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Armando Méndez Morales

Anomia estatal, conflictividad y caos


2012-05-01 - 19:08:48

El ideólogo Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, en una reciente entrevista, declaró: “la conflictividad es la savia que nutre un proceso revolucionario”, expresión que corresponde a todo seguidor del marxismo, pero olvidó recordar la expresión leninista que dice que “no hay revolución sin un baño de sangre”.

Recordemos que para Marx la sociedad civil por principio se desenvuelve en desorden, el mismo que sólo se controla mediante el poder del estado. Unicamente si se llegase a la sociedad comunista desaparecería la conflictividad social porque habría desaparecido la supuesta causa que la origina que es la propiedad privada y con ello la explotación del trabajo del obrero. Hegel, su precursor, también consideraba el individualismo de los hombres como algo negativo para la vida en sociedad, lo que también sería superado por la acción del estado.

Ambos filósofos tienen una gran confianza en el estado, es decir, en la política, para ordenar la sociedad. El primero es el que ha inspirado las fracasadas revoluciones comunistas en la ex URSS y en Cuba; el segundo es el inspirador del fascismo y del nazismo. Ninguno de los dos sospechaba que el verdadero orden para la sociedad civil es la economía de mercado, que precisamente considera al interés individual no como una expresión de desorden social sino como la forma inteligente en que la sociedad resuelve en libertad el problema más importante, que es la producción de bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades y deseos. El conflicto de intereses se diluye pacíficamente en los mercados.

El gobierno del Presidente Morales, que se alimentó de la conflictividad y del desorden social para potenciarse y llegar al gobierno por decisión mayoritaria de los bolivianos, expresado en las urnas, continuó con una acerba conflictividad alimentada desde el mismo gobierno como parte del “proceso de cambio”. Buscó y logró aprobar una ampulosa nueva Constitución Política del Estado por medio de un referéndum, que ante todo se constituye en un documento declarativo de ideales intenciones contradictorias más que en un documento normativo fundamental para la estructuración de un orden social.

En la sociedad boliviana, que permanentemente vive en conflicto, en “revolución permanente”, sorprende que la economía esté yendo bastante bien, confirmando la tesis de que la economía de mercado y el capitalismo se siguen desarrollado en Bolivia, a pesar de la anomia estatal.

El frustrado gasolinazo de fines del año 2010, el complicado TIPNIS, las elecciones judiciales y el reciente conflicto con los trabajadores de la salud han puesto al país en vilo, en una situación donde se proyecta nubarrones muy serios para la vida del reciente naciente Estado Plurinacional. Ausencia del cumplimiento de la ley, ausencia de un verdadero Estado de Derecho y ausencia de justicia, hoy, son los fundamentales problemas de Bolivia. En esta situación es una paradoja que desde el gobierno se quiera resolver el desorden social judicializando las protestas sociales y amenazando con despidos laborales a los trabajadores de la salud en huelga.

Las consecuencias de una fomentada y dañina política en las calles  y la ausencia del Estado de Derecho son: cotidianas marchas sociales de protesta, bloqueos de calles y caminos, huelgas de todo tipo, paros, corrupción en aumento, linchamientos de supuestos delincuentes, peleas entre pobladores de departamentos y municipios vecinos, peleas entre pueblos indígenas, protestas y levantamientos de la mayoritaria población que vive en la economía de mercado informal, contrabando de vehículos y de todo tipo de mercancías, contrabandistas que se toman recintos aduaneros, toma de minas por grupos de indígenas, etc. Este conflictivo panorama social es resultado de lo que el gobierno fomentó. Cada “movimiento social” espera la solución a sus problemas y la llegada del bienestar social no como producto del esfuerzo de su trabajo y de la actividad empresarial de sus allegados, sino como un derecho que debe garantizarle el Estado.

El resurgimiento de duros enfrentamientos de universitarios con la policía en la última semana de abril, que recuerda el pasado, no sólo desnuda una equivocada decisión gubernamental contra los profesionales de la salud, sino el definitivo divorcio de las mayoritarias clases medias con el “proceso de cambio” del MAS. Este hecho ya se observó con los resultados de la elección de magistrados para el Poder Judicial de fines del año 2011, que el Vicepresidente no le dio importancia. El resultado a nivel nacional dio el triunfo a los votos nulos con relación a los votos válidos. En las 10 principales ciudades el triunfo fue rotundo: 53 por ciento votó nulo contra 36 por ciento que voto válido, (11 por ciento en blanco) diferencia que se incrementa al 57 por ciento contra 33, si se extrae la ciudad de El Alto, todavía valuarte del MAS. El resultado es catastrófico para el gobierno que se impuso “revolucionariamente”, contra viento y marea, al llevar adelante esas cuestionadas elecciones, porque desnudó su orfandad política en el seno de las mayoritarias clases medias del país.

La Paz, 1 de mayo de 2012

* Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

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