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Álvaro Riveros Tejada

La madre de todas las canallas


2012-04-24 - 23:05:24

¿No resulta curioso y hasta sospechoso que los bolivianos, cual acémilas de noria estemos girando desde hace un año, en torno a la carretera por el TIPNIS?
 
Hoy, frente al inicio de la novena marcha de los indígenas de tierras bajas en protesta por la realización de dicho proyecto, asistimos atónitos a los mismos acontecimientos que caracterizaron a su antecesora. Salvo está, la pateadura de Chaparina que no tardará en verificarse, en algún lugar de esa ubérrima selva oriental, tal como señala la dinámica de réplica de los hechos. Zanjas excavadas, bloqueos intempestivos y las infaltables arengas de eufóricos sayones pagados que amenazan librar en esos campos de Dios, la madre de todas las batallas.

En casi siete años de gobierno ¿habrá sido tan difícil, sino imposible, centrar su proverbial afán constructor en otros proyectos no menos importantes pero infinitamente más útiles y menos conflictivos, como la conclusión de la carretera La Paz-Oruro o, sin ir muy lejos, la conclusión de la vía que une a La Paz con el Alto Beni, como trazo esencial para la tan añorada entrada a ese departamento hermano?

¿Acaso los conflictos interdepartamentales existentes entre Tarija y Chuquisaca; Potosí y Oruro y la infinidad de aquellos que están paralizando a la nación, no son suficientes para colmar la agenda de una administración seria? ¿Será siempre necesario atender al 100% de nuestra efectividad la apertura de  un territorio que está más que demostrado servirá para extender la frontera cocalera envenenando campos, que otrora eran llamados a servir de pulmones de nuestra patria?

Así como en el peor libro suelen existir grandes enseñanzas, también en los más abyectos personajes, solemos encontrar dichos o hechos plausibles que se quedan en la memoria de los pueblos. Es el caso de la manida frase “La madre de todas las batallas”  acuñada por el ex presidente de Iraq, Saddam Hussein, para espolear a su pueblo antes de emprender un vano enfrentamiento contra fuerzas internacionales que acabaron con él y con su satrapía.

Desde entonces, no hay caudillo autócrata que no incluya en sus manifiestos y alocuciones esta muletilla. Y como si de una maldición se tratara, cada vez que  la pronuncian, parecieran convocar fuerzas maléficas que dan al trasto con todo vestigio de convivencia pacífica entre hermanos.

En estos momentos en que los bolivianos asistimos azorados a la inexorable repetición de una marcha indígena que acarree los mismos actos represivos y repugnantes que nos mostraron ante el mundo como una  horda de salvajes, es menester rebobinar nuestra historia y por un momento, un solo momento, apelar a la cordura y frenar con el diálogo y la misericordia este ecocidio que, de no evitarlo, se convertirá en la madre de todas las canallas.

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