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Trillo Nuevo

Stephen Hawking: “Dios no creó el universo”

(isaias4115@hotmail.com)
La noticia dio la vuelta al mundo en pocas horas. El reputado científico inglés Stephen Hawking anunció haber llegado a una gran conclusión: Dios no creó el Universo. Por lo tanto, al igual que en la teoría evolucionista de Charles Darwin, para él, Dios está demás y sale sobrando dentro de su teoría explicada en su último libro titulado “El Gran Diseño” (The Grand Design) lanzado este mes.


  • 12-09-2010
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(isaias4115@hotmail.com)
La noticia dio la vuelta al mundo en pocas horas. El reputado científico inglés Stephen Hawking anunció haber llegado a una gran conclusión: Dios no creó el Universo. Por lo tanto, al igual que en la teoría evolucionista de Charles Darwin, para él, Dios está demás y sale sobrando dentro de su teoría explicada en su último libro titulado “El Gran Diseño” (The Grand Design) lanzado este mes.

Para Hawking, la creación del Universo fue espontánea, salió de la nada por lo que –en otras palabras- si Dios existe, ha debido estar haciendo cualquier cosa mientras aquello ocurría, menos Su obra creativa de la que habla la Biblia.

La prensa internacional recuerda –sin embargo- que este mismo “genio” de la física hace poco tiempo atrás decía en otra obra suya (“Breve historia del tiempo”, A Brief History of Time), que Dios sí existía. ¿A cuál Hawking creer?

Resulta bastante curioso, pero hace un año atrás, un 14 de septiembre de 2009, publiqué en este mismo medio, el artículo -“Dios no existe”- el que, cuestionando tal aseveración, viene hoy muy a tono con lo que nuevamente se está discutiendo en el mundo intelectual: la ciencia oponiéndose a la fe. El conocimiento y la filosofía humanos, en contraposición a lo espiritual y divino.

¿Existe verdaderamente Dios? ¿Qué lugar ocupa Dios en la creación? ¿Qué pasaría si realmente Dios no existiera? Y, ¿qué pasará si Dios en verdad existe?

Si lo que la Biblia dice no es cierto, si es que no hay un Dios creador del universo que conoce todas nuestras acciones, y si no es cierto que nuestras obras serán juzgadas un día, entonces ¿para qué portarse bien? “Comamos y bebamos, que mañana moriremos y siendo que no habrá más vida luego de la muerte y tampoco castigo por nada malo que se pueda hacer en la Tierra, hagamos entonces de nuestra vida lo que querramos”, sería la lógica. De ser esto así, ¡sálvese quien pueda! pues el mundo acabaría en total anarquía.

En tal caso, quienes vivan queriendo agradar a Dios, los que vivan en santidad, perderían la oportunidad de “pasarla bien” y “desperdiciarán” su vida sobre esta Tierra durante su existencia, porque al final del día, todos –buenos y malos- dejarán de existir por igual y quienes la hayan “pasado bien” viviendo a su manera, habrán disfrutado toda clase de placeres, y los primeros no.

Sin embargo, ¿qué pasará si lo que la Biblia dice es cierto? ¿Qué pasará si es cierto que hay una vida eterna más allá de la muerte, y que todos los seres humanos serán juzgados y deberán dar cuenta ante Dios de sus actos algún día? ¿Qué si hay una vida eterna en la gloria de Dios, pero también hay una vida eterna en tinieblas y con sufrimiento eterno?

En tal caso, quienes creyeron en lo que está escrito en la Biblia, y hayan hecho lo que la Biblia dice que hay que hacer, no habrán perdido su tiempo.
Probablemente habrán “perdido” la oportunidad de vivir “a su manera”, pero habiendo vivido “como Dios manda”, habrán alcanzado la salvación. No así, lastimosamente, quienes negaron a Dios sistemáticamente.

Y, así como Carlos Marx y Charles Darwin -habiendo muerto ya- a estas alturas deberán saber si tuvieron razón o no respecto a lo que dijeron de Dios (si se equivocaron y murieron rechazándolo, deberán estar arrepintiéndose en el infierno) así también Stephen Hawking morirá más temprano que tarde, y entonces comprobará si su sabiduría humana fue la correcta. Si estuviera equivocado, tarde será su arrepentimiento y de nada le habrá valido la fama.
Sin embargo, Dios es un ser de amor y misericordia, y siempre que un hombre se arrepienta de su extravío, incluso de su rechazo a Dios por su ignorancia, le perdonará. Pero, ¿qué pasará si alguien –por ejemplo- muere en su error? No se salvará. O, ¿si alguien cree que tendrá una vida lo suficientemente larga como para “pensar” en cambiar de parecer en el futuro, pero la muerte le sorprende sin haberlo hecho? Claramente, se condenará.

La apuesta es muy seria: entre alguien que dice que Dios existe, y otro que dice que no, uno de los dos está equivocado. Descubrir a tiempo el equívoco puede significar una vida eterna en luz y gloria, o en un eterno sufrimiento.

EL ARTÍCULO DEL PASADO AÑO: “DIOS NO EXISTE”
¿Es Ud. de los que dice que “no cree en Dios”, que “Dios no existe” o -incluso- que “Dios ha muerto”?  Si no lo es, debería enterarse que a lo largo de la historia ha existido y hoy hay personas que cegadas por su lógica y materialismo, están convencidas de la inexistencia de Dios, por el dictado de sus razonamientos.

Lo cierto es que si se pudiera descubrir a Dios a través del raciocinio puro y simple, ese dios ciertamente sería muy limitado. El Dios del que yo les quiero hablar es infinito, así que de ninguna manera puede ser emparametrado por lo limitado de la inteligencia humana. Dios no es materia. Dios es Espíritu y por tanto su discernimiento solo puede ser de índole espiritual.

A Dios se lo siente -no se lo mide- pues el amor no tiene límite, y lo que yo he logrado entender es que, básicamente, “Dios es Amor”. Si quiere sentirlo, tendrá que abrir su corazón.

Para quienes niegan a Dios no es suficiente tomar conciencia de lo inconmensurable del macrocosmos (el universo que recién se está empezando a descubrir en su verdadera dimensión) ni lo infinitesimal del microcosmos (a nivel de partículas subatómicas -en verdad- un universo también por sí mismo) pese a que resulta claro que Dios creó todo lo que existe, lo grande como lo pequeño.

¿Quiénes niegan la existencia de Dios? Aquellos que de una u otra forma se envanecieron en su razonamiento, por lo que su corazón de carne se volvió de piedra; los que se niegan a aceptar la existencia de un Supremo Creador, un Ser Omnipotente (que todo lo puede), Omnisciente (que todo lo sabe) y Omnipresente (que está en todas partes al mismo tiempo), un Ser increado, sin principio y fin.

Para los que niegan a Dios “el mundo es un dato”, como ellos mismos lo son para sí mismos, lo que explica la vacuidad y soledad de sus vidas, y el por qué de su accionar sin Dios ni Ley. Esta es la clase de personas que pese a vivir rodeadas de gente, al final del día se sienten y mueren solas. Muchas historias de célebres personajes confirman esta situación, basta investigar sus biografías.

Para Carlos Marx, el cerebro del hombre era quien creaba a Dios, y no Dios quien creó al hombre. Sin embargo, el rey David escribió siglos antes: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 53:1), en tanto que el hombre más sabio de la historia –el rey Salomón- escribió que “El temor de Dios es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Proverbios 9:10).

Marx dijo también en una oportunidad que la religión era el “opio de los pueblos”, y tal vez en esto tuvo razón, porque el Dios que yo conozco nunca fundó y menos estableció una religión: Dios estableció una relación directa con su creación (en el Edén) y a través de Jesucristo, luego de la reconciliación.

La religión, en realidad, es la forma más ingeniosa por la cual el enemigo de Dios y de la humanidad -Satanás- trata de separar al hombre de su Creador; exactamente  igual que a quienes convenció en no creer en Dios, así lo hace con los que cultivan filosofías y doctrinas humanas bajo aquel espíritu engañador. Y digo “engañador”, porque no solo el diablo sino también sus acólitos creen en Dios y le tienen respeto. El Apóstol Santiago en su Epístola Universal dejó escrito: “Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19).

Lo cierto es que religiones hay muchas –por ejemplo, el catolicismo, hinduismo, budismo, taoísmo y la musulmana- pero desde el momento en que Ud. decide hacer las cosas “a su manera”, de hecho ¡Ud. ya fundó una religión a su medida, considerando a un Dios que Ud. mismo concibe como mejor le conviene!

Tampoco es extraño que hasta hoy se practique el fetichismo, esto es, el culto al sol, a la luna, a la tierra, o a los fenómenos naturales como la lluvia, el relámpago, el trueno, etc., cuando no, a algunos animales a quienes dan su adoración.

En todo caso, más allá de estos extravíos, están las Sagradas Escrituras –esos 66 libros que componen la Biblia, la Palabra revelada de Dios- como fuente de conocimiento de Dios, y por ella sabemos que es imposible llegar a Dios, sin que exista un genuino deseo de hacerlo. Esto se llama fe. Por la fe abrimos nuestros corazones y damos paso a Su manifestación.

La Biblia nos dice que: “…sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6)

Para quienes no saben del gran juicio de Dios, esos que ignoran la existencia de una vida eterna después de la muerte –en gloria o condenación- el  “comamos y bebamos, porque mañana moriremos” es su vana forma de vivir (Isaías 22:13).

Estas personas -que no han obtenido la revelación del Padre por la dureza de su corazón- arguyen que si existiera Dios, todas las religiones debieran coincidir entre sí. De hecho a esto apunta el “ecumenismo”, pero ésta es otra treta del diablo pues “todos los caminos podrán conducir a Roma” sin embargo no todos los caminos conducen a Dios, sino un solo Camino: Jesucristo.

He leído algunas veces también el argumento de que si existiese un Dios amoroso entonces el mal no debería existir. Craso error. El bien y el mal existen, y de hecho coexisten en el mundo material y espiritual.  La mala noticia, por si no la sabe, es que Ud. está en medio de una guerra inmemorial, entre el bien (Dios y sus legiones espirituales de luz) y el mal (los ángeles caídos cuyo principal exponente es el otrora bello ángel Luzbel, destituido por su soberbia de la gloria, de la presencia de Dios, llamado hoy con diferentes nombres como Lucifer, Satanás, Diablo, Dragón o Serpiente Antigua).
En medio de esta guerra, el alma de Ud. está en juego, para vivir por la eternidad en la luz o en la oscuridad.

Pero, resulta paradójico además darse cuenta que los “ateos” (quienes niegan a Dios) en realidad son los primeros en comprobar Su existencia, al no poder probar su inexistencia, además, ¿cómo negar algo que dicen que no existe?

Ya vimos que el necio cree en su corazón que no hay Dios, y sabemos que lo necio es lo opuesto de lo sabio, así como la relatividad lo contrario de lo absoluto. Dios es absoluto, así como también sus leyes son de carácter absoluto y de obligatorio cumplimiento.

Por tanto, cuando el hombre niega a Dios o inventa una “religión a su medida” en realidad lo que quiere hacer es relativizar lo absoluto, quiere tener un dios a su gusto y placer. De tal manera que, quien niega la existencia de su Creador, consciente o inconscientemente termina haciéndose él mismo su propio Dios, lo que al final del día será su perdición.
¿Cómo saber si estamos en conocimiento del verdadero y único Dios? Si Ud. tiene al “amor” como el primer valor de su vida, está cerca de Dios. Pero, si aceptó a Jesucristo como su Señor y Salvador, entonces está en conocimiento de Dios, pues nadie podrá amar verdaderamente sin haber conocido a Dios. Escrito está que “el que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:8).

¿Cuál la consecuencia de dar la espalda a Dios, de rechazar a su Hijo Jesucristo como el camino, la verdad y la vida? Primero, vivir desordenadamente, y segundo, sufrir las consecuencias del infierno luego de la muerte. El Apóstol Pablo revela esta situación (cualquier semejanza con la realidad actual no es una coincidencia, sino una triste consecuencia de la desobediencia):
“Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1: 22-32)

Dios existe, y es real. En el Antiguo Testamento el Padre Celestial se revelaba de esta manera: “…yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 44:), muy parecido a lo que leemos en el Nuevo Testamento, en el último libro de la Biblia, cuando Jesucristo -el Hijo de Dios resucitado- decía de sí: “…no temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén” (Apocalipsis 1:17-18)

No rechace a Dios. Dios le ama. Si lo ha estado ignorando deliberadamente o no durante todo este tiempo, y quiere reconciliarse con Él para obtener su perdón, solo tiene que pronunciar estas palabras:
“Padre Celestial he comprendido que soy creación tuya. En este día decido aceptar a tu Hijo, como mi Señor y Salvador. Señor Jesucristo te agradezco el haber muerto por mis pecados, y te pido perdón por toda mi vida pasada. Entra en mi corazón y enséñame el camino para conocer al único Dios verdadero, y escribe mi nombre en el Libro de la Vida para el día de la redención. Te amo, te necesito y quiero confiar en ti. Gracias Señor Jesús”.

Si realizó esta oración con fe, entonces Dios empezará a manifestarse a Ud. a través de su Espíritu Santo. Mientras tanto, busque un lugar dónde congregarse para recibir la Palabra de Dios y las bendiciones que tiene para su vida.
(Para comunicarse con Trillo Nuevo, escribir a: isaias4115@hotmail.com)

Bolivia, 13 de septiembre de 2010


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