- 2010-09-12
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Mucho se habla sobre la pobreza -y es bueno hacerlo- pues abatirla debería ser una preocupación de todos. Pero, ¿qué es la pobreza? ¿Es en verdad una "condición" fatal o una "situación" circunstancial y, por ende, superable?
La pobreza, habría que decir, no sólo es material, sino que puede ser también mental y espiritual. Alguien dijo además que no hay “peor pobre” que aquel que “lo único que tiene es dinero”. Pero centremos el análisis en la pobreza material y en lo que se debería hacer para superarla.
La pobreza no se combate con discursos; a ello apelan los que sólo buscan culpables sin tener la solución. La pobreza tampoco se supera con asistencialismo, sino dando a la gente la oportunidad de producir, ganar y educarse. Para que haya producción, debe garantizarse plenamente la iniciativa individual. Ahora, sin libertad, nunca habrá iniciativa individual. Y para que haya libertad, una institucionalidad fuerte y el respeto a la ley son indispensables.
Es bueno saber también que toda iniciativa individual busca una ganancia. Ni el productor ni el trabajador son entidades de beneficencia, y ambos persiguen en el mercado un rédito razonable -en el primer caso, vendiendo bienes y servicios- y, en el segundo, su energía psicofísica.
Ahora, un entorno productivo adecuado será imposible, sin un marco normativo apropiado. Para ello se precisa de buenas políticas públicas con un Estado facilitador, nunca competidor de la iniciativa individual y menos un controlador asfixiante. La historia ha demostrado que esto último puede funcionar por un tiempo -un breve tiempo- pero jamás por siempre.
Que “para generar producción y empleo debe haber inversión” ¡es una perogrullada! Así como también, que “no habrá inversión sin mercados asegurados”, los que el Estado debe procurarlos y garantizarlos: si fuera el mercado interno, combatiendo el contrabando y la competencia desleal; en cuanto al externo, negociando su apertura y haciendo respetar nuestros derechos.
¿Conoce usted algún país que haya vencido sus limitaciones sin conectarse al mundo para acoplar su potencial productivo con el mercado internacional? Si Bolivia es un país privilegiado con un fuerte acervo de recursos naturales y humanos pero adolece de graves carencias de capital, tecnología y mercado ¿por qué no integrarse al mundo desarrollado que ofrece esto en demasía?
Es una entelequia pensar que se podría vencer el bajo desarrollo y la pobreza sólo con el mercado interno. Ha llegado la hora de rendirse ante la evidencia: la exportación y los mercados son extremadamente importantes para el desarrollo.
Para terminar: ¿Hay alguna pobreza buena? Sí. La “pobreza de espíritu”. Ésa que acerca al hombre a Dios y que le hace corregir errores en humildad, para empezar de nuevo. Así que ¡a garantizar mercados, invertir, producir y exportar para generar empleos!
* El autor es economista y gerente general del IBCE