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Jóvenes en Colombia: El movimiento estudiantil y juvenil abrió las puertas al movimiento social




07/05/2021 - 08:20:10

VOA.- “A parar para avanzar, viva el paro nacional” gritan una y otra vez, en su mayoría, los jóvenes que protestan de manera pacífica por las calles colombianas. Una escena que se ha repetido durante los últimos días en el país suramericano que, sin descanso, completa hoy diez días manifestándose en contra de las políticas del Gobierno del presidente Duque.

Son ellos quienes, generalmente, lideran las filas la marcha, gritan sin parar, alientan a otros a participar.

Para este grupo poblacional, los reclamos son múltiples.

Jennifer Pedraza es representante estudiantil de la Universidad Nacional de Colombia y miembro del Comité del Paro Nacional, el cual ha convocado a la ciudadanía para mantener e incrementar las movilizaciones.

En entrevista con Voz de América dijo que se sienten “ignorados”, más no “invisibilizados”, pues se “han hecho sentir”.

“Creo que la población colombiana sabe que el mundo entero está hablando de nosotros y la juventud sabe que hemos sido un actor fundamental en este contexto”, agrega.

Colombia viene además de varios procesos de movilización, desde el 21 de noviembre de 2019, incluso, desde 2018, cuando los estudiantes se volcaron a las calles para manifestarse debido a la crisis de financiación de la educación pública logrando que el gobierno destinara una suma importante para la educación.

Una encuesta del Centro Nacional de Consultoría en Colombia encontró que el 65% de la población más salió a marchar o quiso hacerlo, en 2019, fueron ciudadanos entre los 18 y 25 años.

“Esta gran oleada de movilización social que se ha desatado contra el Gobierno nacional tiene un antecedente y es el movimiento estudiantil, el movimiento juvenil, el que abrió las puertas al movimiento social, el primero que salió a la calles, el primero que ganó y el que probó que luchar funciona”, dice la joven.

Las necesidades

Brandon acudió a una de las tantas manifestaciones que se han desarrollado en Bogotá y le contó a la VOA que tiene reparos frente a “la falta de inversión en educación que hay en el país, son años de endeudamiento. Yo vengo de una de las zonas más afectadas por educación y pobreza, que es Ciudad Bolívar, desde pequeño he visto el abandono del Estado, lo he vivido, lo he sufrido”.

Es más, dijo que para acceder a la educación superior “fue toda una odisea".

"Hoy alzo mi voz contra eso porque ya creo que el pueblo está harto de este abandono”, afirmó. Es más, dijo que no le teme al COVID-19, argumentando que es una preocupación “mínima”: "[Sería] más peligroso quedarse en la casa callados, sin alzar la voz, como lo hicieron las generaciones pasadas”.

Para Emily, en Colombia “se están violentando los derechos de las personas de una manera muy arbitraria e injustificada”.

David Espejo, manifestante colombiano, dijo que el gobierno de su país "ha ignorado a las masas y ha dejado de lado a los más necesitados", razón por la cual sale a protestar. “Estamos marchando para pedir mejores condiciones para los trabajadores, para los estudiantes, ya que pensamos que con la educación podemos por un país de calidad”.

Así como Emily, Brandon y David hablan de sus necesidades, Jennifer dice que los reclamos de la juventud son muy diversos y que, como representante de un movimiento estudiantil y juvenil, siente que hay una “indignación frente al trato militar, la represión excesiva y el uso excesivo de la fuerza pública sobre las manifestaciones que se desarrollaron para tumbar la reforma tributaria”.

“Francamente, es una situación de terror y yo he dicho que marchar en Colombia se ha vuelto una actividad de alto riesgo con este Gobierno”, agrega.

Además de las razones que el comité ha puesto sobre la mesa, dice que la juventud siente que, a pesar de tener el presidente más joven en la historia de Colombia, “es un  presidente que gobierna con las mismas ideas que hace 25 años rigen en nuestro país y que nos han dejado a nuestra generación sin garantía de nada, sin garantía de pensión, sin garantía de un empleo estable, sin garantía de educación, nada. Este malestar se siente en las calles frente a un gobierno que insiste en este mismo modelo que nos ha llevado a tener 21 millones de pobres en Colombia”.

A esto se le suma, dice la joven, el desempleo juvenil como consecuencia de decisiones tanto del sector privado como el sector público. “El Gobierno nacional ni siquiera aprobó a tiempo un programa estúpido a la nomina que digamos que es como lo básico que hicieron todos los gobiernos del mundo”, explicó a la VOA, y añade que, por eso, muchas empresas tuvieron que cerrar en su país, lo que los ha llevado a entablar el pliego de peticiones para reactivar la economía.

"[Los jóvenes colombianos] tienen una bandera muy propia que quieren reivindicar y hacer distinción: la bandera de la educación, el empleo digno, una serie de cosas, pero también llevan una cantidad de banderas asociadas al a la discriminación, la desigualdad, a la desintegración, a la implementación del acuerdo de paz, a una serie de aspectos que les preocupa, que les angustia realmente y que quieren que cambie”, dijo Marta Lucía Gutiérrez, directora del Observatorio Javeriano de Juventud.

"[Los jóvenes] son como un zoom de la realidad del país. Los jóvenes son los que con mayor agudeza y con mayor fuerza, critican y observan la realidad del país”, agregó.

Según el Departamento Nacional de Estadísticas DANE, en 2020, habían 10’990.268 entre los 14 a 26 años, lo que representa el 21,8% de la población total.

Para Gutiérrez, en el país hay jóvenes “en condiciones de enorme vulnerabilidad y riesgo social”, pero así mismo “jóvenes vinculados al sistema educativo, tenemos jóvenes en mejores posiciones sociales”.

“Los jóvenes se ven a sí mismos como un colectivo que se preocupa por la realidad del país. Le preocupa la corrupción, le preocupa la violencia, le preocupa la educación”, indicó la investigación ‘Juventudes colombianas: Preocupaciones, intereses y creencias’, realizado por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, perteneciente a la Fundación SM, y el Observatorio Javeriano de la Juventud.

Según este trabajo, más del 59 por ciento de los jóvenes tiene que romper su vínculo educativo porque tienen que salir a trabajar, ya sea para sostenerse ellos o ayudar a sostener a sus familias.

Los hallazgos también indican que la confianza en las instituciones públicas del Estado no supera el 20% entre los jóvenes y el 75% de los encuestados creen que la frase: “Los políticos tienen en cuenta las ideas de los y las jóvenes”, no es cierta.

No obstante, agrega “los jóvenes están clamando por la recuperación de lo público, como ese escenario de debate, discusión y de acuerdo”, dice la analista.

Fabián Acosta Sánchez, filósofo y profesor asociado del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director del Observatorio de la Juventud de la misma institución OBJUN, expone que paradójicamente los jóvenes dicen no tener interés por la política, pero "ellos, a su a su manera, se asocian y son conscientes de que los grandes problemas del país son los problemas de la paz, los problemas de la educación, los problemas de la violencia. Ellos son conscientes de eso”.

El profesor también explica que el país tiene una cobertura de casi el 50 por ciento de la educación media y secundaria, pero que, en la realidad. “Es difícil aseverar que se acerca a ese porcentaje y es muy difícil que los jóvenes colombianos ingresen a la universidad”.

Como en otros países también lo han vivido, agrega, en las últimas décadas, viven un proceso de precarización, tanto de la educación como del trabajo.

Entonces, “tenemos jóvenes a los que les hemos prometido el ideal de una educación completa en todos sus ciclos hasta la educación terciaria, es decir, la universitaria, pero que a la hora de tener la posibilidad de la movilidad social, que es un poco la promesa, pues no la tienen porque no hay trabajo”, dice el profesor.

Para él, la juventud colombiana es “una bomba social terrible”.

“Se parece mucho a la experiencia juvenil en otros países. Bueno, en Brasil, Chile, Argentina, en México en los jóvenes sometidos a la precariedad del trabajo y obligados al estudio, pero sin oportunidad reales de encadenar los dos asuntos para que su vida sea más, más próspera”.

Efectos de la pandemia

A estas circunstancias se suman los efectos de la pandemia que provocó que la juventud quedara “con la vida suspendida”, dice Gutiérrez.

Según una encuesta elaborado el OBJUN, durante el primer semestre del 2020, en el laboratorio de movimientos estudiantiles y juveniles actuales, esta población se siente afectada con problemas que ya tenían en sus hogares, con sus obligaciones, pero además sin posibilidad de interactuar y presionados por responder con diferentes tareas.

“Esa interdicción social tan poderosa que pesa sobre ellos, que están obligados a terminar su carrera, que están obligados desde su vida propia, pero cero oportunidades, en casi  todas las situaciones, pues eso ha hecho que los jóvenes se movilicen muy rápidamente”, dice el experto en temas juveniles.

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