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2020-05-26
Mundo


Las dictaduras están empeorando el brote del Coronavirus


27/03/2020 - 13:53:43
HRF.- El 27 de febrero, en medio del ahora creciente brote mundial de coronavirus, la activista china por los derechos humanos Yaqiu Wang advirtió sobre una tragedia: “Sin importar qué tan limitados sean los recursos del gobierno, silenciar las críticas siempre va a ser la prioridad número uno del partido comunista”.

Se refería al hecho de que otro periodista, Li Zehua, acababa de ser arrestado en China por informar sobre el coronavirus. Pero su comentario es algo atemporal, una clara muestra de cómo operan los sistemas autoritarios.

Durante el desastre de Chernóbil, el régimen Soviético trató de ocultar los terribles efectos de la fusión nuclear. Aún peor, la serie de eventos que desencadenaron la explosión han sido atribuidos a un error humano — ciudadanos que habían puesto su lealtad al Partido Comunista por encima de su compromiso con el bien público. Entonces, como también ahora, silenciar las críticas es el objetivo número uno de los dictadores en tiempos de crisis.

Como señala un nuevo estudio de “The Economist”, las dictaduras son malas para la salud pública. El informe revisa datos históricos de la base de Datos Internacional para Desastres, que cubre 40 años de impacto de enfermedades que van desde la viruela hasta el zika y el ébola. Las democracias, concluye el análisis, son “mejores que otras formas de gobierno para contener y tratar los brotes… (obteniendo) tasas de mortalidad más bajas por enfermedades epidémicas que sus contrapartes no democráticas”.

Incluso cuando las dictaduras informan cifras aparentemente buenas sobre salud, los datos deben ser tomados con escepticismo. Debido a que los gobernantes autoritarios no permiten que la prensa libre u organizaciones de vigilancia operen libremente, es casi imposible verificar las estadísticas socioeconómicas procedentes de países con gobiernos autoritarios. Entidades como la UNESCO recopilan datos para informes que elaboran Naciones Unidas, el Banco Mundial y otras organizaciones influyentes. En el caso de una dictadura como Cuba, el régimen entrega los números de salud directamente a los recolectores de datos y no es posible una doble verificación independiente. Esto explica por qué, a pesar de la amplia cobertura mediática de las “excelentes” estadísticas de atención médica en Cuba, el país experimentó un brote de cólera hace pocos años.

A primera vista, las dictaduras altamente centralizadas pueden parecer mejor equipadas para movilizarse rápidamente durante una epidemia ya que simplemente no respetan los derechos o deseos de los ciudadanos en sus países. Uno podría ver la enorme cantidad de nuevas construcciones y expropiaciones del Partido Comunista Chino en su carrera por construir más hospitales, más camas y más medios de diagnóstico como algo positivo. Pero debido al clima de miedo que crean para sobrevivir, las tiranías terminan cuestionando la innovación y la cooperación y, en última instancia, consideran incluso las críticas bien intencionadas como un crimen contra el Estado.

En China, el Dr. Li Wenliang advirtió a sus colegas en Wuhan sobre los potenciales peligros masivos del coronavirus a finales de diciembre. En lugar de escucharlo, las autoridades lo acusaron de “perturbar severamente el orden social”. Eventualmente, fue infectado y murió a causa del virus. Se convirtió en un héroe nacional y símbolo para los internautas chinos para expresar sin temor su disidencia en línea.

Ha quedado claro que hay muchos médicos y profesionales médicos como el Dr. Li que intentaron decir la verdad. Según un artículo de Caixin, ahora censurado, un hospital de Wuhan había enviado una muestra del virus a las autoridades el 24 de diciembre. La muestra fue analizada tres días después, pero el primero de enero, un funcionario ordenó su destrucción e inició un encubrimiento. Una semana después, un equipo de médicos visitó Wuhan pero no se les permitió ver ninguna de estas pruebas, impidiéndoles diagnosticar adecuadamente la situación.

En los dos últimos meses, los médicos, periodistas y ciudadanos chinos que informan la verdad han sido perseguidos y silenciados o han desaparecido. Las medidas adecuadas de salud pública que podrían haberse tomado no se dieron por temor a desagradar al partido comunista. Hoy los funcionarios informan alrededor de 2,900 muertes. Pero en una realidad en la que familias enteras están muriendo y donde las cárceles están reportando brotes, este número parece una subestimación producto de la paranoia de un régimen autoritario.

Otro foco importante del coronavirus está en Irán, donde la dictadura también ha actuado rápidamente para silenciar la discusión y los informes sobre la enfermedad. Al principio, los gobernantes del país negaron que el coronavirus fuera una amenaza. Pero ahora, a medida que los principales miembros del gobierno y la estructura religiosa han comenzado a contraer la enfermedad e incluso morir debido a ésta, el régimen está tomando medidas públicas importantes y cancelando las oraciones de los viernes, los eventos deportivos e incluso las escuelas durante varias semanas.

En una tragicomedia de la vida real, un alto funcionario de salud iraní pronunció un discurso televisado para decir que el gobierno tenía el control de la situación, todo mientras parecía estar enfermo. Más tarde se reveló que había sido infectado con coronavirus. Poco a poco, se han filtrado videos de ciudadanos que revelan brotes y cifras de muertes no reportados en hospitales. El 1 de marzo, el Ministerio de Salud del régimen indicó que 54 personas han muerto por el virus. Mientras tanto, fuentes independientes le han dicho a la BBC que al menos 210 personas han muerto. El régimen ha acusado a la BBC de difundir noticias falsas y los expertos dicen que más de 2,000 personas podrían estar infectadas sólo en la ciudad de Qom. Pero las autoridades religiosas, que no quieren parecer débiles, siguen instando a las personas a visitar la ciudad santa para la superación espiritual, y no han cerrado el área.

Al igual que en China, está claro que las autoridades iraníes todavía se están centrando en aplastar la disidencia, incluso cuando una crisis de salud pública se está descontrolando. Esta semana, el régimen emitió sentencias de muerte para tres personas que fueron detenidas durante las protestas en favor de la democracia a fines del año pasado. Y el domingo, anunciaron que un equipo de 300,000 personas iría de casa en casa en todo el país para eliminar la enfermedad. Parece muy probable que esta iniciativa se convertirá en un esfuerzo por silenciar las críticas.

Nuestras mayores preocupaciones deben reservarse para los escenarios más duros. Después de que surgieron informes de brotes en las cárceles chinas, muchos comenzaron a preocuparse por las condiciones en los campos de prisioneros en Xinjiang, donde se estima que más de 1 millón de Uigures, una etnia musulmana, están encarcelados. Una posible aun peor situación es la del Corea del Norte, donde cientos de miles están en campos de trabajo forzado (gulags).

A principios de este mes, The Daily NK, un periódico que obtiene información del interior de Corea del Norte, informó que hubo una serie de muertes por una enfermedad similar a la gripe en ciudades fronterizas con China. También informó que el ejército norcoreano estaba metiendo barbijos de contrabando y que el sistema de abastecimiento del régimen se estaba paralizando.

En el Medio Oriente, a medida que el choque entre Turquía y Siria se convierte en una guerra, los refugiados sirios tienen poco o ningún apoyo médico en el nefasto pero muy posible caso de que el virus se propague. En Venezuela, el presidente Maduro acusó a Estados Unidos de crear el coronavirus como arma contra China y amenazó a los periodistas que informan sobre la enfermedad. Esta censura es aterradora dada la crisis de millones de refugiados en las fronteras del país.

El economista indio Amartya Sen, ganador del premio Nobel, escribió que ninguna hambruna había ocurrido en una democracia. Las sociedades abiertas permiten un flujo libre de información, investigaciones independiente y periodismo de investigación. Estas fuerzas son igualmente efectivas para advertir y difundir sobre la falta de alimentos de emergencia, al igual que alertan sobre brotes.

Una de las lecciones del coronavirus debería ser que los sistemas autoritarios son una amenaza cada vez más significativa para nuestro mundo. Como dijo recientemente la analista iraní y abogada de derechos humanos Gissou Nia, “la próxima vez que alguien trate de minimizar los abusos de una dictadura o diga ‘no es asunto nuestro’, por favor señale el manejo de Covid-19. Todos estamos interconectados y la forma en que los estados manejan sus asuntos ‘internos’ nos afecta a todos”. El lema de Martin Luther King Jr. de que “la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes” nunca había sido tan cierto.

Una forma en que las dictaduras pueden tratar de hacerle frente a las epidemias en el futuro es aumentar su ya considerable vigilancia tecnológica de los ciudadanos. Incluso ahora, el gobierno chino está recopilando enormes cantidades de información sobre su población, todo en nombre de la salud pública. El régimen está utilizando su vasta red de cientos de millones de cámaras, transmisiones de información desde teléfonos de los ciudadanos y softwares de reconocimiento facial para tratar de mapear eventos en tiempo real.

Por ejemplo, se les está pidiendo a los ciudadanos que pongan sus números de identificación en nuevas aplicaciones que pueden rastrear su ubicación. La empresa de inteligencia artificial Sensetime está comercializando al gobierno softwares biométricos y de videos que aparentemente pueden identificar a personas con temperaturas altas o que no lleven máscaras. Según un informe de Bloomberg, el gobierno y las principales corporaciones de telecomunicaciones están trabajando juntas para señalar a cualquier persona que haya estado en la provincia de Hubei y detectar a las personas que compran medicamentos relacionados con el coronavirus en el punto de compra. Las empresas están facilitando cientos de solicitudes al régimen de la ubicación de usuarios. Telecom en China incluso ha creado una puntuación basada en colores para identificar a los ciudadanos en función de su riesgo, mientras que WeChat en algunos casos ha permitido a los usuarios ver si están cerca de algún caso confirmado.

Se podría permitir el uso de los datos sociales en tiempos de crisis. Pero hay que preguntarse: ¿abandonaran los regímenes estas nuevas herramientas una vez que el virus desaparezca? Viendo el crecimiento de la seguridad china después de los Juegos Olímpicos de 2008, la respuesta parece ser no. Incluso en las democracias, dado el legado permanente de la Ley Patriota de mayor vigilancia y restricciones a las libertades civiles y la privacidad, los ciudadanos deben desconfiar de los nuevos protocolos de salud pública que se basan en la recopilación masiva de información.

Li Zehua, el periodista que ha desaparecido en Wuhan después de haber informado sobre la propagación de la enfermedad, hizo una última grabación antes de transmitir en vivo su arresto. Era una nota para los funcionarios del régimen que él sabía que llegarían en cualquier momento para llevárselo. En la nota, él explica por qué había decidido dejar su trabajo en la televisión estatal para informar sobre la verdad:

“Realmente los entiendo a ustedes que están detrás de la puerta. Entiendo la misión que se les ha encomendado. Pero también simpatizo con ustedes, porque cuando apoyan sin condiciones ni razón semejante orden tan cruel, llegará el día en que la misma cruel orden caiga sobre sus cabezas. Ok, eso es todo. Estoy listo para abrir la puerta”.

En sociedades cerradas, los regímenes atacan y castigan a los ciudadanos más valientes, en lugar de permitirles liderar y ayudar con las crisis de salud pública. Estas personas creativas e innovadoras son los glóbulos blancos de nuestro sistema inmunológico global. Identifican riesgos, comparten información sobre amenazas y nos mantienen fuertes y saludables. Sin ellos, debemos temer lo peor.

La versión original en inglés de este artículo, escrito por Alex Gladstein, Chief Strategy Officer de HRF, fue publicado en la revista Wired a principios del mes de marzo.

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