Cuntas veces hemos criticado el trato discriminatorio que se le da a la mujer en algunos pases del mundo rabe y en otros como la India, Afganistn, Paquistn, Irn, etc., donde la religin musulmana tiene un absoluto predominio, hasta llegar al extremo de prohibirles la conduccin de vehculos motorizados.
Ante semejante actitud troglodita y cavernaria, no es difcil imaginarse lo que acontece con las mujeres en un supuesto caso de adulterio donde, si no son lapidadas, son salvajemente desfiguradas con cido muritico o impunemente asesinadas, hasta por los parientes del esposo astado, sea con su conformidad o sin ella, amparados bajo la absurda y draconiana justicia comunitaria.
En nuestras sociedades latinas, cristianas, liberales, civilizadas y progresistas tampoco la situacin diverge mucho de lo sealado lneas arriba. Es ms, en medio de una sociedad machista y falocrtica como la nuestra, persisten actos contra el sexo dbil, como todava se lo denomina, que no estn muy lejos de igualarse a los existentes en las naciones arriba descritas. De ah que lo sucedido recientemente con la ex presentadora de TV Paola Belmonte y con esa suerte de linchamiento social al que estuvo sometida, hasta el punto de querer poner fin a su vida al ver aparecer imgenes ntimas de ella, surgidas como hongos en internet y en sitios de distribucin de La Paz y El Alto, producto de una relacin desafortunada con un canalla depravado que no tuvo el menor reparo en filmar su intimidad y utilizar dicho material como un objeto de amenaza y extorsin.
Sin embargo, pudo ms el espritu bizarro de esta dama que, sobreponindose al escarnio y desafiando prejuicios arcaicos de los infaltables fariseos que exigen de la mujer la castidad y pureza que ellos son incapaces de practicar, decidi dar la cara pblicamente y denunciar ese atropello al ver amenazada su dignidad, su seguridad, la de su matrimonio y la de su propio hijo. Callarse, significaba dar la razn a su vil difamador, cohonestar una flagrante violacin a los derechos humanos, e incurrir en un evidente delito de violencia en contra de la mujer.
Consideramos que este ingrato suceso debe aleccionarnos como sociedad, en que nacer mujer no es un delito. Amilanarse ante su cruel realidad, pese a la terrible carga que significa llevar ese baldn que lacera el alma, no nos librara necesariamente de sus funestos designios, de ah que su exposicin pblica significar la neutralizacin de aquellos machistas que en su afn de generar el morbo ponen a la mujer como objeto, como fueron los casos de una exreina de belleza, una modelo y una cantante cuya similar tragedia la gente y los medios se prestaron a difundir.
Una mencin especial al joven esposo que, a partir de esa brutal afrenta factible de constituirse en una suficiente causal de divorcio, supo con mucho coraje reconstruir su relacin marital, comportndose como un verdadero varn al luchar por la unidad de su familia erigindose, quizs sin proponrselo, en el protagonista de un ejemplar gesto de pica valenta.