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2022-10-05
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Amante de los animales, actriz y cerebro de una banda que estafó a su propia madre por 142 millones de dólares


12/08/2022 - 12:24:41

Infobae.- El dinero es siempre un excelente termómetro para muchas cosas. Puede medir con precisión el esfuerzo, el éxito profesional, la templanza y, también, el amor, la gula y la avaricia. Sabine Coll Boghici (48) podría ser la prueba irrevocable de este supuesto.

Este pasado miércoles 10 de agosto de 2022 la bella heredera con aires de estrella de cine, la hija de Jean Boghici, el célebre marchand de arte de Brasil, fue detenida por la Policía Civil de Río de Janeiro acusada de ser el cerebro de una banda que estafó a su madre Geneviève Boghici, de 82 años. El monto del timo, entre transferencias bancarias, esculturas, cuadros y alhajas, asciende a 142 millones de dólares. Un numerito que pone nuestro termómetro al rojo vivo.

Los ribetes cinematográficos, y por supuesto dramáticos, que rodean este robo resultan increíbles.

Papá, el marchand

Jean Boghici (nacido en Rumania, en 1928) fue un galerista y marchand de arte destacadísimo en Brasil, país al que llegó con 20 años, en 1949, sin dinero ni documentos. Durmió en las playas de Copacabana, trabajó como electricista y, finalmente, desembocó en el mundo del arte donde trabajó incansablemente. Se supo vincular con los poderosos y terminó por construir su propio imperio. En 1961, abrió su primera galería a la que llamó Relevo. En 1979, inauguró otra a la que le puso su nombre. Creció y apostó por los artistas jóvenes. Volvió a ganar y engrosó sus cuentas bancarias. Se casó con Geneviève Rose Marie Coll Boghici y, juntos, tuvieron una hija: Sabine.

Entre cócteles e inauguraciones, clientes millonarios y obras célebres, fue discurriendo la vida.
 


 

Un incendio voraz

Sabine se crió entre algodones. Estudió en los mejores colegios, hizo la secundaria en el renombrado Liceo Moliere, y se codeó con el mundo de los famosos. En su adolescencia enfrentó algunos problemas psicológicos y depresión, pero pareció salir adelante.

En agosto del año 2012 parte de la colección pictórica de su padre quedó destruida en un horroroso incendio ocurrido en el departamento que la familia Boghici compartía en un coqueto barrio de Río de Janeiro. Entre los cuadros que quedaron reducidos a cenizas había dos importantes obras brasileñas: “Samba”, de Di Cavalcanti y “A Floresta”, de Alberto Guignard.

Sin embargo, en una entrevista con GLOBO, la dueña de casa Geneviève, aclaró que lo que más lamentaba de la tragedia era haber perdido dos de sus doce gatos. Sobre todo, a su gata predilecta: Pretinha. Contó, además, que el incendio había comenzado en el cuarto de su hija, más específicamente en el aire acondicionado, y que se había propagado con gran velocidad. Lo extraño era que, en ese momento, el aparato estaba apagado: “No sabemos bien que pasó porque el aire no estaba en funcionamiento. Mi hija salió del baño y vimos mucho humo. El fuego comenzó en su cuarto y fue brutal y rápido. Nuestra preocupación era salvar a nuestros doce gatos. Corrimos para ponerlos en la terraza y en el área de servicio. Infelizmente dos de ellos acabaron muriendo. Perdimos a dos miembros de nuestra familia”.

La heredera, como su madre, también amaba a los animales. En las redes sociales se promocionaba como una embajadora de la causa animal. Y, en su perfil de Instagram, Sabine se define como una “protectora de corazón y vegetariana por los animales”. El termómetro de los afectos y prioridades, a veces, puede venir con fallas de fábrica.

Modelo y actriz, Sabine era hasta la actualidad parte del staff de la agencia The One Agency, como modelo, actriz, cantante e influencer. Caprichos de ex-niña rica que, en la realidad, no se reflejó mucho más allá del imaginario de sus redes.

En 2015 llegó a filmar Amor de Pet - Sabine e Seus Adoráveis Bichinhos Adotados (algo así como: Amor de mascotas: Sabine y sus adorables animalitos adoptados), donde relataba rescates de animales callejeros. Ese mismo año murió Jean, quien ya había cumplido los 87, como consecuencia de una embolia pulmonar.

Comprar el destino

El amor animal no se correspondía intramuros con el amor filial. Las peleas de Sabine con su madre eran frecuentes. Siempre había sido una hija difícil y problemática, pero nadie hubiera podido predecir este último capítulo policial de la familia Boghici. El punto de partida habría sido una disputa que arrancó allá por el año 2020.

Sabine vivía en una región montañosa en las afueras de Río y cuidaba los perros y los gatos que la familia tenía en Itaipava, en Río de Janeiro. Por ello empezó a exigirle a su madre que le diera un departamento en Copacabana, en el centro de la ciudad. La excusa era que quería estar más cerca de los animales. La madre, harta de los manejos de su hija, luego de una pelea, cambió la cerradura del departamento. Tema cerrado. Pero ese límite no haría más que precipitar las cosas.

Geneviève, con 80 años, siempre había sido una creyente de los rituales místicos. Sabine aprovechando esto pergeñó, con otros cómplices, un plan.

Un día saliendo de una sucursal de un banco, en el barrio de Copacabana, una vidente se acercó a conversar con Geneviève. La viuda Boghici cayó en la trampa. La adivina, quien había sido contratada por Sabine, le vaticinó que su hija estaba en peligro.

Geneviève fue una presa fácil. La vidente, Rosa Stanesco Nicolau, empezó a manipularla con los miedos. Le dijo que veía que Sabine estaba muy enferma y que podía morir pronto. Para impedir esa tragedia, Rosa tendría que hacer varios trabajos espirituales que serían sumamente costosos.

Pero ¿qué es el dinero si está en juego la vida de una hija? Geneviève recordaba perfectamente los problemas psicológicos de su hija en el pasado y se angustió. En esas primeras dos semanas, accedió a pagar y transfirió dinero a las cuentas de Rosa y de su hijo, 980 mil dólares, con la esperanza de revertir lo que el destino preparaba.

Pero la pitonisa siguió pidiendo más y más dinero con la ayuda de sus familiares y bajo la batuta de Sabine.

Cautiva de la hija

Sabine extremó los cuidados. Para poder obtener lo que en el futuro sería suyo optó por encerrar a su propia madre en su casa. La pandemia la ayudó a concretar los planes. Se fue deshaciendo del personal doméstico y cortó las relaciones de su madre con sus conocidos.

Mientras tanto, Sabine y sus cómplices comenzaron a llevarse las obras de arte de la casa. Le decía a su madre que las pinturas y esculturas estaban “malditas” y que había que “rezarlas” mucho para que ella no perdiera la vida.

Cuando Geneviève comenzó a sospechar ya era demasiado tarde. Pretendió dejar de autorizar las transferencias, pero empezó a ser agredida y amenazada por Sabine.

El saqueo continuó y Geneviève tenía prohibido usar el teléfono. Además, la anciana descubrió que entre Sabine y Rosa había demasiada confianza. Parecían íntimas. Y lo eran. Sabine empezó a escatimarle la comida a su madre mientras exprimía sus cuentas y sus posesiones logrando que ella pagara una y otra vez. Geneviève intentó oponerse, pero su hija llegó al extremo de apoyar un cuchillo en su cuello para que firmara mientras Rosa, la supuesta vidente, le gritaba “Matá a esa vieja, matala”.

Geneviève ya no tuvo más dudas sobre lo que estaba pasando, pero ¿cómo salir del cautiverio?

El principio del fin

Con 82 años, la anciana estaba aislada del mundo. Cómo pudo dar el paso clave para hacer girar la historia no está del todo claro. Se dice que fue gracias a que un galerista amigo de la ciudad de San Pablo, preocupado por la salud de su vieja amiga, insistió y logró hablar con ella. La trama empezó a revelarse y fue la damnificada quien terminó llamando a la policía en abril de este año. Se presentó con un abogado y denunció a su propia hija y a sus secuaces.

La policía empezó a investigar: entre las 39 transferencias detectadas, las 16 obras faltantes y las alhajas, la estafa alcanzaba la suma de 142 millones de dólares.

Todo se precipitó el 10 de agosto cuando detuvieron a cuatro integrantes de la banda: Sabine, la hija; Rosa, la adivina y pareja de Sabine; su hijo Gabriel Nicolau Traslaviña y una prima de Rosa llamada Jaqueline Stanesco. Otros dos integrantes de la troupe, Diana, hermanastra de Rosa que también se hacía pasar por vidente y su padre, Slavko Vuletic, están todavía prófugos.

Las autoridades revelaron que fue “la propia víctima quien nos buscó en la comisaría, contrató un abogado que la trajo para contar todo. Ella estaba muy asustada por tener que denunciar a su propia hija”.

Para tener en cuenta la dimensión de la que se habla: solo uno de los cuadros recuperados por la policía, ‘O Sono’, de la autora modernista brasileña Tarsila do Amaral, está valuado en casi 58 millones de dólares. Lo encontraron bajo una cama en una de las casas allanadas esta semana.

Vidente, cómplice y amante

Rosa Stanesco Nicolau, la vidente que se hacía llamar “Madre Valéria de Oxossi”, intentó fugarse cuando fueron a detenerla. Quiso escapar por una ventana. No lo logró. El siniestro personaje ya había tenido encontronazos con la ley en los años 2004 y 2016 por estafas y amenazas. Los medios brasileños bromean diciendo que, a pesar de la expertise que la mujer decía tener, sus visiones no pudieron ayudarla a predecir la llegada de la policía a la puerta de su propio local en la calle Maria Quitéria, en el barrio carioca de Ipanema. En esa dirección funcionaba su consultorio espirituoso, el mismo donde habría atendido, según sus palabras, a más de 180 mil personas. Vendía humo de colores. En ese lugar la policía encontró pruebas de sus fechorías: varias obras de arte.

Además, todo quedaba en familia… porque Sabine y Rosa, no solo eran cómplices en los delitos, también eran pareja.

Según la policía brasileña, Sabine habría vendido algunos de los cuadros a galerías de arte que a su vez se las vendieron a otras galerías y a museos a lo ancho del mundo. Seguramente, con el filo del cuchillo al cuello, su madre haya firmado todos los papeles que le pusieron adelante.

El termómetro del amor en esta relación madre hija indica hipotermia. Los detectives ya adelantaron (quizá sea su salvoconducto) que “Sabine tiene serios problemas psicológicos desde la adolescencia, depresión, ansiedad y crisis de pánico”. En qué terminará todo, nadie lo sabe. Por lo pronto hoy fue transferida para estudios al instituto médico legal y de allí irá a la cárcel en Benfica.

Lo que sí queda claro es que la rica heredera no pudo dominar su ansiedad para hacer uso anticipado de su fortuna. Pretendió adelantar la herencia y su madre octogenaria le salió al paso.

El dinero, volviendo al postulado del comienzo, se convirtió en el termómetro que reveló el síntoma de esa enfermedad tan ruin llamada codicia.

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