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Mayo estuvo plagado de noticias estremecedoras. La primera llegó desde EEUU anunciando que el “fin del mundo” sería este 21 de mayo de 2011. Mucha gente habla de ello hoy preocupada, porque la posibilidad de la muerte siempre inquieta. De ser verdad, faltarían unos pocos días para el suceso.
Una segunda noticia llegó una semana después, dando cuenta que un estudio geofísico publicado en la revista británica “Nature” advertía que 2 millones de bolivianos estarían expuestos a ser víctimas de un sismo cuya magnitud de 8,9 grados en la escala de Richter podría afectar a tres Departamentos del país. La “buena noticia” de que podría darse en 300 años no restó la angustia creada.
Finalmente, “sobre mojado, llovido”: una tercera predicción internacional reflotada de los años ´70, aseguró que Italia sufriría un fuerte sismo el 11 de mayo pasado -algo que no ocurrió- aunque fue España que padeció ese día un terremoto con una decena de muertos y más de 20.000 damnificados.
Cuando a la memoria vuelve el recuerdo, que hace pocos años Indonesia fue arrasada por un tsunami (más de 230.000 muertos); que luego Haití sufrió un terremoto (más de 200.000 fallecidos); que, hace un par de años Chile fue sacudido por un sismo de 8 grados (más de 500 muertos); y siendo hoy testigos del drama que vive el Japón por el terremoto de 9 grados y un tsunami de proporciones que quitaron la vida a miles, dejando desaparecidas a otros tantos, es natural tal nerviosismo, pues -salvo pocas excepciones- nadie desea morir.
Ahora, ¿es sano preocuparse por esos anuncios que tienen que ver con Bolivia? O es que, ¿hay más bien otros riesgos más cercanos y probables qué afrontar?
Respecto al “inminente fin del mundo”, como creyente puedo asegurar que no será en la fecha indicada, pues antes deberán ocurrir eventos ya profetizados, aunque todo indica que la venida de Jesucristo está cerca, como Él mismo lo advirtiera en sus días (compare con lo que está sucediendo hoy mismo en el mundo):
“Y oiréis de guerras y rumores de guerras (...) no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores (...) Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo (...) y entonces vendrá el fin (...) En cuanto al día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre...”.
Si lo dijo Jesús, es absolutamente cierto.
Cuando la gente recibe noticias asociadas con la muerte, se impacta. Todos tienen temor de las guerras, las plagas, la hambruna y los cataclismos, porque pueden afectar negativamente su vida o la de los suyos, y es algo que espanta.
Si bien es cierto que es improbable que Ud. sufra el sismo pronosticado, no olvide que nadie está libre de morir en cualquier momento. “Nadie tiene la vida comprada”. ¿Está Ud. preparado para partir, sabiendo que luego de la muerte hay una vida eterna -ya sea en la gloria de Dios o en tinieblas sin Él- dependiendo si aceptó a Jesucristo como su Salvador y Señor? Si no lo hizo aún, hágalo hoy.
Como este 21 de mayo no será el fin de nada -si Dios me da vida- el 22 celebraré el haber nacido; y el 27, a mi mamá, a mi esposa y ¡a mi suegrita! Y, si este mensaje le trajo paz y esperanza, y si quiere saber mucho más del amor del Señor no dude en escribirme (garyrodriguezok@hotmail.com) o llamarme (77007727).
* Economista y Gerente General del IBCE