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Álvaro Riveros Tejada

La pega


2011-12-05 - 05:53:33

En los archivos de nuestra economía laboral existe el término “pega”, como sinónimo de una actividad medianamente productiva, pero muy bien remunerada.

Generalmente tienen acceso a esta fascinante ocupación contados seres privilegiados, cuyo mérito se mide en grados de parentesco, elevada influencia política o acceso a las fuentes de poder mediante la irresistible oferta de una hermana de exuberantes formas o un obligatorio diezmo del haber mensual.

La tipología del peguista es por lo general, de una característica común muy arraigada.  Sujeto elegante, dotado de una espina dorsal de goma, que le permite genuflexiones de hasta noventa grados. Posee una excepcional vocación de servicio cuya dedicación linda con la homosexualidad en unos casos y con la excesiva obsecuencia en otros. Extremo que lo lleva a convertirse en enemigo acérrimo de su propio género.

Estas mariposas del trabajo suelen salir de su estado larvario, generalmente en épocas de transición de gobierno.  Tienen la facultad de mimetizar su color con una facilidad tan asombrosa que mataría de envidia a un camaleón.  Con fascinante ubicuidad aparecen de repente en todas partes, siempre con la palabra apropiada de adulación en los labios.  Conocen las ramificaciones familiares de la autoridad de turno, con más propiedad que la sociedad Heráldica Española o el libro de búsqueda familiar de los mormones.

Juran que su inclusión en las listas de la administración pública, más que un acto de conveniencia personal es un acto de desprendimiento patriótico, que si bien económicamente no lo necesitan, se sienten en la obligación de asumirlo, por los supremos intereses de la Patria. A todo este dechado de virtudes el “peguista” suma a sus habilidades aquella de trabajar desplegando el menor esfuerzo posible.

Últimamente han proliferado los “peguistas de columna”, un nuevo  género de esta abigarrada fauna, que se caracterizan por espolvorear incienso al gobierno  desde sus espacios de prensa, con la esperanza de clasificar en uno que otro espacio administrativo, que consideran vacante. Hábiles internacionalistas que han logrado decodificar a través de la sonrisa de un viceministro el triunfo  boliviano sobre los EE.UU, a tiempo de suscribir un convenio que nos recuerda que la coca excedentaria es cocaína; ambientalistas  que juran que la carretera por el TIPNIS es un anhelo nacional, pese a la ley corta; marólogos que juran que la salida es por Chile, pese a la injusta balanza social de 800 presos por 9.

De ahí, querido lector, si fuese usted nombrado en un alto cargo de responsabilidad administrativa y le haya tocado la necesidad de emplear a un “peguista”, no se vaya a extrañar que mañana, al granjearse la enemistad del personaje arriba descrito que por lo general sucede siempre, después de la destitución o la renuncia, que ello se debió al craso error de haberle dado trabajo, en lugar de “PEGA”.

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