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Si la fijación de precios fuera sostenible, otro gallo cantaría. Pero, ya se sabe que cuando se da motivos para lucrar fácilmente –vía el contrabando o la especulación- hasta los más revolucionarios suelen caer en eso de que “la necesidad tiene cara de hereje”. Entonces la situación pasa a complicarse, como hoy.
¿Por qué suben los precios de los alimentos en Bolivia? Primero, porque hay tal cantidad de dinero que circula con rapidez y se multiplica, que hace que la demanda no pare de crecer; segundo, porque la oferta enfrenta problemas: escasez, sea estacional o no; subida del costo de producción; precios internos artificialmente bajos que inducen al contrabando; y las expectativas racionales del intermediario (especulación) y del consumidor (acaparamiento).
De que existe un desequilibrio de abastecimiento en el país, es innegable. Y, de que la demanda seguirá subiendo, también. Así, la solución tiene que encaminarse por el lado de estimular la producción. Si la oferta no crece como la demanda, los precios subirán más.
En los noticieros la queja es de los compradores, porque “los precios han subido”. Los vendedores no se quejan de que “no haya venta” sino porque “el producto está escaseando”. ¿Qué implica ello? Que la gente sigue comprando aún a precios altos, pues entre comer y no comer no hay opción.
La lección a aprender es que, fijar precios máximos de venta pensando solo en los ciudadanos ha sido un buen intento, pero no resultó sabio hacerlo de espaldas a los productores. Los defenestrados gobiernos neoliberales hicieron eso: preocuparse solo por la inflación, y de tener surtido el mercado con alimentos, ¡así fuera con importaciones caras y donaciones externas! Tal “solución” solo conduce a depender del abastecimiento externo y a “importar inflación”, gastando enormes sumas de dinero en subsidios para hacer más barato el producto extranjero, como ocurre hoy con la necesidad de maíz y azúcar, justo cuando los alimentos están carísimos en todo el mundo.
Si de tener precios bajos se trata, habrá que demostrar también capacidad para aumentar la oferta, controlar el contrabando y detener la especulación de unos cuantos. Y, para romper el maleficio de la dependencia externa, lo recomendable serán políticas por más producción nacional, buscando no solo la “seguridad”, sino la “soberanía alimentaria”. La ecuación es simple: tierra + mano de obra + financiamiento + combustible + semillas + tecnología + luz solar + agua + mercados seguros (interno y externos) = producción excedentaria.
“Todo lo que el hombre sembrare, eso mismo cosechará”, reza el adagio. Nadie siembra caña para cosechar maíz, y el que siembra un grano de maíz no lo hace esperando cosechar otro grano de maíz, sino miles. Se cosecha lo que se siembra, pero mucho más de lo sembrado. Igual pasa con las políticas públicas: una buena siembra producirá una abundante cosecha.
A glosa de ejemplo: si la sequía fue un factor crítico para que la producción de azúcar alcance solo hasta fin de año, ¿por qué no ceder créditos para riego o pozos de agua, sumándose así al esfuerzo del Ingenio Azucarero Guabirá, que premia a sus cañeros exitosos en su Programa de Buenas Prácticas Laborales en el Agro? ¿Por qué no prodigar tecnología, investigación y extensión agrícola a todos, para evitar una crisis alimentaria y mas bien inundar a Bolivia con alimentos? Un amigo me dijo: “los productores tenemos la solución, pero es del gobierno la decisión”.
* Gary A. Rodríguez A. es economista y Gerente General del IBCE