Jueves 05 de marzo 2026

Caos en el bolsillo ciudadano

Colas para cambiar la Serie B: Ni las aplicaciones frenan el rechazo masivo en las calles



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El pánico financiero se ha instalado en las ferias y mercados de Bolivia. A pesar de las constantes aclaraciones del ente emisor y el lanzamiento de múltiples herramientas digitales, el rechazo masivo a recibir billetes de 10, 20 y 50 bolivianos de la serie B persiste, dejando a miles de ciudadanos con efectivo que nadie quiere aceptar por temor a que sea parte del botín robado tras el accidente del Hércules.

La situación, puesta bajo la lupa de La Mesa de Análisis, evidencia una crisis de confianza que la tecnología no ha podido resolver. El Banco Central de Bolivia (BCB) se ha visto desbordado por cuarto día consecutivo con filas interminables de personas que buscan canjear sus ahorros por cortes de otras series, ante la negativa de los comerciantes de utilizar las aplicaciones de verificación.

El núcleo del conflicto radica en la disposición del BCB de suspender la vigencia legal de los billetes sustraídos por la turba en El Alto. Aunque el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, asegura que el dinero obtenido legalmente circula con normalidad, en la práctica, el vendedor de a pie prefiere evitar el riesgo de recibir un papel que carezca de valor real al final del día.

Desde la otra acera, el sector gremial argumenta que es imposible verificar cada billete en medio del ajetreo comercial. El uso de aplicaciones como "Billetes de Bolivia" o "Check Asoban" requiere un tiempo y una conectividad que no siempre están disponibles en las transacciones rápidas de la calle, lo que ha convertido a la serie B en una suerte de "dinero proscrito" en los hechos.

Para intentar mitigar el caos, el ente emisor habilitó una plataforma web y promociona aplicaciones gratuitas que no requieren internet. Sin embargo, el sentimiento de la calle es de desconfianza absoluta; los ciudadanos prefieren perder horas en las puertas del BCB antes que arriesgarse a que su dinero sea calificado como sustancias controladas por el sistema bancario.
 

Existen iniciativas privadas como "Billete Scan", desarrollada por científicos y desarrolladores locales, que permiten leer hasta 30 piezas simultáneamente con la cámara del celular. Pese a este despliegue técnico, la menudencia de los cortes bajos sigue siendo el principal dolor de cabeza, ya que son los más fáciles de camuflar entre los billetes robados durante el siniestro aéreo.

El impacto económico de este rechazo ya se siente en el consumo diario. Muchos pequeños negocios reportan bajas en sus ventas debido a que solo aceptan pagos mediante transferencias QR o billetes de series antiguas, lo que excluye a una gran parte de la población que aún maneja exclusivamente carburantes físicos de la serie B para sus compras básicas.

La Policía Boliviana y la FELCC continúan con las investigaciones para identificar los rangos de series que fueron introducidos ilegalmente en el mercado. Mientras tanto, la brecha entre el discurso técnico del Gobierno y la realidad de los mercados populares se ensancha, dejando al ciudadano atrapado en medio de una pelea de mercado por la validez de su propio dinero.

El BCB ha reiterado que las series legales están publicadas en su portal oficial, pero el acceso a esta información es limitado para quienes no dominan las herramientas digitales. Esta falta de alfabetización financiera ha provocado que el problema se desplace de las oficinas centrales a las sucursales bancarias de todo el país, donde la tensión escala cada mañana.

La crisis de la serie B es un recordatorio de la fragilidad del sistema monetario ante eventos de calamidad pública. Mientras el Estado no logre convencer a los comerciantes de la seguridad de los billetes, las filas en el Banco Central seguirán siendo la imagen gráfica de un país que desconfía de su moneda ante la sombra del saqueo y la ilegalidad.

 


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