Son innumerables las opiniones que ha generado el decreto del presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Sols, al anunciar que se acab el culto a la persona del gobernante, por lo menos durante su recientemente inaugurada gestin de gobierno, e instruye que no se cuelgue en ninguna reparticin pblica su efigie y menos se coloquen placas con su nombre en obras a ser inauguradas, por el simple hecho de que al ser estas construidas con dineros de los contribuyentes, pertenecen al pas y mal podran llevar el nombre de un gobierno o de un funcionario pblico en particular. En su lugar, el decreto presidencial dispone que se cuelguen cuadros o smbolos de la nacin.
Esta demostracin de humildad y honradez pblicas demuestran que el culto a la personalidad suele ser el producto de un excesivo acto de adulacin de un caudillo, especialmente cuando ste se halla en funciones de jefe Estado, una mala costumbre que se manifiesta generalmente en regmenes gobernados por autcratas, con el fin de perennizarse en la historia y en el poder que detentan.
Lo curioso es que en los gobiernos que se rigen por la ideologa del marxismo-leninismo, el culto a la personalidad es el veneno de su propia naturaleza pues sta enuncia que la doctrina, por su propio carcter, debe ser la ideologa de las inmensas masas trabajadoras, con cuyas manos se transforma la sociedad capitalista en comunista. La contravencin a esta norma hizo que hayan surgido monstruos como Stalin, Ceaucescu, los hermanos Castro y otros, que en apenas setenta aos dieron al trasto con la teora y la prctica del paraso socialista. Sin embargo, no escapan de este vicio los iluminados como Chvez, Maduro, los Kirchner y sus adlteres, que tambin en las filas de la derecha se han sentido predestinados a quedarse en el poder, per saecula saeculorum.
Sin embargo, lo indito en esta prctica del culto a la personalidad radica en una iconoclasia feroz que consiste en la destruccin de todo vestigio de honores o smbolos de la propia cultura, por motivos polticos o religiosos que ocurren al interior de nuestra sociedad. Algo que S.E. trata de hacer con la imagen de Cristbal Coln a quien, en un acto pblico tild de invasor y "saqueador" y pidi el cambio de denominacin de todos los sitios que lleven su nombre. Tal disparate sali a colacin debido a que la comunidad indgena donde se realiz el acto se llama Argentina y, segn dijo el gobernante, le explicaron que el lugar lleva ese nombre porque all vivi un argentino. "Entonces dijo- yo me vendr ac a vivir y a partir de ese momento no se va a llamar Argentina sino Orinoca. Mi pedido es por qu no recuperar un nombre originario".
De prosperar esa original sugerencia, tendramos que lamentar que Colombia (Llamada as por Colon) pase a llamarse Comandante Tiro Fijo o algo por el estilo, as como sucedi con el aeropuerto de Oruro y su controversial cambio de nombre, como muestra de un claro culto al ego.