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Dante N. Pino Archondo

El reloj está en descuento


2018-12-16 - 20:54:05
Si hay alguna bandera que aún flamea en manos del gobierno, es la económica. No cabe duda que la economía nacional ha vivido tiempos de bonanza y de derroche y de olvido de aquellos días en los que el equilibrio macroeconómico dependía del crédito externo para igualar balanzas. Tanto se han acostumbrado a recibir miles de millones en las arcas fiscales y ha disponer de ellos con cuanta ocurrencia se les pasara por la cabeza que la manía de gastar no para y la despreocupación por tener las fuentes del gas inagotables se ha convertido, para ellos, en una realidad que no cambiará jamás.

Y por eso se explica el poco o ningún miedo que tienen a violar la ley y burlarse de la soberanía popular y andar tan campantes, como si los años no hubieran transcurrido y el tiempo fuera aquel en el que comenzaron a brindar por el derrocamiento del gobierno y a prometerse agendas de gas, de industrialización, de consumo y de ingresos paradisiacos.

No parecen tener idea de la nueva realidad que los envuelve ni que esa canilla libre de la que gozaron y ahora les arroja la mitad de antes y que con ella no se pueden llenar los vasos del brindis en su totalidad porque hay cada vez menos para beber y mayores ganas de hacerlo. La escasez de los recursos y la demanda parece que ahora no cuadran.

Proyecciones realizadas para los próximos dos años, muestran que de no mediar un ajuste urgente en el gasto corriente, redireccionar las inversiones productivas, limitar el endeudamiento y manejar con cuidado la política monetaria que ya ha creado una burbuja de crédito al consumo, lo que tendremos serán déficits fiscal y comercial muy graves, endeudamiento caro y niveles de inflación que provocaran la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos sociales.

Este es el contexto sobre el que la política electoral debía caminar. Aunque es muy sabido que las ofertas electorales no importan porque sirven para ganar elecciones. Hay una enorme distancia entre los ojos del candidato y del presidente. Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a escuchar dislates sin pestañear y a tomar como chiste lo que es bastante serio. Y serio es el panorama que se nos avecina independientemente de lo que oferten las candidaturas en su sueño por llegar o prorrogarse en el poder.

El año 2019 será el tiempo del reloj en descuento, cada minuto que pasé nos irá avisando que tenemos menos ingresos y mayores gastos que atender y que la combinación de estos elementos se llama inflación debido a que el endeudamiento externo tiene un límite que se llama riesgo país. Pero como todos estarán en campaña, muy pocos miraran el reloj y menos aún escucharan los gritos de alerta. Así que llegaremos al voto en las urnas sin democracia, sin propuestas serias y son ningún debate.

Ya estamos en el escenario del espectáculo, haber quien dice la frase que llene las la primeras planas de los medios y escandalice a las redes sociales. El presidente Morales defiende su cato de coca, sus empresas publicas deficitarias y su reelección indefinida como un derecho humano y oposición política se ofende cuando se les acusa de querer eliminar bonos denominados “sociales”.

Lo que están demostrando ambos lados es el sostenimiento del modelo estatalista que define el qué, cómo y para quién se produce. Así que no importa quien gane al final, el comportamiento del modelo económico será el mismo. Otra cosa sería si tuviéramos en el escenario un candidato sin complejos, que diga la verdad y desnude al Estado benefactor que nos tiene 193 años atados a la voluntad del presidente que es “como el padre de todos” y termine con el paternalismo estatal valorando al individuo como el eje poderoso del cual deviene la creación de la riqueza y su distribución, defienda la propiedad privada por encima de cualquier otra, la inversión como la solución a la dependencia y promueva la explotación de nuestras potencialidades para dejar de estar sentados en la silla de oro. Pero no hay todavía ese liderazgo que tanta falta nos hace.

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