- 2010-09-12
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Para quienes somos asiduos lectores del prestigioso periodista Humberto Vacaflor ha sido una desconcertante noticia conocer que fue despedido de La Raz髇, matutino en el que era ex editorialista y columnista desde hace diez a駉s.
Tal decisi髇 -eminentemente pol韙ica- asumida por los nuevos due駉s de ese peri骴ico, lejos de contribuir al fortalecimiento de la libertad de expresi髇 y prensa en el pa韘, la extingue y de paso, vulnera irreparablemente los fundamentos del sistema democr醫ico.
Generalmente los aut骳ratas aborrecen a la prensa que no es sumisa a ellos y aman aquella servil y zalamera que con fines aviesos se ha puesto a su exclusivo servicio. De ah que silenciar toda opini髇 o criterio disonante es una prioridad para sus objetivos.
Humberto Vacaflor es uno de los mejores periodistas del pa韘 y como tal, circunscribi siempre su labor a sacar a flote la verdad cuando esta se halla empantanada en la falsedad. Talvez uno de sus mayores pecados consisti en analizar descarnadamente la impostura y el mal manejo que el actual gobierno ha impreso en casi todos los actos de su desastrosa gesti髇.
La p閟ima pol韙ica de hidrocarburos que decret la ca韉a de nuestras regal韆s petroleras (de 2.445 millones de d髄ares en 2005 a solamente 624 millones en 2009); el relegado tema mar韙imo; la desprotecci髇 del medio ambiente; el creciente auge del narcotr醘ico; nuestras cada vez m醩 obsecuentes y serviles relaciones con el gobierno de Ch醰ez y muchos otros de importancia nacional, nunca escaparon del ojo anal韙ico del periodista. Empero, todos estos obtuvieron una excelente caja de resonancia en un peri骴ico que se ufanaba por su integridad e imparcialidad. Al ser adquirido por el oficialismo, que r醦idamente defini su nueva tendencia, esos valores cayeron en saco roto y los nuevos no combinan con la probidad del articulista, entonces se opta por el atajo del despido.
u f醕il resulta gobernar sin cr韙ica alguna! Sin embargo, gobernar pensando que la cr韙ica m醩 que una evaluaci髇 de nuestros actos es un reproche, resulta un craso error. Pretender que los medios de comunicaci髇 coincidan obligatoriamente con todo lo que el gobierno de turno considera que es correcto, es caer en el despotismo y la irracionalidad. Hitler, Mussolini, Stalin, Chauchesku, Pinochet y Castro, por citar algunos, fueron aut骳ratas que decidieron gobernar sin cr韙icas inc髆odas. No es necesario rememorar la suerte que todos y cada uno de ellos corrieron.
Apoyados en la faltriquera del micomandante no es extra駉 deducir que los gobiernos del ALBA se dediquen a comprar todos los medios de comunicaci髇 adversos a ellos. Hoy en Bolivia es La Raz髇 y ma馻na podr醤 ser muchos otros que caigan en esa misma din醡ica. Los avisos del Loro de Oro ofreciendo carne fresca puesta en gancho en moteles o a domicilio, sustituir醤 ampliamente a los sesudos art韈ulos y an醠isis de brillantes periodistas y as llegar el d韆 en que la prensa ha perdido la raz髇.