisis institucional surge bajo la lupa de La Mesa de Análisis, donde se evidencia que el legislativo municipal ha claudicado en su rol fiscalizador. Al postergar la decisión para la próxima semana, los concejales permiten que la capital económica del país sea administrada mediante carpetas que entran y salen de una celda, priorizando pactos políticos por encima de la estabilidad administrativa que demanda la crisis de los carburantes y servicios básicos.
El desarrollo de la sesión fallida mostró una división profunda que impide alcanzar los votos necesarios para el relevo. La concejal Gabriela Garzón confirmó que no hubo suspensión, amparándose en una resolución judicial que permite al alcalde recibir documentación oficial en su encierro, lo que convierte a la alcaldía en una sucursal carcelaria bajo el rótulo de "continuidad institucional".
Desde la otra acera, sectores cívicos y vecinos denuncian que este es un circo político diseñado para proteger cuotas de poder. Critican que, mientras Fernández es procesado por conducta antieconómica e incumplimiento de deberes, el Concejo se dedique a "evaluar" la situación en lugar de aplicar la normativa vigente para evitar que la gestión municipal se hunda en la acefalía operativa.
La salud del alcalde, confirmada mediante pruebas de laboratorio en el Hospital de la Mujer, ha servido como la excusa perfecta para dilatar el debate técnico. Sin embargo, el problema de fondo no es el virus, sino la imposibilidad física de gestionar una metrópoli desde el régimen penitenciario, afectando la firma de cheques y la ejecución de obras críticas que hoy están paralizadas por el caso Pavimento.
La falta de un alcalde interino genera un efecto dominó en las secretarías municipales, donde los funcionarios operan sin una cabeza visible que asuma la responsabilidad legal. Esta situación de desgobierno es permitida por un Concejo que prefiere "convocar a otra reunión" antes que enfrentar el costo político de sustituir a una autoridad que ya tiene un pie fuera de la silla edil por sus líos con la justicia.
En conclusión, Santa Cruz queda a la deriva hasta la próxima semana, sujeta a la voluntad de un cuerpo colegiado que no se atreve a decidir. Mientras Fernández se recupera de la influenza en su celda, la gestión municipal sigue secuestrada por la burocracia y la falta de pantalones de unos concejales que parecen más interesados en cuidar el cargo que en salvar a la ciudad del caos administrativo.